16 de Febrero: Beato José Allamano, Fundador (1851-1926)

Nace en Castelnuovo d’Asti en 1851, en una familia campesina. Fue ordenado sacerdote en 1873. Los seis primeros años los pasó como formador en el seminario. En 1880 el arzobispo busca un rector para el Santuario de Nuestra Señora de la Consolata, que se hallaba desatendido material y espiritualmente. Así, dos años más tarde, junto con el P. Santiago Camisassa, comienza la recuperación y embellecimiento del Santuario. Hacia 1890, escribió una carta al Cardenal de Turín, solicitándole la fundación de un instituto misionero, argumentando la abundancia de sacerdotes diocesanos, de los cuales muchos se sentían llamados a trabajar en las misiones, en las que escaseaba la presencia del clero. En 1900 cayó enfermo y recibió la curación de manera milagrosa, por intercesión de Nuestra Señora, y un año después llega a él la autorización para el proyecto misionero. Pero es en 1909 cuando, instado por el Papa san Pío X, funda la Congregación de las Misioneras de la Consolata y poco más adelante la rama masculina de Misioneros, bajo el lema: “Anunciarán mi gloria a las naciones” (Is 66,19), especialmente a aquellos que aún no conocen a Dios ni su entrega por nosotros los hombres, afirmando como centro de la espiritualidad Consolatina: “Primero santos y después misioneros”, y “el bien no hace ruido, y el ruido no hace bien”. Murió en Turín el 16 de febrero de 1926.

15 de Febrero: San Walfrido, Abad (¿ – 765)

Walfrido nació en Pisa, Italia, donde se distinguió entre los pobladores por su tenacidad en el trabajo y su buen trato para con los demás ciudadanos. De su vida únicamente se conoce que, después de haber contraído matrimonio, que dio como fruto cinco hijos y una hija, decidieron, junto con su esposa, abrazar la vida monástica. De este modo, retirándose del mundo, en compañía de algunos amigos, a quienes poco a poco se sumaron otras almas deseosas de servir al Señor en la oración, recibieron del obispo el aval de erigir una nueva abadía, de la cual Walfrido se constituyó en fundador, y que se regiría por la regla benedictina de Monte Casino. Además de dicha abadía, construyeron también un convento para mujeres, donde su esposa e hija tomaron el velo. La nueva fundación, a su vez, atrajo muchos novicios. San Walfrido gobernó prudente y sabiamente la abadía durante diez años y luego murió, alrededor del año 765. El culto a san Walfrido fue confirmado en 1861, por el Papa Pío XII.

14 de Febrero: Santos Cirilo y Metodio, hermanos y patronos de Europa (827 – 869) (815 – 885)

San Metodio, bautizado con el nombre de Miguel en Tesalónica (Grecia) durante el imperio bizantino, fue consagrado obispo por el Papa Adriano II en Roma. Era el mayor de siete hermanos y, junto con su hermano Constantino (doce años menor que él, llamado Cirilo al consagrarse a Dios) fue misionero e incesante propagador del cristianismo. Estuvieron primero en Crimea y, después en el Imperio de la Gran Moravia. Los dos hermanos son conocidos como los apóstoles de los eslavos. Se les considera inventores y expansores del alfabeto glagolítico, el cual fue usado en manuscritos eslavos antes del desarrollo del alfabeto cirílico y en traducciones de textos litúrgicos. Murió san Cirilo en el año 869 y, 16 años después, su hermano Metodio entraba también en las moradas eternas.

13 de Febrero: Beata Cristina (Agustina) Camozzi, laica (1435 – 1458)

De origen italiano, del principio de su vida, sólo se conoce su juventud y belleza. Casada a temprana edad, enviudó pronto, luego de lo cual cedió temporalmente a la concupiscencia de la carne; sin embargo, al recibir del Señor la gracia de la conversión, encauzó su obrar a la práctica de la penitencia por sus pecados, ingresando en la Orden Secular de las Agustinas, donde abrazó una vida de extrema mortificación corporal y cambió su nombre por el de Cristina.

Vivió a la sombra de monasterios, de los que se alejaba apenas se percataba de que las monjas le guardaban atenciones particulares. Se distinguió por su vida de plegaria y por el servicio a enfermos y pobres. En 1457 inició una larga peregrinación con gran austeridad y pobreza que debería haberla conducido a Asís, Roma y el Santo Sepulcro. Pero a su paso por Espoleto se dedicó a cuidar enfermos y pobres, sirviéndoles con suma caridad y diligencia. Allí murió un año más tarde en olor de santidad, manifestada con abundantes milagros.

 

12 de Febrero: Beatos Tomás Hemmeford y compañeros, presbíteros mártires (480-543)

Su ministerio sacerdotal se desenvolvió en el marco de la trágica persecución perpetrada contra la Iglesia Católica por los monarcas británicos. En aquel período la reina Isabel I, quien deseaba se reconociera su supremacía incluso en el ámbito espiritual, condenó a muerte a muchos católicos por su fidelidad al Romano Pontífice, entre ellos a los jesuitas Tomás Hemmeford, Jacobo Fenn, Juan Nutter y Juan Munden, junto a Jorge Haydock, sacerdote del vicariato apostólico de Inglaterra. Todos ellos fueron descuartizados vivos en Tyburn, cerca de Londres, el 12 de febrero de 1584. En 1929 el Papa Pío XI declaró beatos a Tomas Hemmerford, Santiago Fenn, Juan Nuter y Juan Munden, junto con otros 103 compañeros mártires y en 1987, san Juan Pablo II declaró beato a Jorge Haydock junto con otros 84 mártires, cuya sangre derramada en testimonio de la verdadera fe, es para nosotros ejemplo de entrega y fidelidad al Cuerpo místico de Cristo (la Iglesia), cuya gloriosa Cabeza, Nuestro Señor Jesucristo, ha prometido preparar una morada eterna para quienes no se avergüencen de confesarle ante los hombres.

11 de Febrero: San Pedro de Jesús Maldonado Lucero, presbítero y mártir (1892 – 1937)

Nació en la Colonia Sacramento (ciudad de Chihuahua – México) el 8 de junio de 1892. Cuando tenía 17 años, respondió al llamado de Dios para ser sacerdote e ingresó al seminario en Chihuahua, donde se agravó su frágil salud. Su propósito desde esa época fue: «He pensado tener mi corazón siempre en el cielo, en el sagrario» lo cual se vio claramente en toda su vida y su fructífera actividad sacerdotal. Debido al conflicto político de 1914, hubo problemas en el seminario y suspendieron las clases, por eso, él abandonó los estudios un corto tiempo y se dedicó a tocar violín para ganarse la vida.

Cuando el país se estabilizó un poco, reabrieron el seminario y él volvió para continuar su seguimiento a Jesús Sacramentado. En 1918 fue enviado a El Paso, Texas, para recibir el sacramento del orden sacerdotal debido a que el mismo obispo de Chihuahua estaba enfermo. Esto sucedió el 25 de enero de 1918 en la Catedral de San Patricio. El Padre Maldonado celebró su primera Misa en la Parroquia Sagrada Familia en Chihuahua, el 11 de febrero, Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Desde ese momento, éste santo Sacerdote enamorado de Jesús Sacramentado se dedicó con entusiasmo a la catequesis de niños, incrementó notablemente la adoración nocturna y las asociaciones marianas.

El 1 de enero de 1924, el Padre Maldonado fue nombrado párroco de la Parroquia Santa Isabel, donde sirvió hasta su muerte. Suscitó con su ejemplo de piedad y pobreza el entusiasmo por la fe, por la adoración al Santísimo Sacramento (ante Quien pasaba muchas horas) y, por el amor y devoción a la Santísima Virgen María. Solía recorrer grandes distancias, de día y de noche, pendiente de sus ovejas, llevándoles al Señor en la Palabra y la Santa Comunión. Tenía una especial predilección al Niño Jesús (le decía “Niño Papá”), a San José y a Santa Teresita (a quien le pedía que le mandara penitentes a su confesionario).

Su ideal fue preservar la inocencia y pureza de niños y jóvenes, ofreciendo su vida por ellos.

En los años 30 se aumentó la persecución y el trabajo de los sacerdotes se hizo muy difícil y peligroso. En 1934 el P. Maldonado fue apresado, maltratado y amenazado por la policía; luego fue desterrado a El Paso (Texas – USA), pero pronto volvería a su grey para ejercer su ministerio en poblados y rancherías. El 10 de febrero de 1937, miércoles de ceniza, celebró la Eucaristía, impartió la ceniza y se dedicó a confesar. De pronto se presentó un grupo de hombres armados para apresarlo. El Padre Pedro tomó un relicario con hostias consagradas y siguió a sus perseguidores. Al llegar a la presidencia municipal, políticos y policías le insultaron y le golpearon. Le dispararon en la frente y eso le fracturó el cráneo y le hizo saltar el ojo izquierdo. El sacerdote bañado en sangre, cayó casi inconsciente; el relicario se abrió y se cayeron las hostias. Uno de los verdugos las recogió y con cinismo se las dio al sacerdote diciéndole: «Cómete esto». Por manos de su verdugo se cumplió su anhelo de recibir a Jesús Sacramentado antes de morir. Aunque luego fue llevado al hospital civil de Chihuahua, descansó en brazos de Su Amado la madrugada del día 11 de febrero.

Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992, siendo canonizado el 21 de mayo del 2000 por el Papa Juan Pablo II. Así, fue contado entre Los Caballeros de Colón, que fueron sacerdotes martirizados durante la persecución de la Iglesia en México en las décadas de 1920 y 1930.

Su sacrificio no fue en vano, pues el 26 de abril del mismo año, el gobernador de Chihuahua firmó una petición autorizando la reanudación de cultos públicos en el estado. En el primer aniversario de su muerte, el culto público había sido restablecido en todo Chihuahua y el gobierno había desistido de toda persecución.

10 de Febrero: Santa Escolástica, virgen (480-543)

Nació el año 480, en Nursia, Italia. Era hermana gemela de San Benito, quien fundó el monasterio de Montecassino.  Ella, al sentir también el llamado a la vida religiosa, abrió cerca un convento con la misma regla, llamado Piumarola, del que ella fue la abadesa. Se caracterizó por ser virtuosa y ejemplar. Pocos días antes de su muerte, fue su santo hermano a visitarla, pasando el día entero en santas conversaciones. Cuando él se disponía a volver al monasterio, Escolástica le pidió que se quedara aquella noche, y el santo le respondió: “¿Cómo se te ocurre, hermana, semejante petición? ¿No sabes que nuestra regla prohíbe pasar la noche fuera del convento?”. Pero ella juntando sus manos, con la cabeza inclinada, oró a Dios. En seguida se desató una tormenta tan violenta, que san Benito no pudo volver a su convento. Y le dijo a la santa: “Dios todopoderoso te perdone, hermana: ¿qué es lo que has hecho?Ella respondió: “Ya ves, te he suplicado a ti, y no has querido escucharme; he suplicado a mi Dios, y me ha escuchado”. Pasaron toda la noche rezando y hablando de Dios y de la Vida Eterna. San Benito volvió a su convento y, tres días después, supo que murió su hermana, pues estando en oración, vio volar hacia el cielo una paloma, que le mostró que Escolástica iba al encuentro del Padre Celestial, era el año 543.

9 de Febrero: Beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824)

Nació el 8 de septiembre de 1774, cerca de Coesfeld (Alemania) y fue bautizada aquel mismo día. Desde niña, debido a la gran pobreza de su hogar, tenía que ayudar en la casa y en las labores del campo junto a sus nueve hermanos. Gustaba de visitar las iglesias antiguas de su ciudad, asistir a la Santa Misa y rezar el Vía crucis; además, la devoción mariana ocupaba un lugar privilegiado en su corazón y el atractivo que sentía por la oración y la vida religiosa llamaban la atención de sus padres y conocidos. Después de varios intentos, finalmente en 1802 ingresa al convento de Agnetenberg (Dülmen – Alemania), profesando sus votos al año siguiente. Una vez allí, se hallaba siempre pronta para hacerse cargo de las labores más duras y humillantes, cumpliendo la regla con gran entusiasmo y sin quejarse, aun cuando algunas monjas le miraban con recelo. Los nueve primeros años padeció grandes quebrantos de salud, hasta que en 1811 aquel convento fue cerrado por la secularización y Ana Catalina, junto con las demás religiosas, tuvieron que abandonarlo. Recibida como ama de casa por un sacerdote, cayó enferma poco tiempo después, terminando por quedar definitivamente postrada en cama, viniendo su hermana menor a cuidarle. En dicho periodo recibió los estigmas de Nuestro Señor y sufrió como víctima por la salvación de las almas. Se ofrecía para reparar ante Dios las ofensas de todos los hombres, aceptando los sufrimientos que otras personas debían soportar por sus enfermedades o pecados. Recibió dones extraordinarios, visiones y revelaciones místicas acerca la vida de Cristo nuestro Señor y de su Santísima Madre María, compiladas por Clemente Brentano, que las publicó más tarde. Debilitada cada vez más, murió el 9 de febrero de 1824.

8 de Febrero: San Jerónimo Emiliani (1486- 1537)

Nació en Venecia. A principios del siglo XVI combatió en el ejército, y a la caída de la ciudad, fue hecho prisionero y encarcelado. Hasta entonces había llevado una vida mundana, pero en la soledad del presidio se dedicó a meditar aquellas palabras de Jesús: ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo?  Volvió a Dios y, con ayuda de la oración, santificó los sufrimientos que pasaba allí. Además, viendo que humanamente no tenía esperanza de escapar, lo pidió con fe a la Santísima Virgen María, y he aquí que de la manera más inesperada le fueron quitadas las cadenas y huyó sin ser detenido, refugiándose en una iglesia de Treviso; se consagró a María y prometió entregarse de lleno al servicio de Dios y del prójimo. Al volver a Venecia, se asoció a la Compañía del Divino Amor y fue ordenado sacerdote, dedicándose a la asistencia de enfermos. Fundó orfanatos y la Orden de Clérigos Regulares (conocidos como Padres Somascos) para atender y educar a los niños y jóvenes huérfanos, desamparados tras la muerte de sus padres en la epidemia de cólera. Murió en febrero de 1537, habiéndose entregado sin reserva a la misión y habiendo sido contagiado por la peste que asolaba aquellos territorios. Beatificado en 1747, fue canonizado veinte años más tarde. El Papa Pío XI lo proclamó Patrono Universal de los huérfanos y de la juventud abandonada.

7 de Febrero: Beato Pío IX (1792-1878)

Nació en Senigallia (Italia) el 13 de Mayo de 1792, y fue bautizado aquel mismo día con el nombre de Giovanni Maria. Le distinguía ya una gran virtud; al finalizar un retiro espiritual se propuso: Luchar contra el pecado, evitar cualquier ocasión peligrosa, estudiar “no por ambición de saber” sino para el bien de los demás; y abandonarse a sí mismo en las manos de Dios. Hallábase estudiando en Roma, cuando experimentó el llamado al sacerdocio, no obstante, una enfermedad similar a la epilepsia detuvo sus planes. Mas el Señor, por medio de san Vicente Pallotti le anunció que sería Papa, y la Virgen de Loreto le concedió gradualmente la salud necesaria para reanudar sus estudios, siendo ordenado sacerdote en 1819. A sus 35 años fue consagrado arzobispo de Espoleto, más tarde le nombraron obispo de Imola, y a sus 54 años Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.

De él dijo san Juan Pablo II, en la Homilía de beatificación: «En medio de los acontecimientos turbulentos de su tiempo, fue ejemplo de adhesión incondicional al depósito inmutable de las verdades reveladas. Fiel a los compromisos de su ministerio en todas las circunstancias, supo atribuir siempre el primado absoluto a Dios y a los valores espirituales. Su larguísimo pontificado no fue fácil, y tuvo que sufrir mucho para cumplir su misión al servicio del Evangelio. Fue muy amado, pero también odiado y calumniado. Sin embargo, precisamente en medio de esos contrastes resplandeció con mayor intensidad la luz de sus virtudes:  las prolongadas tribulaciones templaron su confianza en la divina Providencia, de cuyo soberano dominio sobre los acontecimientos humanos jamás dudó. De ella nacía la profunda serenidad de Pío IX, aun en medio de las incomprensiones y los ataques de muchas personas hostiles. A quienes lo rodeaban, solía decirles: “En las cosas humanas es necesario contentarse con actuar lo mejor posible; en todo lo demás hay que abandonarse a la Providencia, la cual suplirá los defectos y las insuficiencias del hombre”. Sostenido por esa convicción interior, convocó el concilio ecuménico Vaticano I, que aclaró con autoridad magistral algunas cuestiones entonces debatidas, confirmando la armonía entre fe y razón. En los momentos de prueba, Pío IX encontró apoyo en María, de la que era muy devoto. Al proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción, recordó a todos que en las tempestades de la existencia humana resplandece en la Virgen la luz de Cristo, más fuerte que el pecado y la muerte.»

Murió el 7 de febrero de 1878.