17 de Julio: Santos Mártires de Scili (S.II)

Procedían de Scillium, ciudad africana. Con su martirio comenzó la historia de la Iglesia y su persecución en África. Según Tertuliano, el procónsul Vigelio Saturnino fue el primero en alzar su espada contra los cristianos. El 17 de julio del año 180, en el imperio de Cómodo, comparecieron ante el tribunal para ser interrogados un grupo de creyentes, de nombres: Esperato, Nartzalo, Citino, Veturio, Félix, Aquilino, Letancio, Jenara, Generosa, Vestina, Donata y Segunda. Llevados a Cartago, comparecieron ante el procónsul, que les ofreció el perdón si adoraban a los dioses y se sometían al emperador. Esperato respondió en nombre de todos, apelando a la irreprochable conducta de los cristianos: No hemos cometido crimen alguno ni hecho injusticia a nadie”, reafirmando así su fe en Jesucristo, Rey de reyes y Señor de todo lo creado. Saturnino les concedió treinta días, para retraerse, pero ninguno apostató. Llamados cada uno por su nombre fueron decapitados, mientras iban exclamando: “Gracias sean dadas a Dios porque seremos mártires del cielo”. Esta frase quedó registrada en su acta de ejecución.

 

16 de Julio: Beatos Nicolás Savouret y Claudio Beguignot, presbíteros y mártires (+ 1794)

En 1790, las autoridades revolucionarias francesas aprobaron una ley que exigía a los sacerdotes jurar lealtad a la constitución civil, lo que significaba romper con la lealtad a Roma. Muchos se negaron, y en 1791 el gobierno comenzó a deportarlos a la Guyana Francesa. Estos dos beatos, fueron víctimas de la Revolución como «Mártires de los pontones de Rochefort», porque murieron en un barco donde habían sido encarcelados, esperando la deportación aproximadamente 1 año, con más de 800 sacerdotes y religiosos. Además de las humillaciones y maltratos que recibían, disponían de poca comida y agua, y las condiciones salubres eran pésimas, por lo que 542 de ellos murieron allí. Muchos de los sobrevivientes escribieron sobre la fe y el ministerio de estos consagrados, por lo que 64 fueron beatificados el 1 de octubre de 1995, por San Juan Pablo II.

El padre Nicolás nació en Jonvelle el 27 de febrero de 1733, era muy piadoso y culto, Doctor en teología, perteneciente a la orden de los Cordeliers (franciscanos) de Moulins (diócesis de Autun), donde era a su vez capellán de las Clarisas. Murió santamente a los 61 años.

El padre Claudio nació en Langres, Haute-Marne, el 19 de septiembre de 1736, era muy humilde y entró a los Cartujos, donde fue ordenado sacerdote. Cuando los conventos fueron suprimidos, se quedó en Rouen dos años, hasta su arresto. Lo solicitaban mucho en el barco para las confesiones y con la ayuda de Dios, soportó la enfermedad con gran fortaleza y mansedumbre. Así murió, como sus compañeros, en olor de santidad.

 

 

15 de Julio: San Buenaventura, Obispo y Doctor de La Iglesia (1218 – 1274)

Nació alrededor del año 1218 en Bagnoregio (Italia). Bautizado como Giovanni da Fidanza, era un hombre de contemplación y acción; estudió filosofía y teología en París (asignaturas que luego enseñó). Siendo todavía un muchacho, un hecho marcó profundamente su vida:  Hallándose afectado por una grave enfermedad que ni siquiera su padre, que era médico, podía curar, su madre recurrió a la intercesión de san Francisco de Asís, canonizado hacía poco, y Giovanni se curó. Movido años más tarde por el testimonio de san Francisco, ingresó en la Orden franciscana, donde recibió el nombre de Buenaventura. Dedicado a la enseñanza, fue reconocido como doctor y maestro. También se destacó por su profunda piedad, inocencia y prudencia en el gobierno de la Orden. En sus escritos procuraba plasmar el Rostro vivo de Cristo, promulgando el llamado del Señor de guardar sus enseñanzas y testimoniar lo que la gracia de Dios y su amor nos muestra en el Evangelio. Fue creado cardenal obispo de la diócesis de Albano, y murió durante el Concilio de Lyon en 1274. Escribió muchas obras filosóficas y teológicas llenas de sabiduría.

14 de Julio: San Camilo de Lelis, Presbítero y fundador (1550 – 1614)

Nació en 1550 en Italia. Se dedicó, como su padre, a la vida militar; pero luego, una vez convertido de los vicios (especialmente de los juegos de azar) y dirigido espiritualmente por san Felipe Neri, se dedicó al cuidado de enfermos. En ellos veía constantemente el rostro de Cristo, por lo que se complacía en servirles, mostrándoles amor y respeto. Fue ordenado Sacerdote en 1574 y con esta misión esculpida en su corazón, fundó una sociedad destinada al servicio de los enfermos: los “Hermanos Ministros de los Enfermos y Mártires de la Caridad (conocida como “Padres Camilos”). Dedicó su vida a trasmitir a sus hermanos las virtudes, inculcándoles aquellas palabras de Cristo: Estuve enfermo y me visitasteis”. Tenía una llaga en un pie y durante 46 años, lejos de buscar su propio cuidado, enviaba a sus hermanos a asistir a otros enfermos. Murió el 14 de julio de 1614, a los 64 años de edad. Fue canonizado en 1746.  El Papa León XIII le proclamó en 1886 patrono de los enfermos junto a san Juan de Dios.

13 de Julio: San Enrique, rey y emperador (973 – 1024)

Fue hijo del duque de Baviera, donde nació en el año 973. Sucedió a su padre en el gobierno del ducado y fue elegido emperador de Alemania. El bienaventurado Enrique, no contento con las preocupaciones del gobierno temporal y queriendo alcanzar la corona de la inmortalidad, se propuso trabajar en favor del supremo Rey, para quien “servir es reinar”. Se dedicó con suma diligencia al engrandecimiento del culto divino, dotando y embelleciendo las iglesias. Deseoso de aceptar con sumisión la voluntad de Dios, puso siempre gran interés en la reforma de la vida de la Iglesia en su país. Fue oblato de la Orden de San Benito y es patrono de todos los oblatos de la orden benedictina. Fuera de sus fronteras, promovió la actividad misionera, siempre con el corazón puesto en Dios, y decía: La gloria presente, mientras se posee, es caduca y vana, a no ser que nos ayude en algún modo a pensar en la eternidad celestial. Murió en el año 1024 y fue canonizado por el Papa Eugenio III. Su esposa fue Santa Cunegunda.

12 de Julio: San Juan Gualberto, fundador (¿? – 1073)

Nació cerca de Florencia (Italia) entre el 985 y 995. Su familia era adinerada y poderosa, y su único hermano murió asesinado. Un viernes santo, iba rodeado de militares amigos suyos, cuando encontró en un callejón al asesino de su hermano. Este, sin tener a donde huir, se arrodilló y, con sus brazos en cruz, imploró a Juan que perdonara su vida. Viéndole así, Gualberto recordó a Cristo crucificado perdonando a sus enemigos; entonces, bajó de su caballo y, abrazándolo, dijo: “Por amor a Cristo te perdono”. En su camino, al llegar a la iglesia más próxima, se postró ante la imagen de Cristo crucificado, y le pareció que Él inclinaba la cabeza y le decía: Gracias Juan”. Desde aquel día su vida cambió; pidió ser admitido en la Orden benedictina y con alegría abandonó todas sus riquezas para ingresar en el monasterio. Tiempo después, inspirado por Dios, abandonó aquel lugar, fundando una Orden regida también por la regla de san Benito, llamada Orden de Vallombrosa en la provincial de Firenze. Hasta su muerte, luchó contra todo aquello que atentara contra las buenas costumbres (combatió especialmente las herejías, el concubinato y la simonía), dando ejemplo de sencillez, firmeza y amor a Dios. Falleció en el año 1073 y fue canonizado en 1193, por el papa Celestino III. En 2010, los Vallombrosianos contaban con 7 monasterios.

11 de Julio: San Benito, abad (480 – 547)

Nació en Nursia (Italia), hacia el año 480. Fue a estudiar a Roma, donde permaneció poco tiempo, al cabo del cual se retiró a la soledad de los montes, apartándose así de la perversión de conducta que reinaba en el entorno romano. Practicó la vida eremítica en la cueva de Subiaco, donde se le reunieron algunos discípulos, fundando así la Orden Benedictina, que más tarde se estableció en Montecasino. Para ésta escribió la famosa “regla de San Benito”, cuya difusión le valió el título de “Patriarca del monaquismo occidental”. Fue un gran faro de luz en medio de los tiempos borrascosos de su época, atestiguando con insignes obras y con su santidad de vida, la perenne juventud de la Iglesia; renovó con sus enseñanzas y ejemplo las costumbres, y defendió con más seguras y santas leyes los claustros.  Su Orden ayudó a civilizar y cristianizar pueblos bárbaros, enseñándoles la virtud, el trabajo y el ejercicio de las artes y las letras, uniéndolos en caridad fraterna con su lema “ora et labora”. San Benito murió en el año 547 y era hermano de santa Escolástica.

10 de Julio: Santos Agustín Zhao Rong, presbítero y compañeros, mártires

Eran oriundos de distintos lugares de China y en épocas diversas fueron testigos del Evangelio. Desde antiguo, el pueblo chino tenía un sentimiento religioso hacia el Ser Supremo. El Evangelio se anunció allí en el siglo V; e iniciando el S.VII, se erigió la primera Iglesia. A partir del siglo XVI, fueron enviados a la región varios misioneros y muchos nativos del lugar, pidieron el Bautismo, viviendo el cristianismo con gran fervor. El emperador, pese a promulgar en 1692 el primer decreto de libertad religiosa, se irritó un día por un debate respecto a los «ritos chinos»; e, influenciado por Japón, preparó la persecución que se extendió desde principios del s. XVII hasta mediados del s. XIX, asesinando a misioneros y a fieles laicos, y destruyendo iglesias. Posteriormente, se desató una nueva fase de persecución, en la cual el sacerdote diocesano chino Agustín Zhao, fue arrestado y martirizado en 1815.  Murió en la celda. Estos mártires fueron canonizados en el año 2000 por el Papa San Juan Pablo II.

9 de Julio: Santa Verónica Giuliani, virgen y mística (1660 – 1727)

Nació en Mercatello (Marcas, Italia) el año 1660. Era la menor de siete hermanas y su madre, que les dio una esmerada educación cristiana, falleció prematuramente. A los 16 años, pese a la continua oposición de su padre, entró en el monasterio de clarisas capuchinas de Città di Castello (Umbría), en el que ejerció varios cargos, entre ellos: maestra de novicias y abadesa. En el noviciado, tuvo pruebas espirituales muy intensas y grandes tentaciones de volver al mundo, pero se sometió obedientemente a la voluntad de sus directores espirituales. En 1678, el día de su profesión, tuvo un gran deseo de padecer en unión con Cristo para la conversión de los pecadores, cosa que se cumplió con creces, pues se destacó por su vida de oración y alta contemplación, acompañada de fenómenos místicos extraordinarios, relacionados especialmente con la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

A partir de 1693, su confesor le ordena registrar por escrito sus experiencias místicas, por lo que escribe su Diario, que consta de 42 volúmenes. El siguiente año, recibió la impresión de la Corona de Espinas en su cabeza, siendo las heridas visibles y el dolor permanente. El 5 de abril de 1697, Viernes Santo, recibió los estigmas de Cristo en sus manos, pies y costado. Después de muchos sufrimientos y consuelos, llagó a exclamar: “En un instante se me dio luz clara sobre todas las gracias particulares que Dios ha concedido a mi alma. Han sido tantas, tantas, que no me es posible decir el número”. Murió en su convento el 9 de julio de 1727. Es una de las grandes místicas de la Iglesia y su cuerpo está incorrupto en Cittá di Castello.

8 de Julio: San Procopio, mártir (S. III – S. IV)

Nació en Scitopolis en el s. III, pero luego se mudó a Jerusalén. Su amor sincero al Señor Jesús y su deseo de imitarlo, lo llevaron a vivir en la soledad, ajeno a las comodidades y lujos que seducen a muchos. Su cuerpo era sumamente delgado a causa de los ayunos y penitencias, con que se preparaba en lo cotidiano para dar razón de su fe y esperanza en Cristo. A la profesión de la fe cristiana, le fue sumado el nombramiento como lector en la Iglesia, lo cual hacía con voz alta y pausada para que el pueblo entendiera lo escrito en el Libro Sagrado; también recibió el carisma de liberación y trataba a los posesos con la autoridad de quien se halla seguro de actuar en nombre del Señor. En la persecución de Diocleciano fue trasladado a Cesarea, donde, movido por su amor a Dios, negó ante el gobernador Flaviano la existencia de los dioses paganos, oponiéndose a ofrecer incienso a dichos ídolos y al emperador, en virtud de ello, fue decapitado el 8 de julio del año 303.