Jueves después de ceniza

¿Qué camino escogemos?

Jueves después de ceniza

segundo dia de cuaresma
18 de febrero

En las lecturas que hoy la liturgia nos regala, el Señor nos recuerda que ha puesto ante nosotros dos caminos, pero que, como buen Padre, nos aconseja que escojamos la vida y el bien y rechacemos la muerte, es decir, el mal.

 

Dos caminos

A simple vista la elección parece ser muy sencilla y obvia, pero en la práctica no sucede así, pues no olvidemos que la naturaleza humana quedó afectada por el desorden que introdujo el pecado original. Desde aquel momento, nuestra razón se vio oscurecida, de modo que no reconocemos la verdad con claridad; y nuestra voluntad se vio debilitada, de tal manera que nos dirigimos con dificultad hacia el bien, e incluso a veces llamamos bien al mal y mal al bien.

Entonces, ¿cómo podemos llevar una vida en la que optemos siempre por el Bien verdadero, aquel que nos conduce a la Vida Eterna?

La respuesta es sencilla y nos la da el Salmo: «Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor». Es decir, dichoso quien se deja guiar por Él, quien se abandona en su santa Voluntad, aquella que tiene el poder de conducirnos siempre hacia el Bien y la Verdad. Claro está, que hemos de poner también de nuestra parte, pues, como enseña santo Tomás de Aquino, «la gracia supone la naturaleza». Esto lo hacemos guardando sus mandatos, evitando exponernos a situaciones de pecado, malas compañías, lugares que incitan nuestra caída, etc.

De esta manera, seguiremos los pasos del Señor quien a su vez nos advierte que para llegar a dicho abandono es necesario negarse a sí mismo, tomar la cruz de cada día y seguirlo. Y, cuando nos veamos fuertemente tentados a recaer en algún pecado, cuando sintamos que la carne nos empuja nuevamente hacia aquello que un día dejamos atrás, pasemos por el corazón aquellas Palabras del Señor que calaron profundamente en el alma de san Francisco Javier: «¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».

¡Ánimo! No olvidemos que en este peregrinar no vamos solos, pues contamos con el amparo de nuestra Santísima Madre, aquella que nos ayuda a caminar como corderos detrás del divino Pastor… Jesucristo Nuestro Señor.

Compromiso de hoy

 

Reunámonos en familia en torno a Jesús Crucificado y elevemos juntos una oración de acción de gracias por su Sacrificio.