10 de Junio: Beato Juan Dominici, Cardenal y Teólogo (1376 – 1419)

Nació el año 1376 en Italia, en una familia humilde. A los dieciocho años ingresó en la Orden de Predicadores, pese a cierta oposición por su falta de educación y su tendencia a tartamudear, lo cual contrastaba con su extraordinaria capacidad de memoria. En poco tiempo se convirtió en uno de los mejores teólogos de su época y en un predicador elocuente. Apoyó decididamente la reforma emprendida por el beato Raimundo de Capua y abrió muchos conventos. Su apostolado se interrumpió en 1399 por una orden judicial, ya que fue expulsado a Florencia, donde aprovechó para entregarse con gran celo a la predicación. Con frecuencia se alimentaba únicamente de pan y agua, durmiendo muy poco y sobre un saco. Vestía de manera pobre, pero con limpieza. También se preocupó por los problemas de fe y costumbres suscitados por el humanismo imperante de la época. Compuso diversas obras, entre ellas “Lúcula Noctis” (Lucecilla de la noche). El papa Gregorio XII lo nombró su consejero y después, en 1408, Arzobispo de Ragusa y Cardenal. Murió en Hungría el 10 de junio de 1419.

9 de Junio: San Efrén, Diácono y Doctor de la Iglesia (306 – 373)

Nació en Nísibe (Siria) hacia el año 306, perteneciente a una familia cristiana. A los dieciocho años fue ordenado diácono y ejerció dicho ministerio en su patria y en Edesa, de cuya escuela teológica es iniciador. Alcanzó gran fama como maestro, orador, poeta, comentarista y defensor de la fe. Es el único de los Padres sirios a quien se honra como Doctor de la Iglesia Universal.  En Siria, tanto católicos como otros cristianos le llaman “Arpa del Espíritu Santo”, y todos han enriquecido la liturgia con sus homilías y sus himnos. A pesar de no haber sido un hombre muy formado académicamente, estaba profundamente impregnado de las Sagradas Escrituras y tenía gran conocimiento de los misterios de la fe. Es considerado poeta de la Virgen, a quien le dedicó 20 himnos; escribía: “María más resplandeciente que el sol, conciliadora de cielo y tierra, paz, alegría y salud del mundo”. Murió el 9 de junio del 373 y es patrono de los directores espirituales.

8 de Junio: San Medardo, Obispo (457 – 545)

Nació en Salency (Francia) en el 457. Desde pequeño, sus padres decían que estaba llamado por la Divina Providencia para algo muy grande, ya que eran muchos los prodigios que se realizaban sobre él. Pasaba muchas horas en la iglesia y entregado a obras de caridad. Estudió teología, y a la par con su conocimiento, crecía su santidad de vida; por lo cual, sus superiores le consideraron preparado para la ordenación sacerdotal. Medardo sabía siempre sacar bien del mal, y buscaba en todo beneficiar a las almas con sumo tacto y caridad, tal es el caso de los ladrones que solía encontrar delinquiendo, a quienes con gran fruto les exhortaba a corregirse de su mala vida, en vez de llevarles a prisión. En el año 530, el santo fue elegido Obispo, y se enfrentó a los restos del paganismo. Trabajó arduamente en la evangelización, usando como arma la bondad y la comprensión. Se entregó de lleno al cuidado paternal de su clero y sus fieles, con total disponibilidad: hasta dar la vida por ellos, si fuese necesario. Murió con gran fama de taumaturgo, el 8 de junio del año 545.

7 de Junio: San Antonio María Gianelli, Obispo y Fundador (1789 – 1846)

Nació en Italia en 1789. Desde joven se inclinó por el servicio de catequista, la atención a las familias labriegas y las obras de caridad. En 1812, después de haber recibido la ordenación sacerdotal, fue profesor de retórica en el Seminario de aquella ciudad, y trabajó intensamente durante diez años en la formación de futuros sacerdotes, que quería que fuesen doctores, pero sobre todo, santos. En dicha diócesis, en el Santuario de la Virgen del Huerto, su devoción a María llegó a su más alto grado. El amor a Cristo era para él un fuego abrasador y ese ardor lo transmitía a todos. En 1829 fundó la Congregación “Hijas de María Santísima del Huerto”, con la misión de cuidar y educar a las niñas huérfanas. Tiempo después, en 1838 fue nombrado Obispo de la diócesis de Bobbio, caracterizándole un gran celo por la salvación de las almas y edificando con su ejemplo al clero que le rodeaba. Muere el 7 de junio de 1846 en Piacenza. Fue canonizado en 1951 por el papa Pío XI.

6 de Junio: San Norberto, obispo (1080-1134)

Nació en Alemania en el año 1080. Su conversión comenzó cuando, siendo miembro de la corte y uno de los más aficionados a los bailes y fiestas, cierto día que iba de camino, un rayo cayó junto a su caballo, derribándole al suelo inconsciente; al volver en sí, cual otro San Pablo, exclamó: “¿Señor, que quieres que yo haga?”, escuchando en su interior la respuesta: “Apártate del mal y haz el bien”. Decidió, entonces, retirarse a un monasterio para hacer penitencia y repartió sus riquezas entre los pobres. Ordenado sacerdote en el año 1115, se propuso cumplir fielmente el Evangelio y difundirlo por todo el mundo. El Pontífice Gelasio II le concedió licencia para esto, y él se entregó al apostolado y la predicación, principalmente en Francia y Alemania. Fundó un monasterio en el monte llamado “Premonstrato” (que da el nombre a la Orden: “Premonstratense”), juntándose a él varios compañeros. El año 1126 fue nombrado Arzobispo de Magdeburgo y se dedicó a la reforma de la vida cristiana, logrando que la fe se propagase a las regiones vecinas, que eran paganas. Murió el año 1134.

5 de Junio: San Bonifacio, obispo y mártir (673 – 754)

Nació en Wessex (Inglaterra), hacia el año 673. Fue educado en el monasterio benedictino de Exeter. Tenía treinta años cuando le ordenaron sacerdote y, en el año 716 viajó a Roma a pedirle al Papa que le señalase su misión. Encauzado hacia Alemania y recibida la bendición del Pontífice, partió el año 719 y permaneció allí tres años, logrando acercar a Dios a gran número de bárbaros. A su regreso a Roma, el Papa lo consagró obispo, cambiándole el nombre por el de Bonifacio y enviándole de vuelta a su misión evangelizadora, a la que se unió gran cantidad de colaboradores que trabajarían con él por la conversión de Alemania. En el año 737 fue nombrado Arzobispo. Fundó varios monasterios y celebró sínodos, en ese país y en Francia, logrando también su comunión con Roma. Al llegar a sus 80 años, regresó a Frisia con varios compañeros; allí miles de habitantes fueron bautizados y el día de Pentecostés serían confirmados, pero el santo, junto a varios feligreses, fueron martirizados por unos paganos el día 5 de junio del 754. Su cuerpo fue sepultado en la abadía de Fulda, que él había fundado.

 

4 de Junio: Beato Felipe Smaldone, presbítero (1848 – 1923)

Nació en Nápoles (Italia), en 1848; en tiempos difíciles debido a los famosos motines acaecidos en su ciudad. Felipe tenía doce años cuando la situación empeoró, la Iglesia era perseguida y no había un futuro prometedor para los jóvenes. Fue en esa época donde, sintiéndose llamado por Dios al sacerdocio y al servicio de la Iglesia, resolvió responder con entereza a su vocación. Siendo estudiante aún, movido por la caridad, se dedicó a la asistencia de los más necesitados, principalmente los sordomudos. El 23 de septiembre de 1871, fue ordenado sacerdote. Pronto inició su labor como catequista, visitaba enfermos, y llegó a fundar, más tarde, un Instituto en Lecce para sordomudos, dando al mismo tiempo alojo a niñas ciegas, huérfanas y abandonadas. Fue en aquel lugar donde fundó también la Congregación de las Hermanas Salesianas de los Sagrados Corazones. Durante su ministerio debió superar grandes e innumerables pruebas que enfrentaba amparado en el Amor de Dios, poniéndose totalmente al servicio de los demás, como canal del Divino Amor. Murió el 4 de junio de 1923, luego de una diabetes complicada, de disturbios cardiocirculatorios y una esclerosis generalizada, llevando todo esto con paciencia y espíritu de sacrificio.

3 de Junio: San Carlos Lwanga y compañeros, mártires (1861-1886)

Entre los años 1885 y 1887 muchos cristianos de Uganda (África) fueron condenados a muerte por el rey Mwanga. Algunos, como los que celebramos hoy, eran cortesanos o muy allegados a la persona del rey. Cuando tenía 20 años, san Carlos llegó a ser líder de los servidores de la corte, e hizo lo posible por evangelizarles y protegerles de los impúdicos deseos de Mwanga, quien se mantuvo pacífico durante 6 meses. Pero en 1886, cuando uno de los pajes del rey se negó a ceder a sus propuestas obscenas, aludiendo haber recibido catequesis por parte de otro de los empleados, el mandatario se encolerizó y ordenó arrestar a todos los que profesaban la religión cristiana. Carlos Lwanga, al ver lo que se aproximaba, bautizó a algunos catecúmenos, y luego fueron martirizados. Por el camino, un joven: Kizito, de 13 años, alentaba a todos al martirio, en sus rostros se notaba el gozo y el amor por Dios. Fueron quemados vivos el 3 de junio mientras proclamaban el nombre de Jesús, y decían: “Podéis quemar nuestros cuerpos, pero no podéis dañar nuestras almas”.

2 de Junio: Santos Marcelino y Pedro, mártires (Siglo IV)

El Papa san Dámaso nos ha dejado noticias de su martirio, oídas del mismo verdugo (convertido al cristianismo por el ejemplo de santidad de estos mártires). Marcelino era un presbítero muy estimado en Roma, y Pedro, un piadoso laico cristiano, agraciado por el Señor con el don de liberación. En tiempos de la persecución del emperador Diocleciano fueron encarcelados por su fe. Allí predicaron el Evangelio y convirtieron al carcelero junto con su familia y a varios presos, lo cual les significó, de parte de las autoridades, la condena a muerte. Se les decapitó en un bosque, pero sus cuerpos fueron trasladados y sepultados en el cementerio de la vía Labicana. Años más tarde, el emperador Constantino construyó una basílica sobre la tumba de los dos mártires, y quiso que allí fuese sepultada su madre, santa Elena. Según crónicas antiguas, ante sus reliquias se obraron numerosos milagros, y así se difundió su culto, acompañado de la plegaria popular: “Marcelino y Pedro poderosos protectores, escuchad nuestros clamores”. Estos santos son mencionados en el Canon Romano (en una de las plegarias eucarísticas más antiguas de la Iglesia), precedidos de los Pontífices Ignacio y Alejandro.

1 de Junio: San Justino, mártir (100 – 165)

Filósofo laico y mártir, nació en Samaría, de familia pagana. Fue el más importante de los Padres apologetas del siglo II. Durante mucho tiempo buscó la verdad, pasando por las diferentes escuelas de la tradición filosófica griega, hasta llegar a la fe cristiana. Un día, un anciano con el que se encontró en la playa, le dijo: “Tú reza ante todo para que se te abran las puertas de la luz, pues nadie puede ver ni comprender, si Dios y su Cristo no se lo conceden”. Después de conocer al Señor, y habiendo abrazado el cristianismo, afirmaba que en él había hallado “la única filosofía segura y provechosa”.

Afirma S.S Emérito Benedicto XVI que: «Con san Justino, los apologetas, firmaron la toma de posición clara de la fe cristiana por el Dios de los filósofos contra los falsos dioses de la religión pagana».  Fundó una escuela en Roma, donde iniciaba a los alumnos en la nueva religión; por este motivo fue denunciado y decapitado en torno al año 165, en el reinado de Marco Aurelio. Escribió diversas obras de apologética; se conservan: el “Diálogo con Trifón” y dos “Apologías”.