5 de Febrero: Santa Águeda, virgen y mártir (230 – 251)

Su nombre significa “Buena”. Nació en Catania (Italia), el año 230, hija de nobles padres cristianos. Por su extraordinaria belleza, reflejo de la virtud de su alma, era pretendida por muchos caballeros de su tiempo, que ignoraban su voto de virginidad consagrada a Cristo. Eran tiempos del emperador Decio, que había decretado la supresión de los cristianos en el imperio. El gobernador Quinciano se enamoró de ella, pero, al ser despreciado, tomó como recurso enviarle un mes a casa de una mujer perversa y de mala vida, para hacerle ceder a sus insinuaciones. Vencida por la tenacidad de la santa, que no cesaba de clamar el auxilio divino con lágrimas y suspiros en tan duro trance, aquella envilecida mujer indicó al mandatario que era imposible quebrantar tal perseverancia en la virtud de Águeda, por tratarse de una cristiana. Este comentario mudó los ánimos de Quinciano, y ardiendo en cólera mandó que, si no ofrecía incienso a los ídolos de Roma, le atormentasen con innumerables castigos, hasta cercenar sus virginales pechos, luego de lo cual determinó que fuera encerrada en un lóbrego calabozo. Esa noche se le apareció el apóstol san Pedro, quien, curando sus heridas, la animó a sufrir por Cristo. Al día siguiente, viéndola restablecida, le cuestionaron sobre el hecho, a lo cual respondió: “He sido curada por el poder de Jesucristo”. Entonces el tirano ordenó lanzarla desnuda sobre llamas y brasas ardientes, sin lograr con esto arrancarla de su fe. Finalmente, llevada de nuevo a la mazmorra, se vio inundada por una suavísima luz celestial y, hallándose en oración, expiró dulcemente. Era el 5 de febrero del año 251. Es patrona y protectora de la virginidad, e invocada contra fuego, rayos y volcanes.

4 de Febrero: Santa Juana de Francia, fundadora (1464 – 1505)

Hija del rey Luis XI de Francia, fue rechazada debido a su complexión enfermiza y deforme y a que sus padres esperaban un varón. Su camino de santidad se ve marcado por este hecho que proyecta una vida de sacrificio. Fue enviada lejos para ser criada por los cuidanderos de una casa de campo. Ahí sufrió rechazos, privaciones y humillaciones que la acompañarían siempre. Aun así, Juana fue respondiendo a los acontecimientos de su vida con gran amor y una tierna devoción hacia la Virgen María, de quien aprendió el santo silencio y la humildad. Debido a intereses políticos, fue desposada con el Duque de Orléans quien, al verse obligado a casarse con ella, la despreció grandemente. Pero Juana le amó tiernamente e, incluso en una ocasión en que él fue apresado, se esforzó por mitigar su sufrimiento y liberarlo. Sin embargo, a éste solo le interesaba alcanzar el trono, y cuando lo consiguió se dispuso a obtener la nulidad. Después de ésto, Juana se retiró a Bourges, donde se sintió inspirada a fundar una Orden religiosa dedicada al culto de la Virgen María, se lo comentó a un monje franciscano (Gabriel María Nicolás), quien le ayudó ocupándose de reclutar las primeras religiosas del instituto, preparó una Regla de vida titulada «los diez gozos y virtudes de la Virgen» y fue cofundador de la orden. En el año 1504, Juana hizo su profesión religiosa y murió al año siguiente.

 

3 de Febrero: San Oscar, Obispo (801 – 865)

Nació en Francia en el año 801. Ingresó como benedictino en Corbie y, movido por el Espíritu Santo emprendió la evangelización de Dinamarca donde el rey se había bautizado recientemente. Expulsado el rey y los misioneros de Dinamarca, san Oscar, en compañía de los embajadores del rey Ludovico Pío, entró en Suecia, y predicó el Evangelio allí durante año y medio; a su regreso fue nombrado obispo de Hamburgo. En el 854 volvió a Dinamarca, donde consiguió la amistad del rey Horik, éste había expulsado a los sacerdotes, pero a petición del santo obispo, fueron nuevamente acogidos allí. Además, san Oscar convenció al rey vikingo de mitigar los horrores de la esclavitud. Fue eminente por su piedad, mortificación y observancia de la regla monástica; construyó hospitales, rescató cautivos, envió cuantiosas limosnas, y sólo lamentó no haber sido hallado digno del martirio. Daba gracias a Dios por la piedad de Ludovico Pío y de su predecesor en el episcopado, Ebbo (arzobispo de Reims). Murió en Bremen el 3 de febrero de 865.  Es el santo patrono de Escandinavia y es conocido como el Apóstol del Norte.

2 de Febrero: Presentación del Señor

Esta fiesta se conmemora cuarenta días después del nacimiento del Señor, cumpliendo así el precepto de la Ley de Moisés (Cf. Ex 13, 11- 13). La Santísima Virgen y San José se dirigieron al Templo para presentar al Divino Niño, y para la purificación ritual de su Madre. A mediados del siglo V esta fiesta se conocía como La Candelaria, pues manifiesta que la Virgen María ha dado a luz a la Luz del mundo, Jesucristo nuestro Señor. Así reza un himno: “…Abre tus brazos a María, Virgen Madre del Redentor, puerta del cielo siempre abierta por la que vino al mundo Dios. ¿A quién sostienes en tus manos, dinos, anciano Simeón, por qué te sientes tan alegre? «Porque ya he visto al Salvador. Este Niño será bandera y signo de contradicción, con su muerte, traerá la vida, por la cruz, la resurrección.» Jesús, el hijo de María, es el Hijo eterno de Dios, la luz que alumbra a las naciones los caminos de salvación. La Virgen Madre ofrece al Niño como una hostia para Dios; la espada de la profecía atraviesa su corazón.”

Hasta el siglo VI, esta fiesta se celebraba a los cuarenta días de la Epifanía; sin embargo, se trasladó la celebración al 2 de febrero, para ajustarla a los cuarenta días después de la Navidad. San Juan Pablo II, inspirado por Dios y en virtud de la ofrenda que el Señor hace de Sí mismo al Padre en su Presentación, instituyó en 1997 la Jornada de la vida consagrada, para orar de modo especial todos los años en esta fecha por aquellos a quienes Dios ha llamado a servir y pertenecer exclusivamente a Él, mediante la profesión de los consejos evangélicos.

1 de Febrero: Beato Luis Variara, presbítero (1875 – 1923)

Nacido en Asti (Italia) en 1875. A sus 16 años ingresó con los Salesianos y en 1894, dos años después de su profesión perpetua, fue seleccionado por el beato Miguel Rúa, primer sucesor de don Bosco, entre los primeros misioneros, destinándole a la población colombiana de Agua de Dios. A instancias del padre Miguel Unia, apóstol del lazareto, arribó a la misión donde, terminados sus estudios, fue ordenado sacerdote en 1898, poniendo al servicio del Señor todas sus capacidades, especialmente la unción del Espíritu Santo que le asistía en la dirección espiritual; además, valiéndose de sus cualidades musicales, organizó una banda de música, llenando de entusiasmo el dolor de los leprosos allí residentes; en cierta ocasión escribía: «Nunca como este año me he sentido contento de ser Salesiano y bendigo al Señor por haberme enviado a este lazareto, donde he aprendido a no dejarme robar el cielo». Entregó su vida al cuidado de los enfermos de lepra en aquel lugar, especialmente niños y jóvenes. A pesar de las dificultades ocasionadas por la Guerra de los Mil días, su celo no menguó en absoluto, y así, con algunas hijas de enfermos de lepra o contaminadas, fundó el Instituto “Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María” que, después de superar innumerables pruebas, finalmente recibió la aprobación eclesiástica. La humildad con la que aceptó en silencio las dificultades e incomprensiones y las cartas que dejó, han sido testimonio de su santidad. Murió en Cúcuta, el 1 de febrero de 1923.

31 de Enero: San Juan Bosco, Presbítero y Fundador (1815-1888)

Nació en Turín en 1815 en familia humilde. Tuvo una infancia difícil por la muerte de su padre cuando él tenía dos años. Su madre “mamá Margarita”, realizó un gran esfuerzo para sacarlo adelante. Aprendió muchas labores y artes, que le sirvieron después en su misión con los jóvenes. A sus nueve años tuvo un sueño: Veía chicos peleándose y gritando blasfemias; trataba de calmarlos por las buenas y luego con violencia, pero sin resultado. El Señor le dijo: “¡No, no; tienes que ganarlos con mansedumbre y amor!”, y le dio por Maestra a la Santísima Virgen, que al instante apareció y le dijo: “Toma tu cayado y guía a tus ovejas”. Cuando nuestra Señora pronunció estas palabras, los niños se convirtieron en lobos feroces y luego en mansas ovejas.

Esto reveló a Juan la clave de su vocación: Trabajar en la viña del Señor como sacerdote, y ganar para Él muchas almas. Estudió para ello y a sus veintiséis años fue ordenado presbítero. Su misión a lo largo de la vida fue dar asilo y educar a los niños y jóvenes más pobres, preservándoles de los vicios y malos caminos. Hacia 1856, ya había 150 jóvenes internos y más de 500 externos. Don Bosco amaba tiernamente a la Virgen, a quien invocaba llamándole “María Auxiliadora”; además, tenía el don de leer los corazones, era alegre y nunca estaba de mal humor, enseñando a los demás con ilimitada paciencia, recordando las enseñanzas del Señor. Obró la Divina Providencia milagros incontables en su vida, y así pasó de tener una vieja granja como hogar de los chicos a construir iglesias, escuelas nocturnas, talleres de aprendizaje e incluso una imprenta para ellos. Fundó la Congregación Salesiana, el Instituto “Hijas de Nuestra Señora” y la Asociación de Colaboradores Salesianos. Antes de morir, en 1888, dijo: “Decid a mis muchachos que los espero a todos en el paraíso”.

 

30 de Enero: Beata María Bolognesi, laica y mística (1924 – 1980)

Fiel laica, mística, que entregó su vida al servicio del prójimo, especialmente de los pobres y enfermos, y soportó grandes sufrimientos físicos y espirituales en profunda unión con la pasión de Cristo. Nació el año 1924 en Bosaro (Rovigo, Italia) en una familia muy pobre. Apenas pudo asistir a la escuela, por tener que cuidar a sus hermanos y la huerta familiar. Pasó hambre, y de joven sufrió una misteriosa posesión diabólica. Después padeció multitud de enfermedades. Dios la llamó a ser signo de su presencia y la colmó de dones sobrenaturales y de fenómenos místicos, que trascendieron al conocimiento de la gente muy a pesar suyo, que los mantenía en completa discreción. Murió en Rovigo el 30 de enero de 1980, y fue beatificada allí mismo el 7 de septiembre de 2013 por S.S Francisco.

29 de Enero: San Afraates, Ermitaño (S. III – IV)

Vivió entre los siglos III y IV. Afraates era de familia persa pagana, pero al igual que los Reyes Magos, se convirtió al Señor en Belén. Se estableció en Edesa de Mesopotamia, que era entonces uno de los principales centros cristianos, con el objeto de aprender a servir más perfectamente a Dios. Cuando comprendió que el modo al que estaba llamado a ofrecer este servicio al Señor era la soledad, se encerró en una celda en las afueras de la ciudad, y en ella se dedicó a la penitencia y la contemplación. Sólo comía un poco de pan al atardecer; en sus últimos años tomaba también algunas verduras. Dormía en el suelo y se vestía con pieles. Después de algún tiempo, se trasladó a una ermita en las proximidades de un monasterio de Antioquía de Siria, adonde acudía el pueblo en busca de consejo. Tuvieron gran relevancia sus escritos y predicaciones en la defensa de la fe contra los arrianos.

28 de Enero: Santo Tomás de Aquino, Presbítero y Doctor de la Iglesia (1225 – 1274)

Nació cerca de Nápoles, Italia, en 1225, siendo el más joven de una familia de doce hijos. Realizó sus primeros estudios en un famoso convento de benedictinos, donde los monjes le educaron en la piedad y el silencio. Más tarde comenzó a estudiar en la Universidad de Nápoles. Ingresó en la Orden de Predicadores, a lo cual su familia se opuso; huyó entonces hacia Alemania, pero fue apresado por sus hermanos. Ya liberado, fue llevado a estudiar con san Alberto Magno. A los 27 años comenzó a impartir clases en la Universidad de París, con gran concurrencia de estudiantes. Escribió la “Summa Teológica”, obra clave en el Magisterio de la Iglesia. De camino al Concilio de Lyon, se sintió mal y fue recibido en un monasterio cisterciense de Fosanova. Cuando recibió por última vez la Comunión exclamó: “Ahora te recibo a Ti, mi Jesús, que pagaste con tu Sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente”. Murió en 1274 a la edad de 49 años.

27 de Enero: Santa Ángela de Mérici, virgen (1474-1540)

Nació en Italia, de familia campesina. A los diez años perdió a sus padres, dolor del que tardaría años en recuperarse. Tres años después ingresó como terciaria franciscana y vivió en austeridad (no deseaba poseer ni siquiera una cama). Más tarde, Ángela volvió a su pueblo, y se preocupó de la educación religiosa de las niñas, especialmente las más pobres. Por ello, junto a otras franciscanas, fundó la Comunidad de Hermanas Ursulinas (comunidad religiosa pionera en dedicarse enteramente a la educación de niñas). Ángela era ejemplar, no sólo por su buen trato a las personas, sino por poseer el don de consejo. Recibió apariciones de la Virgen y de Jesús, nuestro Señor. Un hombre le preguntó un día en plena calle: ¿Qué consejo me recomienda para comportarme debidamente? Y ella le respondió: Compórtese cada día como desearía haberse comportado al morirse y dar cuenta a Dios. Santa Ángela murió cinco años después de haber fundado la comunidad, y sus últimas palabras fueron “Dios mío, yo te amo”. Fue canonizada en el año 1807 por el Papa Pío VII.