MEDITACIÓN DEL DÍA

JULIO 17

Hoy el Señor da gracias al Padre por revelar su amor a los pequeños.

Esta pequeñez no radica en una cuestión de edad o estatura, sino en cómo nos situamos ante Dios… Si con autosuficiencia, como quien sabe sostenerse por sí mismo y no necesita de Él, o con alegre confianza, exponiéndole incluso las miserias más ocultas, diciéndole como san Agustín: «Yo no te oculto mis llagas. Tú eres médico, y yo estoy enfermo; Tú eres misericordioso, y yo soy miserable.»

Ser pequeño ante Dios no es otra cosa que reconocer la verdad ¡y amarla! No sólo aceptar que somos criaturas suyas, sino darle gracias, porque se nos ha revelado como PADRE BUENO, Padre que cuida, guarda, que nos levanta en la Confesión, cuando hemos cometido faltas y ofensas contra su Amor, y nos alimenta en la Eucaristía con el Cuerpo y la Sangre de su Hijo, mientras caminamos peregrinos por este mundo hacia la Patria Eterna.

Consideremos estas palabras del Papa León XIII:

 «¿Has recibido de Dios grandes talentos? ¿O eres, por ventura, un grande del mundo? Esfuérzate en conocerte tal y como eres y procura convencerte de tu debilidad, de tu incapacidad y de tu nada; debes hacerte más pequeño que un niño; no andes tras las alabanzas de los hombres, ni ambiciones los honores; antes bien rechaza aquéllas y éstos.»