Lo que está dentro de tu casa

Jesus limpia el templo

 

El Evangelio de hoy nos muestra, una vez más, el celo de Dios por nuestras almas porque en ella ha querido establecer su morada.

Nos recuerda que, al derramar su Hijo toda su Sangre por nosotros, hemos adquirido la condición más alta a la que podemos aspirar pero que a veces olvidamos: ser hijos en el Hijo. El Señor viene a por lo que es suyo, es decir, a por nosotros; por eso echa a los “vendedores” que hacen de nuestro corazón “una cueva de bandidos” (nuestros vicios, apegos, ídolos…) para poder decir “esta es mi mansión por siempre, aquí viviré porque la deseo”.


Es necesario escuchar a nuestro Señor para darnos cuenta de que cuando parece que nos quiere quitar, es decir, cuando nos pide, en realidad nos está dando. Nos está otorgando la gracia de dejar aquello que hace que tengamos conductas viciadas, aquello que no terminamos de soltar y que nos impide caminar, aquello pasajero en lo que hemos puesto nuestra confianza y nos hace ser esclavos, no libres. El Señor, que es bueno, viene a llevarse lo que no es nuestro para darnos lo verdaderamente nuestro, lo propio de los cristianos. Es decir: a Cristo mismo.

 

One Response

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