JESUCRISTO REY UNIVERSAL

Solemnidad Jesucristo Rey

La enseñanza de la Iglesia nos enseña que Jesús es el Hijo de Dios, es la segunda persona de la Santísima Trinidad que al encarnarse reina por los siglos de los siglos. Precisamente porque la eternidad entra en el tiempo, el tiempo participa de un modo misterioso de la eternidad y eso hace que el Señor sea no sólo el rey del tiempo presente sino el rey del pasado y el rey del futuro. El Señor es el rey de la Historia pero es una historia que está llamada a alcanzar el don de la eternidad.

Por eso, si tenemos en cuenta que el Señor reina por los siglos de los siglos, en todos los siglos el Señor ha encontrado súbditos, pero también rebeldes y esos rebeldes son los que no se fían de su palabra, los que no quieren que Él reine, los que no quieren que Él gobierne en sus corazones porque tienen otras apetencias.

Por eso, que el Señor nos encuentre a nosotros en este tiempo que nos ha correspondido siendo fieles a Él; que nos encuentre verdaderamente como ovejas de su rebaño; que aprendamos a escuchar su voz; que descubramos los signos de los tiempos en torno al misterio de la Palabra; que no nos apartemos de Él ni a derecha ni a izquierda, para lo cual es necesario saber que Dios reina en la mente para que nuestras ideas sean conformes al Evangelio; para que creamos lo que Él nos dice; para que pongamos por obra sus palabras en la mente pero también en el corazón; para que no tengamos otro Dios que no sea Jesucristo y éste crucificado, resucitado y glorioso. Pero también la voluntad, para que no queramos otro bien que al que al Señor le agrada y por lo tanto la voluntad del Señor se haga en nosotros porque la queremos, no porque nos toca hacerla, sino porque nos identificamos con esa voluntad.

En eso se caracterizan los hijos de Dios, aquéllos en los que Él reina porque en mente, corazón y voluntad son una sola cosa con el Señor. Ésa era la primera comunidad cristiana y la comunidad que sigue existiendo a través de los siglos en donde Dios reina y al final se establece esa ciudad de Dios que nos conduce a todos a la dicha de la bienaventuranza eterna.

 

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