12 de Octubre: Nuestra Señora del Pilar, Patrona de España

Es esta la primera aparición de la Virgen aprobada por la Iglesia. La tradición cuenta que el 2 de enero del año 40 d.C, el apóstol Santiago estaba con sus discípulos rezando junto al río Ebro en España, fatigados por la dificultad de la evangelización -pues encontraban gran resistencia por parte de los habitantes de aquel lugar-; entonces oyeron voces de ángeles y vieron a la Virgen María sobre un pilar (es de resaltar que María Santísima aún vivía en Palestina, y que hacía poco tiempo había acontecido la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús nuestro Señor). La Madre de Dios pidió al apóstol que edificase una iglesia en aquel lugar, y que el altar fuese situado junto al pilar donde Ella se hallaba en pie. Santiago, dócil a la petición de la Virgen, comenzó la construcción, dejando antes de volver a Judea -donde fue martirizado-, un presbítero a quien encomendó la atención del Sagrado templo. Esta fiesta coincide con el descubrimiento de América en 1492, siendo signo claro de predilección de nuestra Madre Santísima que auxilia y protege las tierras americanas.

 

11 de Octubre: San Juan XXIII, Papa (1881-1963)

Ángelo Giuseppe Roncalli, nació en Bérgamo (Italia), el año 1881, de familia numerosa, campesina y piadosa. Le caracterizaba la alegría y el amor por la soledad y la lectura. De joven ingresó en el seminario, donde se hizo terciario franciscano. Durante la primera guerra mundial fue capellán en sanidad. En 1925 fue consagrado obispo y enviado como representante de la Santa Sede a Bulgaria, de donde pasó a Turquía y Grecia, y en 1945 a París; allí permaneció hasta que en 1953 Pío XII lo nombró Patriarca de Venecia. Elegido Papa en octubre de 1958, puso de manifiesto ante el mundo su sencillez y generosa bondad, su celo por la unidad de los cristianos y la renovación de la vida cristiana. Entre sus encíclicas cabe destacar “Pacem in terris”. Convocó el Concilio Vaticano II, que fue inaugurado el 11 de octubre de 1962. Murió el 3 de junio de 1963. Fue beatificado por san Juan Pablo II en el año 2000 y canonizado el 27 de abril de 2014 por S.S Francisco. Fue san Juan XXII quien dijo: “Sólo por hoy seré feliz, en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino también en éste”.

10 de Octubre: Siete santos mártires de la Orden Franciscana (1227)

Un año después de morir San Francisco de Asís, cinco Sacerdotes y un hermano lego respondieron con prontitud a la llamada del Señor a predicar el Evangelio en Ceuta (Sur de España). Ángelo, Samuel, Dónulo, León, Hugolino y Nicolás, partieron de Italia con permiso del Hermano Elías, a encontrarse con fray Daniel en España, quien sería su superior. Juntos llegaron a Ceuta y después de unos días, el domingo por la mañana, entraron en la ciudad a predicar el Evangelio. Pronto fueron llevados ante el gobernador Arbaldo, quien los encarceló. Desde entonces las mazmorras se llenaron de luz y las cadenas se rompieron mientras los frailes, con cánticos jubilosos, alababan y bendecían a Dios. El Gobernador acudió a verificar lo sucedido y se esforzó por hacerles apostatar; ante la perseverancia de los frailes, sentenció que fuesen decapitados. Antes de su ejecución cada uno se acercó al padre Daniel, a pedir su bendición y permiso para morir por Cristo. San Daniel es ahora el patrono de esa ciudad.

9 de Octubre: San Luis Beltrán, presbítero (1526-1581)

Nació en Valencia, (España) en 1.526. Fue ordenado sacerdote dominico por santo Tomas de Villanueva al que imitó siendo muy humilde y obediente en grado heroico. Se le encomendó ser formador de los futuros religiosos como maestro de novicios. Era estricto y exigente, pero a la vez bondadoso y amable, por lo que era respetado y amado. Para librarse del deseo de sobresalir, colocó en la puerta de su habitación un letrero con la frase de san Pablo: “Si lo que busco es agradar a la gente, ya no soy servidor de Cristo”. Fue enviado a evangelizar el norte de Colombia, a los indígenas. No conocía su dialecto, pero el Señor le concedió don de lenguas y así pudo comunicarse con ellos. En casi 7 años, convirtió a miles de indígenas, desde Panamá al golfo de Urabá. En los registros escritos por él mismo, señala que bautizó a 15.000 personas. En 1.569 fue destinado nuevamente a España para seguir con la formación de los futuros misioneros. Les insistía que la predicación siempre debe ir acompañada de buenas obras: “se predica con la palabra y con la vida -decía. Murió el 9 de octubre de 1581.

8 de Octubre: Santas Pelagia (+468) y Tais (+348), penitentes

El culto a estas dos santas se remonta a los primeros siglos de la cristiandad, y se les conoce como poderosas intercesoras por los pecadores empedernidos, para que, como ellas, sean iluminados por la luz de la gracia y alcancen verdadera contrición de corazón:

Antioquía era el escenario de los bailes y actuaciones de Pelagia, que veía el bien donde se hallaba el mal hasta que, movida por la curiosidad entró en un templo cristiano y, escuchando predicar al obispo Nono, sintió estremecerse su corazón, se convirtió y recibió el santo Bautismo. Desde entonces, cambió sus joyas y adornos por la penitencia. Se trasladó al Monte de los Olivos en Jerusalén donde vivió en fervoroso ascetismo hasta su muerte.

Tais recibió formación cristiana, pero se dejó llevar por el atractivo de las riquezas y el placer. Vivía entre el lujo y la prostitución en Alejandría. San Pafnucio, que la recordaba de años atrás, oraba y hacía penitencia por su conversión, lo cual dio grandes frutos. Cuando se encontró con el santo prelado, Tais, con lágrimas en los ojos imploró el perdón de sus pecados y recurrió a la misericordia de Dios. Murió penitente alrededor del 348.

7 de Octubre: Nuestra Señora, la Virgen del Rosario

En 1208, la Santísima Virgen María se apareció a santo Domingo de Guzmán, enseñándole el rezo Santo Rosario, con el deseo expreso de propagarlo y utilizarlo como arma poderosa contra los enemigos de la Fe. En el siglo XVI, el islam amenazaba con invadir todos los territorios cristianos de Europa. El 7 de octubre de 1571 antes de la Batalla de Lepanto, en la que los seguidores de Cristo se enfrentarían a los turcos, la flota cristiana rezó el Santo Rosario con gran devoción y el resultado fue la victoria absoluta. En el aniversario de esta batalla, el Papa san Pío V instauró una fiesta en honor a Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las letanías marianas el título de “Auxilio de los cristianos”. Gregorio XIII, su sucesor, cambió el nombre de la festividad por el de Nuestra Señora del Rosario, en razón de otro triunfo conseguido en 1716 con la intercesión de María Santísima. Posteriormente, Clemente XI ordenó que esta fiesta se celebrase en toda la Iglesia. Desde la aparición a santo Domingo, la Virgen siempre ha pedido en sus apariciones -especialmente en Lourdes (1858) y Fátima (1917)- el rezo del Santo Rosario (meditando la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo de la mano de nuestra Santísima Madre), numerosos santos y Papas han difundido esta devoción.

 

6 de Octubre: San Bruno, presbítero y fundador (1030-1101)

Nació en Colonia (Alemania), en el año 1030. Desde joven demostró tener grandes cualidades intelectuales y de dirección espiritual. Fue ordenado sacerdote y designado profesor de teología durante 18 años. Después, deseoso de dedicarse totalmente a la vida de oración y penitencia, ingresó en un monasterio. Sin embargo, su anhelo de silencio total y renuncia al mundo se acrecentaban cada vez más, por lo que decidió irse a un sitio más apartado llamado Cartuja, junto con otros seis compañeros. San Bruno redactó una nueva regla para los monjes, caracterizada por su gran austeridad, que incluía un perpetuo silencio, no comer carne nunca y sólo recibir visitas una vez al año. Fue director espiritual de san Hugo. El Papa Urbano II, que antes había sido su discípulo, quiso tenerlo como consejero, de modo que el santo hubo de trasladarse a Roma acompañado por otros monjes, fundando allí un convento con la misma regla. De esta manera se inició la conocida Orden de los Cartujos. San Bruno murió el 6 de octubre del 1101.

5 de Octubre: Santa Faustina Kowalska, virgen (1905 – 1938)

Nació en Glogowiec (Polonia) en 1905 y le bautizaron con el nombre de Elena. Fue educada en la fe y desde los siete años conoció su vocación a la vida religiosa. Recibió la Primera Comunión a la edad de nueve años. Sus padres le prohibieron ingresar en el convento y, ante la negativa, Elena se entregó a las vanidades del mundo. Así, durante una fiesta, tuvo la visión de Jesús cubierto de heridas, lo cual movió su corazón a responder a su llamada. Se trasladó a Varsovia, donde ingresó en la Congregación de las “Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia”. En 1926, vistió el hábito religioso como novicia y recibió el nombre de sor María Faustina. Cumplía sus deberes con fervor, viviendo con gran piedad, recogimiento y alegría, y sirviendo con amor desinteresado al prójimo. Padeció grandes sufrimientos y debilidades, pero siempre permaneció fiel al Señor, recibiendo de Él importantes revelaciones acerca de su Divina Misericordia, por ello se le conoce como su apóstol. Falleció en olor de santidad el 5 de octubre de 1938, con 33 años.

4 de Octubre: San Francisco de Asís, fundador (1182 – 1226)

Hijo de rico comerciante de Asís (Italia), nació en 1182. En su juventud, las fiestas y banquetes eran su mayor preocupación. Se alistó en el ejército en tiempos de las cruzadas, pero una extraña enfermedad le apartó de la milicia. Estando convaleciente, cerca del campo de batalla, escuchó en sueños una voz que le decía: “¿Por qué sigues al siervo y no al Señor?” Reconociendo que era un aviso del cielo, Francisco regresó a su casa. Y como narra S.S Emérito Benedicto XVI «comenzó en él un lento proceso de conversión espiritual que lo llevó a abandonar gradualmente el estilo de vida mundano que había practicado hasta entonces. Se remontan a este período los célebres episodios del encuentro con el leproso, al cual Francisco, bajando de su caballo, dio el beso de la paz, y del mensaje del Crucifijo en la iglesita de San Damián. Cristo en la cruz tomó vida en tres ocasiones y le dijo: “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”. Este simple acontecimiento de escuchar la Palabra del Señor en la iglesia de san Damián esconde un simbolismo profundo. En su sentido inmediato san Francisco es llamado a reparar esta iglesita, pero el estado ruinoso de este edificio es símbolo de la situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquel tiempo, con una fe superficial que no conforma y no transforma la vida, con un clero poco celoso, con el enfriamiento del amor; una destrucción interior de la Iglesia que conlleva también una descomposición de la unidad, con el nacimiento de movimientos heréticos». Después de despojarse de todo y, vistiéndose con un rudo saco ceñido con una cuerda, Francisco comenzó a predicar con su vida el Amor de Cristo. El Señor recompensó su entrega, concediéndole hermanos que querían vivir el Evangelio con radicalidad; junto a ellos viajó a Roma para pedir aprobación del Santo Padre. Pronto la Orden de frailes menores se extendió por Italia, Francia y España. El Santo redactó la llamada “Regla definitiva” entre ayunos y oraciones, y fue aprobada en 1223. Recibió los estigmas del Señor y en sus últimos años quedó ciego y rodeado de sufrimientos, pero siguió siendo un apóstol incansable y enamorado de Cristo. Murió el 4 de octubre de 1226.

3 de Octubre: San Francisco de Borja, presbítero (1510-1572)

Nació en 1510 en Gandía (España), en el seno de una familia de la realeza. Joven aún, entró al servicio de la corte y contrajo matrimonio, que fue modelo de armonía y fidelidad, dando como fruto ocho hijos. Nombrado virrey de Cataluña heredó, al morir su padre, el ducado de Gandía. Cuando falleció la reina de España, Francisco fue encargado de llevar su cadáver para sepultarlo. Al abrir el ataúd para cerciorarse de que era la reina, el santo quedó tan impresionado que tomó la resolución de “no servir nunca más a un señor que pudiese morir”. Este hecho marcó el inicio de su conversión, empezó a visitar pobres y a vincularse con religiosos y sacerdotes. Después de la muerte de su esposa y concluida la educación de sus hijos, ingresó en la Compañía de Jesús y fue ordenado sacerdote en 1551. Tres años más tarde, san Ignacio le nombró superior provincial en España, donde el número de casas de la congregación creció admirablemente; su formación se basaba en la oración y los sacramentos, la oposición a la mentalidad del mundo y la perfecta obediencia. Al morir san Ignacio, lo remplazó el Padre Laínez, y a éste, san Francisco, como superior general de la Compañía, hasta que partió hacia la eternidad el 30 de septiembre de 1572.