NUESTRO CARISMA

Vivir la Existencia Eucarística de nuestro Señor Jesucristo en Alegre expropiación de la propia voluntad y en Pobreza.

Los Peregrinos de la Eucaristía hemos sido llamados por el Padre eterno a vivir como su Hijo en el misterio Eucarístico. Siendo «Alimento para la vida del mundo».

¿QUÉ ES VIVIR LA EXISTENCIA EUCARÍSTICA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO?

Vivir la existencia Eucarística de Nuestro Señor Jesucristo es «ser alimento para la vida del mundo» alimento de vida eterna, para saciar el hambre que el hombre tiene de Dios y que Dios tiene del hombre: «Dadles Vosotros de comer» (Lc. 9,13).

Como nuestro Señor en la Eucaristía es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, así ser alimento para la vida del mundo es vivir una existencia de cordero “Sicut agno“: Cordero que escucha, acoge y guarda la Palabra de su Pastor, de la cual vive y se alimenta constantemente, convirtiéndose ésta en la luz que guía su caminar: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero; lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos” (Salmo 118).


La Existencia Eucarística de Nuestro Señor Jesucristo sólo es posible vivirla en la alegre expropiación de la propia voluntad, que es una total disponibilidad para servir a Dios y a los hombres como corderos. Es por esta razón que la Santísima Virgen María “Madre de la Eucaristía» nos enseña como Madre y Maestra a escuchar, guardar y servir a Dios a través de su particular llamado: “Cualquier cosa que Él os diga: Hacedla”
(Juan 2,5)

NUESTRA ESPIRITUALIDAD

El rasgo característico de nuestra espiritualidad se condensa en la frase: «Sicut Agno», como corderos, de ahí que sea: Eucarística y Mariana.

EUCARÍSTICA

Es Eucarística porque nuestro carisma brota del misterio de nuestra Fe: La Eucaristía. Es a partir de Ella que toda nuestra vida es conformada y dada a los demás.

MARIANA

Y es Mariana porque nuestra Madre con su peculiar «Hágase en mí, según tu Palabra»   (Lc 1, 38) nos enseña a ser auténticos corderos y servidores de Dios y de los hombres, guardando su amoroso consejo: «Cualquier cosa que el os diga: Hacedla» (Jn 2,5).