20 de diciembre: Beato Vicente Romano, presbítero (1751 – 1831)

Nació el 3 de junio de 1751 en Torre del Greco, Nápoles. Estudió en el seminario diocesano del lugar, recibiendo formación de san Alfonso María de Ligorio. Fue ordenado sacerdote en 1775. Las bases de su actividad pastoral fueron el ministerio de la Palabra y el evangelio de la caridad, su predicación era fácil de comprender a los oídos de sus fieles, procurando que éstos tuvieran una mejor participación en la Santa Eucaristía, y se beneficiaran de las gracias que de Ella se derivan. Era gran devoto del Sagrado Corazón de Jesús. Superando temores y posponiéndose a sí mismo, frente a la gran responsabilidad de su labor como párroco, se dedicó a servir a los niños, a los obreros y de modo especial a los pescadores, atendiendo a su bienestar espiritual; se introdujo en el ambiente en que se desenvolvían, procurando enderezar y corregir el mal, transformándolo con ayuda de la gracia de Dios, en virtud y bondad. Murió en 1831 de neumonía, y su tumba se convirtió en lugar de peregrinación. Es el primer sacerdote diocesano italiano elevado a los altares.

19 de diciembre: Santos Francisco Javier Hà Trong Mâu y compañeros mártires

Francisco Javier Ha Trong Mau, catequista; Domingo Bui Van Uy, catequista; Tomás Nguyen Van De, sastre y el cristiano más distinguido del pueblo; Agustín Nguyen Van Moi, agricultor y neófito; y Esteban Nguyen Van Vinh, agricultor y catecúmeno. Todos ellos pertenecían a la comunidad cristiana de Ke-Mot y fueron arrestados cuando las autoridades buscaban al párroco. El tribunal exigió que pisotearan la santa Cruz de Nuestro Señor como signo de apostasía, a lo que se negaron; se les insistió mucho tiempo en lo mismo. Finalmente los condenaron al destierro perpetuo y a 150 azotes. Cuando se notificó la sentencia al emperador Minh Mang, éste ordenó que, si no renegaban de su fe, serían condenados a muerte. Perseverantes hasta el final en el Amor de Cristo, aguardando la recompensa eterna, fueron estrangulados el 19 de diciembre de 1838 en Bac-Ninh, Corea.

 

18 de diciembre: San Malaquías, profeta (Siglo V a.C)

Malaquías (Mál’akhî), significa “el mensajero de Dios”. Sus profecías se hallan compendiadas en tres capítulos, en el libro del Antiguo Testamento que lleva su nombre. Nació en Sofa, Palestina. Perteneciente a la tribu de Zabulón, fue el último de los doce profetas menores y el último de los tres profetas del exilio, aproximadamente 100 años después de los profetas Ageo y Zacarías. Profetizó entre los años 450 y 455 a.C, después del destierro de Babilonia, anunciando la venida del precursor de Jesús nuestro Señor: “Voy a enviar a mi mensajero a allanar el camino delante de Mí”, y “Voy a enviaros al profeta Elías antes de que llegue el Día del Señor, grande y terrible”. Anunció a su vez el gran día del Señor y su advenimiento en el templo: “Enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Ángel de la alianza, que vosotros deseáis, he aquí que viene, dice el Señor todopoderoso”. También preanunció la oblación pura que siempre y en todo lugar se ofrecería; los Padres de la Iglesia ven en sus profecías el preludio del santo sacrificio de la Santa Misa: “Entonces será grata al Señor la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño…”

17 de diciembre: San Lázaro de Betania

San Lázaro de Betania tuvo la dicha de ser el protagonista de uno de los milagros de Nuestro Señor Jesucristo, ya que fue resucitado por Él después de cuatro días de haber fallecido. Era hermano de Marta y María, vivían en Betania, donde nuestro Divino Redentor era muy bien recibido por esta familia que le amaba entrañablemente.

Cierto día, Lázaro enfermó gravemente y sus hermanas enviaron con urgencia un mensajero al lugar lejano donde se encontraba Jesús para comunicárselo. Al llegar Jesús a Betania, Marta salió a su encuentro diciéndole: “Señor, ¡si hubieras estado aquí no habría muerto nuestro hermano”. Jesús respondió: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en Mí, no morirá para siempre”. Luego llegó María entre lágrimas y sollozos a su encuentro, con los judíos que la acompañaban. Jesús, conmovido lloró. Luego, dirigiéndose al sepulcro donde estaba Lázaro enterrado, exclamó con fuerte voz: “¡Lázaro, sal fuera!” y el difunto, que tenía cuatro días de haber muerto, se levantó y salió caminando por sí solo.

Desde entonces este santo varón, renacido en la Palabra de Dios, entregó su vida en gratuidad y sin reservas al servicio de la Buena Nueva de Cristo nuestro Señor, y dando gratis lo que gratis había recibido, llegó a testificar con su martirio el amor entrañable que le unía al Salvador, y la vida Bienaventurada que en Él esperaba.

 

16 de diciembre: Beato Honorato de Biala (1829-1916)

El Beato Honorato, nacido y fallecido en Polonia, se declaró ateo tras la muerte de sus padres. Estuvo encarcelado y allí enfermó de tifus, pero misteriosa y admirablemente, estas pruebas hicieron que recobrara la fe. Ingresó como capuchino y recibió la ordenación sacerdotal. A partir de entonces, se consagró a la predicación, a la administración del sacramento de la penitencia y a la dirección espiritual; a partir de la lectura del Evangelio y la contemplación descubrió que Dios quería más de él y, a pesar de la situación de guerra que se vivía en aquellos años, fundó numerosas congregaciones, precursoras de los institutos seculares. Fue un hombre de gran actividad, sostenida por una intensa vida interior, decía: Cada día vengo de Cristo, voy a Cristo y regreso a Cristo”. En los últimos años de su vida, afectado por la sordera, se dedicó con mayor asiduidad a la oración y al apostolado epistolar. Fue beatificado por san Juan Pablo II el 16 de octubre de 1988.

 

15 de diciembre: Santa Virginia Centurione (1587-1651)

De acaudalada familia, Virginia, recibió educación religiosa. Sus padres querían que leyera obras de literatura y aprendiera latín. Su madre murió y su padre, la prometió en matrimonio al joven Gaspare. Se casaron, pero él enfermó y murió, dejándola viuda con sólo 20 años. Su padre hizo de nuevo planes de boda, pero ella se negó. Al morir su suegra, Virginia ejerció la hospitalidad y asistencia de niñas pobres, acogiéndolas en su palacio y reservando para ellas el ático; hasta que, su amiga, la duquesa Plácida Spinola, le concedió en alquiler el monasterio de Monte Calvario. Fundó la asociación, Cien Señoras de la Misericordia protectoras de los Pobres de Jesucristo, conocidas como las Cien Señoras de la Caridad. Escribió una regla para la nueva Congregación, que, a pesar de la efervescencia inicial, no duró mucho. La santa se dedicó a la atención de mujeres, niños, ancianos y discapacitados. Fundó las Hermanas de Nuestra Señora del refugio del Monte Calvario. El Señor, premiando la fidelidad con que Virginia se entregaba a su servicio, le concedió dones extraordinarios como éxtasis, visiones, locuciones interiores y otros dones místicos especiales, confortándola para vivir los avatares y controversias familiares y religiosas que hubo de sufrir, hasta que, finalmente, relegada, enferma de pulmonía entregó su espíritu al Señor el 15 de diciembre de 1651.

14 de diciembre: San Juan de la Cruz (1542 -1591)

Nació en Ávila, España, en 1542, en una familia adinerada. Al morir su padre, Juan vivió una niñez marcada por la pobreza junto a su familia. A los 21 años tomó el hábito en el convento de los Carmelitas de Medina del Campo. Conoció a Teresa de Ávila, quien recientemente había iniciado la reforma de su Orden (las religiosas que se adhirieron a dicha observancia más estrecha fueron llamadas Carmelitas Descalzas), con el fin de restaurar los valores originales del Carmelo. Juan fue un gran apoyo y el primer miembro de Carmelitas Descalzos, labor que le traería abundantes sufrimientos a lo largo de su vida: La rivalidad entre su antigua comunidad y los Descalzos, causó que le encerraran durante meses en una estrecha celda donde pasó grandes tribulaciones. La gracia de Dios y la ayuda de la Virgen permitieron que san Juan escapara, retomando así su actividad religiosa. Escribió varios libros sobre espiritualidad, en los que comunica la llama de Amor divino que ardía en su corazón y su ascenso al Monte Sagrado por el camino de la noche oscura. Murió en 1591 después de tres meses de enfermedad y sufrimientos.

13 de diciembre: Santa Lucía, virgen y mártir (283 – 304)

Su nombre significa “luminosa” “llena de luz”, razón por la que se representa con una lámpara en la mano, significando también su constancia como virgen prudente. Nació en Siracusa (Italia), en el seno de una familia acaudalada. Desde niña hizo voto de castidad, consagrándose a Dios. Sin embargo, su madre quería que se casara con un joven pagano. Su madre cayó enferma, y Lucía le sugirió ir en peregrinación a la tumba de santa Águeda: si sanaba, autorizaría a la joven para romper el compromiso; y así sucedió. El pretendiente, para vengarse, la acusó ante el gobernador de ser cristiana, religión prohibida y perseguida por el emperador Diocleciano. El gobernador mandó torturarla y amenazó con enviarla a un prostíbulo, pero cuando intentaron llevarla a la fuerza, permaneció inmóvil sin que pudiesen arrastrarla por más que lo intentaron. Después de torturarla, finalmente le decapitaron. Es patrona de las modistas, de los ciegos, de los oculistas y de los fotógrafos.

12 de diciembre: Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América Latina

Nuestra Señora se apareció en el cerro del Tepeyac (México), el año 1531 a san Juan Diego, al que pidió, relatara al obispo de México la visión y construyera una ermita a los pies del cerro para venerar a Jesucristo nuestro Señor. El prelado no creyó al indígena, lo cual causó que éste volviera dos veces más a pedir consejo y consuelo a la Virgen. Ella le anunció que el siguiente lunes le daría una señal que atestiguase su veracidad. En la cuarta aparición, la Virgen le pidió que recogiese rosas de Castilla en el monte y las llevara al obispo, que, sorprendido, recibió el recado, ya que no crecían rosas tan hermosas en invierno. La sorpresa fue mayor al ver plasmada milagrosamente la imagen de Nuestra Señora en la tilma que Juan Diego había utilizado para llevarlas. El obispo llevó la imagen a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar señalado por San Juan Diego. Después fue construida una basílica para acoger a los miles de devotos que acuden a implorar su favor y agradecer su intercesión.

 

 

11 de diciembre: San Dámaso, Papa y mártir (305-384)

De familia española, nació en Roma. Redactó y grabó epitafios de muchos mártires en las catacumbas de Roma. Fue secretario de los Pontífices san Liberio y san Félix. Al ser elegido Papa, en el año 366, tuvo que sofocar una sangrienta rebelión levantada contra él en Roma. Tuvo como secretario a san Jerónimo, a quien encargó traducir la S. Biblia al idioma popular, conocida como “La Vulgata”, empleada por la Iglesia durante cerca de quince siglos. La tradición dice que fue quien introdujo la oración: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era…” Se preocupó por conseguir que todos los obispos reconocieran al Sumo Pontífice de Roma como cabeza de la Iglesia. Murió el 11 de diciembre del año 384 a sus 80 años. Fue sepultado en la tumba que él mismo se había preparado humildemente, alejada de los santos famosos de Roma. Sobre su sepulcro fue construida la basílica que lleva su nombre.