20 de septiembre: Santos Andrés Kim, Pablo Chong y Compañeros, Mártires (s.XIX)

San Andrés Kim, nació el 21 de agosto de 1821, hijo de padres conversos. Su padre y su bisabuelo fueron martirizados siendo él muy niño. Su madre tuvo que vivir en la calle pidiendo limosna, debido a la represión religiosa que azotó Corea hasta finales del siglo XIX. Por esto, también Andrés tuvo que viajar a China para estudiar en el seminario. En 1844 fue ordenado diácono allí y un año más tarde ordenado sacerdote en Shangai, convirtiéndose en el primer sacerdote de la Iglesia coreana. Enviado allí a realizar gran parte de su trabajo pastoral, fue arrestado en junio de 1846, y trasladado a una cárcel en Seúl, donde el 16 de septiembre fue decapitado, a los 26 años de edad.

Pablo Chong, nacido en Corea en 1795, era laico. Sus padres y sus hermanos fueron martirizados entre los años 1801 y 1839. A los 20 años, partió hacia Seúl para tratar de reconstruir la Iglesia. En 1839, a la edad de 45 años, fue arrestado por intentar llevar misioneros extranjeros a Corea y se ordenó su decapitación en Seúl el 22 de septiembre. En junio de 1988, San Juan Pablo II canonizó, junto a estos dos testigos de la fe, a 101 mártires coreanos.

19 de septiembre. San Jenaro, obispo (¿- 305)

Patrón de Nápoles (Italia). Era obispo de esa ciudad cuando estalló la persecución de Diocleciano entre los años 298 y 305. Fue apresado junto con sus diáconos y colaboradores, al ser sorprendidos visitando a cuatro cristianos encarcelados. Todo el grupo fue condenado a ser devorado por las fieras en el Coliseo; sin embargo -y para decepción del público-, estas sólo se dedicaron a rugir mansamente, sin acercarse a los cristianos, por lo cual les condenaron a morir decapitados, sentencia que se ejecutó en el anfiteatro, cerca de Pozzuoli. La tradición dice que personas piadosas recogieron un poco de su sangre y la guardaron, por lo que en la Catedral de Nápoles se conserva una reliquia de su sangre, y anualmente (desde hace 400 años), en este día, se torna líquida milagrosamente (licuefacción). En esta fecha, un sacerdote expone en el altar una ampolla de vidrio con la sangre solidificada del santo y la coloca frente a la urna que contiene su cabeza; todos empiezan a rezar, la sangre se licúa, y además, crece su tamaño dentro de la ampolla.

18 de septiembre. San José de Cupertino, presbítero (1603-1663)

Nació en 1603, en la población italiana de Cupertino. Sus padres eran muy pobres. Al morir su padre, el niño creció de débil salud y distraído. Pidió ser admitido como hermano franciscano, pero no se le concedió. Después ingresó en los Capuchinos, pero fue expulsado por ser muy distraído. Su madre rogó a un fraile pariente suyo para que lo acogieran como mandadero en el convento de los franciscanos conventuales. Lo recibieron los padres como obrero y empezó a trabajar en el establo. Se desempeñaba con destreza en todos los oficios que le encomendaban. Con humildad, amabilidad, espíritu de penitencia y amor a la oración, se fue ganando la estimación de todos y, en 1625, por votación unánime, fue admitido como religioso franciscano y ordenado sacerdote en 1628. Desde su ordenación sacerdotal entraba en éxtasis casi diariamente, y sucedían curaciones milagrosas y sucesos sobrenaturales entre los que se cuenta el elevarse por los aires. Murió el 18 de septiembre de 1663.

17 de septiembre: San Roberto Belarmino, obispo (1542 – 1621)

Sobrino del Papa Marcelo II, San Roberto nació en Montepulciano (Italia) en 1542. Renunció a ocupar altos cargos y se propuso entrar de religioso en una comunidad donde no pudiera ser elegido obispo ni cardenal. Así pues, ingresó en la Compañía de Jesús. Siendo seminarista, y después, ordenado sacerdote, atraía grandes multitudes por su extraordinaria manera de hablar; los templos se llenaban cuando sabían que el Padre Belarmino iba a predicar. Se le encargó la rectoría del colegio mayor que los Padres Jesuitas tenían en Roma, y el Papa le pidió que escribiera un pequeño catecismo, del que muy pronto se valieron muchos sacerdotes y catequistas en todos los países del mundo. También se destacó por los ocho tomos que escribió defendiendo la doctrina católica frente a los ataques de los protestantes. Dispensado por el Santo Padre de la prohibición de la Compañía de aceptar altos cargos y le nombró obispo y cardenal. En medio de tan altas dignidades eclesiásticas, San Roberto siguió viviendo con gran austeridad hasta su muerte, el 17 de septiembre de 1621.

16 de septiembre. Santos Cornelio, Papa Y Cipriano, Obispo, Mártires (S. III)

El Pontífice Cornelio sufrió la rebelión de un hereje llamado Novaciano que proclamaba que la Iglesia Católica no tenía poder para absolver a quienes cometiesen ciertos pecados. Ante esto, el santo defendió la potestad conferida por Dios a la Iglesia en esta materia. El gobierno del perseguidor Decio, lo desterró de Roma y a causa de los sufrimientos y malos tratos que recibió, murió mártir en el destierro, en el año 253. San Cipriano nació en el año 200 en Cartago (África). Al alcanzar la mayoría de edad, se convirtió al cristianismo, fue bautizado e hizo el juramento de permanecer siempre célibe. Desde entonces se dedicó a estudiar la Sagrada Escritura. Fue ordenado sacerdote y más tarde, en el año 248, obispo de Cartago. En el 251, el emperador Decio decretó la persecución contra los cristianos, a quienes ordenaba quemar incienso ante los dioses. Cipriano, por prudencia, se escondió, pero continuó animando a los fieles con cartas, para que perseverasen en la fe. Tras un breve periodo de paz, el emperador Valeriano dictaminó una nueva persecución (año 257). El santo obispo fue condenado a morir decapitado un año más tarde, por celebrar ceremonias religiosas. De este modo recibió la gloria del santo martirio.

15 de septiembre: La Virgen de los Dolores

En este día recordamos de manera especial, el sufrimiento padecido por la Santísima Virgen María, cuando la aguda espada de los ultrajes, blasfemias, golpes, desprecios e indiferencias caían sobre su Divino Hijo en su Pasión redentora, que se prolonga en cada uno de los miembros de su Cuerpo místico, la Iglesia, hasta el fin de los tiempos; la secuencia que se reza en este día así nos lo manifiesta: “Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre. Vio morir al Hijo amado, que rindió desamparado el espíritu a su Padre. Nuestra Señora nos enseña la fortaleza y la mansedumbre del padecer silencioso y de la acogida amorosa de la Voluntad de Dios incluso en los momentos más contradictorios. La conmemoración de hoy, fue establecida en la Iglesia por el Papa Pío VII el 15 de septiembre en 1814 para evocar los Siete Dolores de la Virgen: La profecía de Simeón (“una espada traspasará tu alma”); La huida a Egipto; El Niño perdido en el Templo; María se encuentra con Jesús camino al Calvario; Jesús muere en la Cruz; María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz y el séptimo dolor, cuando Jesús es colocado en el sepulcro.

14 de septiembre: Santa Notburga, virgen (1265-1313)

Nació el año 1265 en Rattenberg (Tirol). Trabajaba de ayudante de la cocinera en la familia del Conde Henry de Rothenburg. Daba la comida que sobraba en la mesa de sus amos a los pobres, hasta que su ama le ordenó que saciara a los cerdos con cualquier alimento que quedara. La santa obedecía, pero guardaba parte de su propia comida, especialmente los viernes, para donarlo a los pobres. Sorprendida nuevamente, fue despedida. Su ama de nombre Ottilia, cayó enferma. Debido a ello, Notburga permaneció como enfermera, a su lado, preparándola para la muerte. Posteriormente entró al servicio de un campesino en el pueblo de Eben, a condición de poder ir a la iglesia, especialmente domingos y festivos. Su antigua ama murió y los menesterosos a los que atendía antes, le anunciaron al Conde de Rothenburg, que el espíritu de su esposa muerta moraba en la cochiquera por haberla despedido.  En vista de esto, el conde volvió a contratarla como ama de llaves, y la situación mejoró considerablemente en la casa. Después de una vida virtuosa, la santa murió en 1313, volando así su alma a recibir la recompensa eterna.

13 de septiembre: San Juan Crisóstomo (349 – 404)

Nació en Antioquía (Siria) en torno al año 349, y bautizado en el año 368. Era hijo único de un militar y de una mujer santa, y fue formado en la vida eclesiástica por el obispo Melecio. Cuando su madre murió, se fue de monje al desierto y permaneció allí seis años rezando, haciendo penitencias y dedicándose a meditar las Sagradas Escrituras. Tuvo que volver debido a su débil estado de salud, y al llegar a Antioquía fue ordenado sacerdote. Transmitió la doctrina tradicional y segura de la Iglesia en una época de controversias dogmáticas. Se preocupó sobre todo por la coherencia entre lo que se dice y lo que se vive. Además, este santo enseñaba que la edad más importante es la infancia, en la cual, la ley de Dios debe ser impresa en el alma “como en una tablilla de cera”. En el año 397 fue nombrado obispo de Constantinopla, cargo en el que mostró su bondad y atención hacia los pobres, al matrimonio y la familia. Debido a las protestas del santo contra los abusos cometidos por la emperatriz, fue exiliado en dos ocasiones y murió en el destierro el 13 de septiembre del año 404. San Pío X lo nombró Patrono de los predicadores católicos. Es el más famoso orador que ha tenido la Iglesia, por eso “Crisóstomo” significa “boca de oro”.

12 de septiembre. Dulce Nombre de María

San Joaquín y santa Ana, padres de la Santísima Virgen, inspirados por el Espíritu Santo, dieron a su hija el nombre de “María” que en hebreo quiere decir Señora, Princesa”. De este modo, celebramos hoy los privilegios concedidos por Dios a María, la “llena de gracia”; y todos los dones que, por su intercesión recibimos. La Santa Sede autorizó la celebración de esta fiesta por primera vez en el año 1513 a la diócesis de Cuenca (España). En 1683 el Papa Inocencio XI oficializó esta festividad para recordar la victoria obtenida por los pueblos de Austria y Polonia frente a los turcos: Los ejércitos católicos se habían lanzado al combate invocando el Santísimo Nombre de María, el 12 de septiembre de ese mismo año, resultando victoriosos. Muchos santos han venerado el Nombre de María, obteniendo con su invocación abundantes gracias y auxilios. Dice san Bernardino de Siena: “Por este nombre se purifica el corazón, se ilumina la mente, se inflama el alma, se ablanda el pecho, se endulza el gusto y el afecto se hermosea”. No dudemos en recurrir cuantas veces podamos a nuestra Madre bendita, llamándola por su Dulce Nombre: MARÍA, que es para nosotros refugio y consuelo.

11 de septiembre: San Juan Gabriel Perboyre (1802-1840)

Nació en Puech (Francia) en 1802. A temprana edad, escuchó un sermón que encendió sus anhelos de ir a anunciar el Evangelio a los paganos y morir mártir. Ingresó en la Congregación de la Misión poco después de cumplir 15 años, y fue ordenado sacerdote en 1826. Enseguida manifestó el deseo de ir a China, pero en razón de su salud frágil no fue aceptada su petición. Fue nombrado profesor del seminario de Saint-Flour y dos años más tarde, rector del «petit séminaire» y, en 1832, le destinaron como subdirector del seminario que los lazaristas tenían en Paris. En 1835 partió para Macao, donde estudió el idioma chino, haciendo grandes progresos. Le destinaron a la misión de Honán, donde rescataba a niños abandonados para salvarlos de la muerte y educarlos luego en la fe de Cristo. Fue transferido a Hupeh, donde poco después, en septiembre de 1839, estalló una violenta persecución. En la dispersión, agotado, se refugió en la choza de un neófito (converso) que lo traicionó, vendiéndole al mandarín por treinta monedas. El 11 de septiembre de 1840, casi un año después de su captura, este santo fue estrangulado.