HEMOS ENCONTRADO AL MESÍAS

A la luz del Evangelio de hoy, en el que se narra la vocación de los primeros discípulos, nuestro Señor nos invita a meditar en la vocación a la que estamos llamados todos: la santidad. Sólo tenemos esta vida para ser santos y, por ello, no ha de ser vivida de cualquier manera sino que debe ser DICHOSA –procurando guardar la gracia de ser hijos de Dios y cuidando la amistad con el único siempre fiel, Jesucristoporque el fin de nuestra existencia es la vida, no la muerte.

Nada alegra más al hombre que el amor y por eso Jesús nos llama a creernos que podemos ser amados más allá del amor humano: hay Alguien que nos ama más que nuestros padres, que nuestros amigos, que la novia… Ese Alguien, es Dios. A las puertas de este año litúrgico que comenzamos, propongámonos de la mano de María estar dispuestos a perseguir esa alegría que nace de darse y no termina y que viene de Dios precisamente porque Él es eterno Amor.

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