Foto: Santa Misa en la Gruta de N.S. Fátima en Colombia

Hoy en algunos paises celebramos la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, recordemos las palabras de la Madre Teresa de Calcuta sobre el sacerdote, y oremos por todos los sacerdotes del mundo entero:

Nuestra Señora es la Madre. Ella fue, Ella es, y Ella siempre será la Madre de Jesús. Como dijo Jesús: ¿quién es mi madre? Mi madre es la persona que hace Mi voluntad, que hace todo lo que le agrada al Padre; y nadie puede agradar al Padre más que el sacerdote. Por eso, Ella es la que está más cerca del sacerdote. Ella permaneció siempre como la esclava del Señor, para que vosotros y yo podamos siempre volvernos hacia Ella como Madre nuestra.
Ella es de nuestro linaje, por eso siempre podemos recurrir a Ella, volver nuestra mirada hacia Ella. Esta fue la razón por la que Ella se quedó más tiempo en la tierra, para fortalecer el sacerdocio de los Apóstoles, para ser una Madre para ellos, hasta que la Iglesia naciente fuera formada. Estaba allí, pues, así como ayudó a crecer a Jesús también ayudó y ayuda a la Iglesia. Ella, de igual modo, es la que forma a cada sacerdote, y por tanto nadie puede reclamar más a Nuestra Señora, como algo suyo, que el sacerdote, y me imagino que Ella debe tener un amor muy tierno y debe otorgar una protección especial para cada sacerdote. Basta que se vuelva hacia Ella. Pero para poder ser un verdadero sacerdote según el Corazón de Jesús, necesitamos mucha oración y penitencia. El sacerdote necesita unir su propio sacrificio al sacrificio de Cristo

Santa Teresa de Calcuta

Foto:  Jóvenes Laicas Peregrinas en Argentina

“Debemos desconfiar de nuestra propia fuerza y confiar infinitamente en Dios. ¡No nos desanimemos nunca y no dudemos jamás de la victoria!” 

San Francisco Javier

El amor tiene necesariamente sus características manifestaciones. Algunas veces se habla del amor como si fuera un impulso hacia la propia satisfacción, o un mero recurso para completar egoístamente la propia personalidad. Y no es así: amor verdadero es salir de si mismo, entregarse. El amor trae consigo la alegría, pero es una alegría que tiene sus raices en forma de cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos llegado a la plenitud de la vida futura, no puede haber amor verdadero sin experiencia del sacrificio, del dolor. Un dolor que se paladea, que es amable, que es fuente de íntimo gozo, pero dolor real, porque supone vencer el propio egoísmo, y tomar el Amor como regla de todas y de cada una de nuestras acciones.

San Josemaría Escrivá de Balaguer

El amor comienza en casa, y no es lo mucho que hacemos… es cuánto amor ponemos en cada acción.

Santa Teresa de Calcuta

«En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si Ella te ampara».

San Bernardo

Tu único alimento: «La voluntad del Padre»; con ella debes vivir y crecer, tus
acciones deben brotar de la voluntad de Dios. Ella es como un alimento que te hace vivir más fuerte y más feliz; si vives lejos de la voluntad de Dios, morirás.

Siervo de Dios Van thuan

“Mantengámonos firmes en la lucha en el día del Señor, ya que han venido sobre nosotros días de angustias y aflicción. Muramos, si así lo quiere Dios, por las santas leyes de nuestros padres, para que merezcamos como ellos conseguir la herencia eterna.” 

San Bonifacio

«Escuchad, amadísimos granos de Cristo; escuchad, amadísimas espigas de Cristo; escucha, amadísimo trigo de Cristo; miraos a vosotros mismos, retornad a vuestras conciencias, interrogad a vuestra fe, preguntad a Vuestra Caridad, despertad vuestra conciencia; y si reconocéis que sois granos, venga a vuestra mente: Quien persevere hasta el fin, ese se salvará. Pero quien, al escudriñar su conciencia, encuentre ser cizaña, no tema cambiar. Todavía no hay orden de cortar, aún no es el momento de la siega; no seas hoy lo que eras ayer, o no seas mañana lo que eres hoy. ¿De qué te sirve decir que alguna vez cambiarás? Dios te ha prometido el perdón una vez que hayas cambiado; no te ha prometido el día de mañana. Tal como seas al salir del cuerpo, así llegarás a la siega. Muere alguien —no sé quién— que era cizaña; ¿acaso tiene entonces la posibilidad de convertirse en trigo? Es aquí, en el campo, donde el trigo puede convertirse en cizaña y la cizaña en trigo; aquí es posible; pero entonces, es decir, después de esta vida, será el momento de recoger lo que se obró, no de hacer lo que no se obró».

San Agustín

Foto: Cristo sonriente de S. Fco. Javier

En el amor a la Cruz de Cristo he encontrado la verdadera felicidad.

San Rafael Arnáiz Barón

Foto: Laicos Peregrinos en Fátima

Sólo el momento presente es importante. No sigas recordando lo que tu prójimo te hizo ayer, para criticarlo. No sigas recordando lo que te sucedió hoy para lamentarlo; ya forma parte del pasado. No seas pesimista ante el mañana; todavía forma parte del futuro. Confía el pasado a la misericordia de Dios, confía el futuro a su providencia y confía todo a su amor.

Siervo de Dios Cardenal Van Thuan

Foto: Jóvenes Laicas Peregrinas

«Amándoos mutuamente con la caridad de Cristo, mostrad exteriormente por las obras el amor que tenéis interiormente, para que, estimulados por este ejemplo, las hermanos crezcan siempre en el amor de Dios y en la mutua caridad» 

Santa Clara de Asís

Foto: Santa Misa de los Peregrinos de la Eucaristía en el Santuario de la Virgen de Araceli, Corella – Españas

«¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti» 

San Agustín

Foto: Sagrado Corazón de José de Paez

“Señor, toma este corazón de piedra, y dame un corazón de hombre: un corazón que te ame, un corazón que se alegre en ti, que te imite y que te complazca.”

san Ambrosio

Foto: Laicos Peregrinos en Argentina

La verdadera perfección consiste en hacer siempre la santísima Voluntad de Dios. 

Santa Catalina de Siena

Foto:  San José de Murillo

Amadísimos trabajadores, la figura de José de Nazaret, cuya estatura espiritual y moral era tan elevada como humilde y discreta, ilumina nuestro encuentro. En él se realiza la promesa del Salmo: “¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. (…) Así será bendito el hombre que teme al Señor” (Sal 127, 1-2). El Custodio del Redentor enseñó a Jesús el oficio de carpintero, pero, sobre todo, le dio el ejemplo valiosísimo de lo que la Escritura llama “el temor de Dios”, principio mismo de la sabiduría, que consiste en la religiosa sumisión a él y en el deseo íntimo de buscar y cumplir siempre su voluntad. Queridos hermanos, esta es la verdadera fuente de bendición para cada hombre, para cada familia y para cada nación. A san José, trabajador y hombre justo, y a su santísima esposa María, les encomiendo a todos vosotros y a vuestras familias. “Bendice, Señor, las obras de nuestras manos”. Bendice, Señor de los siglos y los milenios, el trabajo diario con el que el hombre y la mujer se procuran el pan para sí y para sus seres queridos. En tus manos paternas depositamos también el cansancio y los sacrificios vinculados al trabajo, en unión con tu Hijo Jesucristo, que ha rescatado el trabajo humano del yugo del pecado y le ha devuelto su dignidad originaria. Honor y gloria a ti, hoy y siempre. Amén.

San Juan Pablo II

Foto:  Sacerdotes Peregrinos en Fátima

«En vez de crear distancia entre nosotros y ella, el estado glorioso de María suscita una cercanía continua y solícita. Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia, y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida. Elevada a la gloria celestial, María se dedica totalmente a la obra de la salvación, para comunicar a todo hombre la felicidad que le fue concedida. Es una Reina que da todo lo que posee, compartiendo, sobre todo, la vida y el amor de Cristo»

San Juan Pablo II

Foto: Votos Perpetuos de las hermanas Peregrinas

¡Madre mía querida y muy querida!
Ahora que ves en tus brazos a ese bello Niño
no te olvides de este siervo tuyo,
aunque sea por compasión mírame;
ya sé que te cuesta apartar los ojos de Jesús
para ponerlos en mis miserias,
pero, madre, si tú no me miras,
¿cómo se disiparán mis penas?
Si tú no te vuelves hacia mi rincón,
¿quien se acordará de mí?
Si tú no me miras,
Jesús que tiene sus ojitos clavados en los tuyos, no me mirará.
Si tú me miras, El seguirá tu mirada y me verá
y entonces con que le digas
“¡Pobrecito! necesita nuestra ayuda”;
Jesús me atraerá a sí y me bendecirá
y lo amaré y me dará fuerza y alegría,
confianza y desprendimiento.
Me llenará de su amor y de tu amor
y trabajaré mucho por El y por Ti,
haré que todos te amen
y amándote se salvarán.
¡Madre! ¡Y solo con que me mires!

San Alberto Hurtado

Foto: Procesión con la Virgen en Colombia

“El Eterno se enamoró de vuestra incomparable hermosura, con tanta fuerza, que se hizo como desprenderse del seno del Padre y escoger esas virginales entrañas para hacerse Hijo vuestro. ¿Y yo, gusanillo de la tierra, no he de amaros? Sí, dulcísima Madre mía, quiero arder en vuestro amor y propongo exhortar a otros a que os amen también”. 

San Alfonso María de Ligorio

Foto: Gruta de Nuestra Señora de Fátima en Colombia

«Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás».

San Bernardo

Foto: Iglesia de Nuestra Madre de la Eucaristía en Colombia

«Jesucristo, luego de habernos dado todo aquello que podía darnos, nos hizo incluso herederos de los más precioso que tenía, es decir a su Santa Madre». 

Santo Cura de Ars

Foto: Iglesia de Nuestra Madre de la Eucaristía en Colombia

«Y, si alguna vez no sabes cómo hablarle, ni qué decir, o no te atreves a buscar a Jesús dentro de ti, acude a María, tota pulchra -toda pura, maravillosa-, para confiarle: Señora, Madre nuestra, el Señor ha querido que fueras Tú, con tus manos, quien cuidara a Dios: ¡enséñame -enséñanos a todos- a tratar a tu Hijo!». 

San José María Escrivá

Foto: Jóvenes en el Campamento Peregrino en Fátima

«Yo no os pido ahora dinero para niños pobres, ni auxilio para los enfermos, ni trabajo para los cesantes, ni consuelo para los afligidos; yo os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado; un poco de calor para esos Sagrarios tan abandonados; yo os pido por el amor de María Inmaculada, Madre de ese Hijo tan despreciado, y por el amor a ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de los Sagrarios abandonados». 

San Manuel González

Foto: Hermanas en la Gruta de Nuestra Señora de Fátima en el Centro de Espiritualidad en Colombia.

«María, eres la Madre del Universo. ¿Quién no se anima al verte tan tierna, tan compasiva, a descubrir sus íntimos tormentos? Si es pecador, tus caricias lo enternecen. Si es tu fiel devoto, tu presencia solamente enciende la llama viva del amor divino». 

Santa Teresa de los Andes

Foto: Gruta de Nuestra Señora de Fátima en el Centro de Espiritualidad en Colombia.

«Para mí, María es como un evangelio viviente, “de bolsillo”, de amplia difusión, más accesible que la vida de los santos. Para mí, María es mi Madre, que me dio Jesús. La primera reacción de un niño que siente miedo, que está en dificultades o sufre, es la de clamar: “mamá, mamá”, esta palabra es todo para el niño». 

Mons. Van Thuan

Foto: Nuestra Madre de la Eucaristía junto al Santísimo

Virgen Madre, Madre de Dios y Madre nuestra, Señora del Amor y Gloria de los corazones que se consagran a Dios, permítenos hoy sumergirnos en tu Inmaculado Corazón Eucarístico, para que, a semejanza tuya, seamos alimento de vida, siendo verdaderos servidores de Dios y de los hombres, realizándose así en nuestras vidas ese maravilloso designio de amor eterno que nuestro buen Padre del Cielo ha querido comunicarnos en su Divino Cordero. Dulce Mamá, a ti consagramos nuestro corazón para que seamos una llama de amor que ilumina los afectos de un mundo ansioso de ser amado y necesitado de verdadero amor, somos para ti y para Iglesia hijos de la gracia, no dejes de salvarnos por la llama de amor de tu Inmaculado Corazón ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

Peregrinos de la Eucaristía

Foto: La Visitación. Cuadro de Louis Jean François Lagrenée

«Apenas llegó a la casa de Zacarías, saludó a Isabel. Y como reflexiona san Ambrosio, María fue la primera en saludar a Isabel. Pero no fue la visita de la Virgen como la de los mundanos que se limitan a ceremonias y falsos cumplidos. La visita de María trajo a aquella casa un cúmulo de bendiciones. En cuanto entró e Isabel oyó el primer saludo, quedó inundada del Espíritu Santo y Juan, libre de la culpa y santificado; que por eso dio aquella señal de júbilo saltando en el vientre de su madre, expresando así que había recibido la gracia por medio de la Santísima Virgen, como se lo declaró la misma Isabel: “En cuanto la voz de tu saludo llegó a mis oídos, saltó de gozo el niño en mi seno”. Así es que, como reflexiona Bernardino de Bustos, gracias al saludo de María, Juan recibió la gracia del Espíritu Santo que lo santificó.»

San Alfonso Mª de Ligorio

Foto: Gruta de N.S. de Fátima en el Centro de Espiritualidad en Colombia

«Nótese que cuando el Evangelio habla del retorno, no habla de apresuramiento sino que dice sencillamente: María permaneció con ella tres meses y se volvió a su casa (Lc 1, 56). ¿Qué otra cosa obligaba a la Madre de Dios, dice san Buenaventura, a darse prisa por ir a visitar la casa del Bautista sino el deseo de hacer todos los bienes posibles a aquella familia? No ha terminado en María al subir al cielo esta caridad para con todos los hombres, por el contrario, más bien se ha incrementado, porque allí conoce con más perfección nuestras necesidades y se compadece de nuestras miserias. Por eso, dice san Buenaventura, se siente ofendida de los que no le piden gracias: Pecan contra ti no sólo los que te injurian, sino también los que nada te piden. Porque este es el modo de ser de María, enriquecer con abundancia a sus devotos».

San Alfonso Mª de Ligorio

Foto: Jóvenes en el campamento Peregrino en Fátima

«Si todos estos primeros frutos de la Redención pasaron por María, siendo el canal por el que se comunicó la gracia al Bautista y el Espíritu Santo a Isabel, el don de profetizar a Zacarías y santísimas bendiciones a toda aquella casa, que fueron las primeras gracias que sabemos fueron otorgadas en la tierra después de la encarnación del Verbo, es muy justo creer que desde ese instante Dios constituyó a María en acueducto universal, como la llama san Bernardo, por el cual pasaran en adelante todas las gracias que el Señor nos ha de dispensar»

San Alfonso Mª de Ligorio

Foto: Padre Francesco Mª en la Gruta de N.S. de Fátima en Colombia

«María es como el arcoiris, señal de reconciliación entre Dios y los hombres. Es como un capullo de rosa que abre sus pétalos en pleno invierno; como un lirio que crece junto a la corriente de las aguas; como un incienso que esparce suaves aromas. Ella es un cáliz de oro cubierto de piedras preciosas, un olivo que jamás pierde su follaje, un ciprés que se eleva sobre todos los árboles del bosque». 

San Antonio de Padua

Foto: Virgen del Lucero

«La niña María conocía bien con luz del cielo, que Dios no acepta un corazón partido, sino que lo quiere consagrado a su amor conforme al mandato sagrado: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (Dt 4, 5). Por lo que Ella, desde que comenzó a vivir, comenzó a amar a Dios con todas sus fuerzas y del todo se entregó a Él. Ella, por complacer a Dios le consagró su virginidad, consagración que fue la primera en hacer, según dice Bernardino de Busto: “María se consagró del todo y perpetuamente a Dios” Con cuánto amor le podía decir María al Señor: “Mi amado es para mí y yo para mi amado” (Ct 2, 16). “Para mi amado”, comenta el cardenal Hugo, pues para Él viviré del todo. Señor mío y Dios mío, le diría, yo he venido sólo para agradarte y darte todo el honor que pueda. Quiero vivir del todo para Ti. Acepta el ofrecimiento de ésta tu humilde esclava y ayúdame a serte fiel». 

San Alfonso María de Ligorio

Foto: Hermanas en el convento de España

“La alegría que disfruto dentro de estos santos muros es casi indecible. Papá créeme que te hablo con el corazón en los labios: un cuarto de hora a los pies de María, nuestra protectora y consuelo, vale más que un año de placeres y espectáculos en el mundo”.

San Gabriel de la Dolorosa

Foto: Laica en México

«El principio del camino que lleva a la locura del amor de Dios es un confiado amor a María Santísima». 

San Josemaría Escrivá de Balaguer

Foto: Joven en el Campamento Peregrino en Fátima

«María nuestra Santa Madre, quiere la realidad no las apariencias. Camina con los pies en la tierra pero teniendo la mirada y el corazón en el Cielo». 

San Juan Bosco

Foto: Gruta de N.S. Fátima en Colombia

«María es tan caritativa, que no rechaza a ninguno de los que demandan su intercesión por más pecadores que sean, porque, como dicen los Santos, no se ha oído decir, desde que el mundo es mundo, que haya sido desechado nadie que haya recurrido a la Virgen con confianza y perseverancia». 

San Luis María Grignon de Montfort

Foto: Niñas en el Campamento Peregrino en Fátima

«Si tenéis la dicha de grabar en el corazón de los niños y de los jóvenes el amor y la confianza en la Virgen María, habéis asegurado su salvación». 

San Marcelino Champagnat

Foto: Adoración al Santísimo en la Gruta de N.S. Fátima en Colombia

«¡Nunca se honra tanto a Jesucristo como cuando se honra a la Santísima Virgen! Efectivamente, si se la honra, es para honrar más perfectamente a Jesucristo».

San Luis María Grignon de Montfort

Foto: Cuadro de la Sagrada Familia de Nazaret

«El adorable Corazón de Jesucristo late con amor divino al mismo tiempo que humano, desde que la Virgen María pronunció su Fiat, y el Verbo de Dios, como nota el Apóstol, «al entrar en el mundo dijo: “Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito; holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: Heme aquí presente. En el principio del libro se habla de mí. Quiero hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad…” Por esta “voluntad” hemos sido santificados mediante la “oblación del cuerpo” de Jesucristo, que Él ha hecho de una vez para siempre. De manera semejante palpitaba de amor su Corazón, en perfecta armonía con los afectos de su voluntad humana y con su amor divino, cuando en la casita de Nazaret mantenía celestiales coloquios con su dulcísima Madre y con su padre putativo, san José, al que obedecía y con quien colaboraba en el fatigoso oficio de carpintero».

Carta Encíclica Haurietis Aquas

Foto: Santísimo expuesto en nuestro convento de España 

«Dios tiene un tesoro en el que ha guardado todas sus joyas, incluso a su Hijo. Ese tesoro es María». 

San Luis María Grignon de Montfort

Foto: Niñas en el Campamento Peregrino en Fátima

«Queridísimos hijos, ¡Cómo decirles y repetirles lo buena que es la Inmaculada, para poder alejar para siempre de sus pequeños corazones la tristeza!… nos rodea la amorosa y solícita protección de la Virgen, que es refugio de nosotros, los pecadores». 

San Maximiliano María Kolbe

Foto: Exposición del Santísimo en la montaña. Campamento Peregrino en Fátima

¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella. Si el viento de las tentaciones se levanta, si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino, mira la estrella, invoca a María.
Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo, de la ambición, de la murmuración, de la envidia, mira la estrella, invoca a María. Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros sacuden la frágil embarcación de tu alma, levanta los ojos hacia María.
Si perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímenes, confuso ante las torpezas de tu conciencia, aterrorizado por el miedo del Juicio, comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza, a despeñarte en el abismo de la desesperación, piensa en María.
Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María.
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás.
Y guiado por Ella llegarás al Puerto Celestial.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón;
y para alcanzar el socorro de su intercesión, no descuides los ejemplos de su vida.
Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no desesperarás,
pensando en Ella, evitarás todo error.
Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer;
si Ella te conduce, no te cansarás; si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás, por tu propia experiencia,
con cuánta razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María”.

San Bernardo

Foto: Cuadro de la Virgen con el Niño Jesús

¡Qué alegría recordar que Ella es nuestra Madre! Puesto que Ella nos ama y conoce nuestras fragilidades, ¿qué hemos de temer?

Santa Teresita del Niño Jesús

Foto: Santa Misa en la montaña. Campamento Peregrino en Fátima

Considerad con qué finura nos invita el Señor. Se expresa con palabras humanas, como un enamorado: Yo te he llamado por tu nombre… Tú eres mío. Dios, que es la hermosura, la grandeza, la sabiduría, nos anuncia que somos suyos, que hemos sido escogidos como término de su amor infinito. Hace falta una recia vida de fe para nos desvirtuar esta maravilla, que la Providencia divina pone en nuestras manos. 

San Josemaría Escrivá de Balaguer

Foto: hermanos con un laico peregrino en España

«Intercambio feliz: A cambio de mi padre, te me has dado a Ti mismo; a cambio de mi madre, a la Santísima Virgen; a cambio de mis hermanos y hermanas, a los santos; a cambio de mis amigos, a los ángeles; a cambio de mi patria, todo el mundo y después, el cielo; a cambio de mi voluntad, la tuya; a cambio de mis comodidades, el reposo y el abandono en tu Corazón; a cambio de mis riquezas materiales, las riquezas espirituales; a cambio de mis satisfacciones terrenas, las delicias espirituales y, abrazando la cruz, encontrarte y así vivir y morir contigo, para gozarte eternamente.» 

Beata María Romero Meneses

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