23 de Mayo: San Miguel de Sinada, obispo (¿? – 826)

Nació en la región de Sinada, Frigia (actual Turquía), hijo único de una familia adinerada. Luego de estudiar en Constantinopla, abrazó la vida religiosa en un monasterio cerca del Bósforo. Allí fue ordenado sacerdote por san Tarasio, y más tarde consagrado obispo por este mismo santo. Para nadie era desconocida la gran virtud y ciencia de Miguel, por lo cual le propusieron como metropolitano (obispo) de Sinada. Así se dio y él emprendió con ahínco tal responsabilidad, trabajando especialmente por la paz en toda aquella región. Mas sucedió que el emperador León V, partidario de la herejía iconoclasta, reunió a los obispos anunciándoles su firme decisión de acabar con el culto a las imágenes. Habiéndose opuesto a dicha resolución, argumentando su fidelidad a la fe ortodoxa, san Miguel fue desterrado y se le impidió regresar a su sede aun después de fallecido el emperador. Murió santamente, acompañado por su amigo san Teodoro Studita, el 23 de mayo de 826.

22 de Mayo: Santa Rita de Cascia, religiosa (1381 – 1457)

Nacida en Italia en 1381, es conocida como la “patrona de los imposibles” por su eficaz intercesión ante el Señor. Quiso ser religiosa pero, obedeciendo a sus padres, se casó con un hombre que le causó muchos sufrimientos, los cuales ella sobrellevó con oración y bondad, terminando por alcanzarle la gracia de la conversión. Tiempo después, su marido fue asesinado. Descubriendo la santa que sus dos hijos pensaban vengar a su padre, suplicó a Dios que se los llevase antes de que pudiesen cometer tal pecado, y así sucedió. Sin su esposo e hijos, Rita se entregó a la oración, penitencia y obras de caridad. Persuadida de que era el momento de consagrar su vida por completo al Señor, pidió humildemente ser admitida en la Orden de San Agustín, mas, como fuese negada su solicitud, Dios mismo la introdujo en el monasterio milagrosamente. Allí recibió de Él abundantes gracias, entre ellas, la impresión de la dolorosa llaga de una espina de la Corona de Cristo en su frente, que expelía un olor desagradable, la cual permaneció allí hasta su muerte, el 22 de mayo de 1457.

 

21 de Mayo: María, Madre de la Iglesia

La Santa Iglesia, iluminada por el Espíritu Santo, ha decretado recientemente la celebración anual, el lunes siguiente a Pentecostés, de esta preciosa memoria en honor a nuestra Madre del Cielo. Declara el Catecismo (No 963), que a María «Se la reconoce y se la venera como verdadera Madre de Dios y del Redentor […] más aún, “es verdaderamente la Madre de los miembros (de Cristo) porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella cabeza”». La unión de María con su Hijo se manifiesta desde el momento de la Concepción virginal hasta la Cruz; “al dirigirse a María con las palabras: “Ahí tienes a tu hijo”, el crucificado proclama su maternidad, no sólo con respecto al apóstol Juan, sino también con respecto a todo discípulo” (San Juan Pablo II). La Iglesia confiesa que “María continúa en el cielo ejercitando su oficio maternal con respecto a los miembros de Cristo” (Beato Pablo VI), es por eso que procura amarla con los mismos sentimientos del Señor Jesús tributándole merecido amor filial.

20 de Mayo: San Bernardino de Siena, presbítero (1380 – 1444)

Nació en Italia, de familia noble. A los 6 años de edad quedó huérfano. Desde su juventud cuidaba mucho de no cometer faltas contra la pureza y alentaba a sus compañeros a hacer lo mismo; también, junto a ellos fue consuelo para los enfermos durante una epidemia que asoló Siena. Se afilió a la asociación piadosa “Devotos de Nuestra Señora” y más tarde ingresó en la Orden de los Frailes Menores, fue ordenado sacerdote y desplegó por toda Italia una gran actividad como predicador, con notables frutos. Propagó la devoción al Santísimo Nombre de Jesús. Además, tuvo un papel importante en la promoción intelectual de su Orden, creciendo a la par su sabiduría y su santidad. Escribió varios Tratados de teología y obras en honor a la Virgen Santísima. Murió en 1444.

 

19 de Mayo: Santa María Bernarda Bütler, religiosa y fundadora (1848 – 1924)

Nació en Suiza. A la edad de 19 años, ingresó en el monasterio franciscano de María Auxiliadora, donde poco después fue elegida maestra de novicias y, más tarde, superiora. Recibió del obispo de Portoviejo (Ecuador), una carta relatando el estado de su diócesis, lo cual ella reconoció como la clara Voluntad de Dios que la llamaba a ser anunciadora del Evangelio en aquella tierra lejana. Tras vencer la resistencia inicial, y una vez obtenidos los permisos necesarios, partió para Ecuador con seis de sus hermanas, fundando un nuevo instituto, las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora. Allí desplegó una gran labor apostólica pese a las incontables dificultades. La persecución contra la Iglesia en aquel país la obligó a huir con sus religiosas a Colombia, fundando en la ciudad de Cartagena; también abrieron casas en Austria y Brasil. San Juan Pablo II, en su homilía de beatificación, destacó que la fuente del apostolado de esta santa, fue siempre la oración, especialmente la Santa Misa, pilar de su vida espiritual. Era también muy devota de la Virgen María. Falleció el 19 de mayo de 1924.

18 de Mayo: San Juan I, Papa y mártir (470 – 526)

Nació en Italia. En el año 523 fue elegido Sumo Pontífice, cuando gobernaba el rey Teodorico, gran partidario de la herejía arriana. Acaeció en aquel tiempo, que el emperador de Constantinopla decretó cerrar todos los templos arrianos de su ciudad, prohibiéndoles a los herejes ocupar cargos públicos. El rey obligó al Papa a ir a Constantinopla para lograr que el emperador Justino aboliera tales leyes, pero el Santo Padre no tenía interés alguno en que se apoyara a los herejes. Así lo comprendió la gente de la ciudad: Más de 15.000 fieles salieron en Constantinopla a recibir al Papa Juan, con velas encendidas y estandartes. Teodorico, encendido en ira, ordenó apresar al Pontífice una vez llegado a Rávena. Fueron tan crueles los malos tratos que sufrió el santo, que al poco tiempo murió. Junto con él, fueron martirizados también sus dos grandes consejeros, el 18 de mayo de 526.

 

17 de Mayo: Beata Antonia Mesina, mártir (1919 – 1935)

Nació en un pueblo de la Cerdeña (Italia), el 21 de junio de 1919. Era la segunda de diez hermanos y, debido a la fragilidad de la salud de su madre, asumió con responsabilidad encargarse de la atención a su familia, ejercitándose en el servicio a sus hermanos. Además, era muy piadosa y tenía una gran devoción a santa María Goretti, y corrió una suerte muy parecida a la suya. Un día, poco antes de cumplir dieciséis años, volvía de la Santa Misa -a la que asistía diariamente- y se dirigía a recoger leña, de repente un hombre la asaltó con la intención de violarla. Antonia se resistió con todo su empeño, y su agresor, enfurecido, la abatió a golpes con una piedra, hasta matarla. Era el año 1935. El crimen causó un profundo impacto en la región sarda. Canonizada por san Juan Pablo II, es conocida como mártir de la pureza.

 

16 de Mayo: San Luis Orione, presbítero y fundador (1591 – 1657)

Nació en Italia, en una familia muy humilde. Su madre le transmitió una fe fuerte. Desde muy temprana edad entregó su voluntad al Señor para que guiara sus pasos. Fue alumno de san Juan Bosco en el Oratorio de Turín. A sus 21 años, siendo ya sacerdote, deseoso de servir incondicionalmente al Señor, erigió un colegio para niños pobres, y con sus colaboradores formó la pequeña Obra de la Divina Providencia, bajo el amparo de María Santísima. Posteriormente, con el aval del obispo de Tortona, fundó la Congregación de los Hijos de la Divina Providencia y veinte años más tarde la de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad y luego, bajo un mismo carisma, las Hermanas adoratrices Sacramentinas invidentes, a las que se añadirán después las Contemplativas de Jesús Crucificado. Impulsó también varios movimientos Laicales.  Después de una vida entregada como “Apóstol de la caridad”, murió en 1940 mientras decía: “Jesús, Jesús, voy”.

15 de Mayo: San Isidro Labrador, laico (1081 – 1172)

Hijo de campesinos muy pobres de Madrid, España. Sobresalía por su temor de Dios, gran amor a la Sagrada Eucaristía, a la Virgen María y a la oración, además de una enorme caridad para con el prójimo. Quedó huérfano con sólo diez años. Se dedicó desde entonces, a labrar la tierra, y se santificó ofreciendo por amor las mismas tareas casi toda su vida, entregándose a ellas con diligencia y deseo ferviente de glorificar a Dios hasta en lo más insignificante. Madrugaba a diario para asistir a la Santa Misa antes de iniciar sus labores; entretanto, los ángeles lo suplían en sus labores. La devoción que profesaba a la Santísima Virgen parecía haberse anticipado a su uso de la razón. El Avemaría era su oración predilecta, y cuando hablaba de la Madre de Dios, revelaba en sus términos lo tierno y encendido de su amor. Se casó con santa María de la Cabeza, con la que tuvo un hijo. Sufrió contrariedades e incluso persecuciones a causa de su fe, pero lo soportó con gran paciencia, centrando su atención en Dios, el servicio a su Iglesia y a los más pobres. Isidro falleció en el año 1172, fue enterrado en el cementerio de la Iglesia de San Andrés en Madrid y allí permaneció hasta su canonización (1622). Construyeron una Iglesia en su honor, que fue la Catedral de esa ciudad hasta 1992, y allí permanece su cuerpo incorrupto. Es el patrono de Madrid.

14 de Mayo: San Matías, apóstol (S.I)

Su nombre significa “Regalo de Dios”. Después de la muerte de Judas Iscariote, se propusieron dos varones de probada virtud para suplirlo: Matías y José (llamado Barsabá). La elección recayó sobre el primero, y el Espíritu Santo descendió sobre él en Pentecostés. En los Hechos de los Apóstoles se nos relata que acompañó a Jesús nuestro Señor desde el Bautismo hasta su Ascensión. Pocos datos se conservan acerca de él, salvo la certeza de que se mantuvo firme en la fe hasta el final de sus días, contrarrestando con su fidelidad y santidad la traición de Judas. La tradición narra que, destacándose por su sabiduría, elocuencia, prudencia, pureza de corazón y rectísima intención evangelizó en Judea y más allá, donde fue perseguido por los pueblos bárbaros. Se dice que fue crucificado y, su cuerpo, trasladado a Roma.