6 de Agosto: Santos Justo y Pastor, mártires (+ 304)

Justo y Pastor, hermanos nacidos en Alcalá de Henares (Madrid), cuando tenían 7 y 9 años aproximadamente asistían a la escuela, pero al ver el ejemplo de tantos cristianos que confesaron su fe con la muerte, un día se presentaron ante Daciano a confesarse discípulos de Jesucristo, y el procónsul los mandó degollar. Estos mártires hispanorromanos ejecutados en el 304 en su ciudad natal, murieron en la llamada “Gran persecución”, la del emperador Diocleciano. El poeta cristiano Aurelio Prudencio, en su poema Peristephanon dice de ellos: “Siempre será una gloria para Alcalá el llevar en su regazo la sangre de Justo con la de Pastor, dos sepulcros iguales donde se contiene el don de ambos: sus preciosos miembros”.

San Ildefonso de Toledo en su obra Varones ilustres, dice: “Mientras eran conducidos al lugar del suplicio mutuamente se estimulaban los dos corderitos. Porque Justo, el más pequeño, temeroso de que su hermano desfalleciera, le hablaba así: “No tengas miedo, hermanito, recibe tranquilo el golpe de la espada”…”

Una parte de sus restos reposan desde 1568 en la “Santa e Insigne Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor” en Alcalá (España).

5 de Agosto: Dedicación de la Basílica de Santa María (Ntra. Sra. de las Nieves)

En la segunda mitad del siglo IV, vivía en Roma un matrimonio de la nobleza que, por no haber tenido hijos, pedían a la Madre de Dios que les iluminase sobre cuál era la Divina Voluntad sobre su herencia. La Virgen les declaró en sueños y, por separado, su deseo de que fuese levantado un templo en su honor, en el lugar que apareciese cubierto de nieve. Los esposos contaron su visión al Papa Liberio, a quien el Señor le había revelado lo mismo. La noche del 4 de agosto, en pleno verano, encontraron cubierto de nieve el monte Esquilino, por lo cual dispusieron allí la construcción del templo. En el siglo V, fue reconstruida por el Papa Sixto III y consagrada a la Virgen; el Concilio de Éfeso (431) precisamente había proclamado el dogma de la Maternidad Divina de María (en griego Theotokos). Actualmente en las celebraciones Eucarísticas solemnes, se dejan caer del techo pétalos de rosas blancas, en recuerdo del milagro y las incontables gracias recibidas.

4 de Agosto: San Juan María Vianney, presbítero (1786- 1859)

Conocido como el “Cura de Ars”, nació en Dardilly (Francia), donde perteneció a una familia cristiana. Se sintió llamado al sacerdocio, pero el estudio del latín le suponía un grandísimo esfuerzo. Así, antes de ser ordenado sacerdote en 1815, hubo de superar numerosos obstáculos (entre los que se contaba la difícil situación de su país en aquel tiempo). Luego de esto, fue enviado como párroco a la pequeña aldea de Ars. Pronto su fama de confesor y médico de almas atravesó las fronteras de Francia. Si bien, el orfanato que fundó era su obra preferida, dedicó largas horas a dispensar el Sacramento de la Reconciliación; muchos sacerdotes, religiosos y fieles de distintos países, acudían buscando su consejo. Había sido dotado por Dios de un agudo sentido común, perspicacia y discreción de espíritus. El dinero que le donaban lo destinaba a las limosnas, alimentar a sus huérfanos y embellecer la liturgia de su Parroquia. Recibió el don de conocimiento sobrenatural, por el que penetraba el pasado y el futuro, y el carisma de sanación. La pureza y la mortificación le caracterizaron desde su juventud hasta su muerte. Es patrono de los sacerdotes y párrocos.

3 de Agosto: Beato Agustín Kazotic, obispo y mártir (1260-1323)

Nació en el 1260 en Trogir, Dalmacia (actual Croacia). Ingresó a los 15 años al convento de los dominicos. Al terminar sus estudios, en 1280, fue enviado a París y luego a Hungría, donde entabló una profunda amistad con el futuro Papa Benedicto XI, quién en 1303, lo consagró como Obispo de Zagreb. Allí vivió entre luchas internas en torno al tema de la sucesión al trono, durante 20 años, pero al fin el Señor trajo la paz. En 1322, el Papa le asignó la diócesis de Lucera, en el sur de Italia, donde vivían miles de musulmanes sarracenos. El santo desarrolló una gran obra de ayuda en favor de los pobres y necesitados, fundó varios conventos de la orden de los predicadores, y así ayudó a reconstruir la presencia cristiana. Después de un año, había logrado tanto con su trabajo que algunos musulmanes se enojaron con él, y uno de ellos le golpeó en la cabeza con un eje de hierro. Así falleció el 3 de agosto de 1323.

2 de Agosto: San Pedro Julián Eymard, presbítero y fundador (1811-1868)

Nació en Grenoble (Francia), entró al seminario en 1831 y fue ordenado sacerdote tres años después. La devoción al Santísimo Sacramento fue siempre el motor de su corazón, llegando a afirmar: “Sin Él, perdería yo mi alma”. Esto le llevó a fundar, en 1856, la Congregación de Sacerdotes adoradores del Santísimo Sacramento. Es considerado el apóstol de la Eucaristía. Previamente en 1839, había ingresado en la Compañía de María, donde llegó a ser provincial de Francia y director de la Tercera Orden. Fundó la Congregación de las Siervas del Santísimo Sacramento en 1852 (dedicadas a la adoración perpetua y a propagar el amor al Señor). También, la Liga Eucarística Sacerdotal y la Obra de Adultos. Organizó la Archicofradía del Santísimo Sacramento y escribió obras sobre la Eucaristía. Después de múltiples dificultades, en julio de 1868, desgastado, muy delgado e incapaz de probar comida, llega a La Mure para descansar. Por el intenso calor y cansancio, llega casi sin conocimiento y con una parálisis parcial. Muere en agosto de ese año.

1 de Agosto: San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia (1696-1787)

Nació cerca de Nápoles el 27 de septiembre de 1696, primogénito de siete hermanos. De niño, su familia recibió la visita de san Francisco Jerónimo, que profetizó del santo que iba a vivir noventa años, sería obispo y haría mucho bien. A sus 16 años de edad, obtuvo el doctorado en Derecho civil y canónico. Para proteger la pureza de su alma, acudía a dirección espiritual, visitaba a Jesús Sacramentado, rezaba fervientemente a la Virgen y huía de las malas conversaciones.  Pese a su brillante carrera en el Derecho y sus amplios conocimientos en diversas materias y artes, vivía temeroso de ofender a Dios por el afán de las cosas de este mundo. De hecho, siempre decía a sus compañeros: “Amigos, en el mundo corremos peligro de condenarnos”. Fue ordenado sacerdote a los 30 años y su episcopado duró trece años, aunque pidió renunciar. Entre su prolífica obra, destacan La Vocación Religiosa” y “Las Glorias de María” (que ha sido traducida a 70 idiomas). Murió el 1 de agosto de 1787.

31 de julio: San Ignacio de Loyola, presbítero y fundador (1491-1556)

Nació en 1491 en el castillo de Loyola (España), en una familia distinguida. Inició la carrera militar, pero a sus treinta años, fue gravemente herido defendiendo la ciudad de Pamplona. En su convalecencia, leyó la vida de Cristo y algunas vidas de santos que le producían gran alegría; y pensaba: “¿por qué no tratar de imitarlos?”. Apenas mejoró su salud, fue al Santuario de la Virgen de Monserrat a hacer penitencia. Cambió sus lujosos vestidos por los de un pordiosero, se consagró a la Virgen Santísima e hizo confesión de toda su vida. Se instaló en una cueva, en Manresa, camino de Roma, dedicándose a la oración y meditación. Allí el Señor le inspiró los Ejercicios Espirituales, base de su espiritualidad. Viajó a París, donde conoció e influyó sobremanera en la conversión de san Francisco Javier, que fue co-fundador de la Compañía de Jesús, junto a cinco compañeros más. En Roma, el Papa Pablo III, avaló su ordenación sacerdotal. Su lema era: “Todo para mayor gloria de Dios”. Murió un 31 de julio, a la edad de 65 años. Es patrono de los Ejercicios Espirituales.

30 de julio: San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia (380 – 450)

Nacido en Imola (Italia) hacia el año 380. Una vez realizados los estudios sagrados, siendo educado especialmente en una profunda virtud enraizada en la abnegación y la oración, fue ordenado sacerdote. Permaneció en su ciudad natal, hasta que en el año 424 fue elegido obispo de Ravena. Su ardiente celo le llevó a trabajar sin tregua por la renovación de las costumbres paganas de sus fieles, que veían en su pastor una modestia ejemplar y eran alimentados por él con el manjar espiritual de la Palabra, que exponía con exquisita claridad y sabiduría en sus sermones, así como en sus escritos, lo cual le valió el apelativo de Crisólogo (boca de oro), y el ser declarado Doctor de la Iglesia por el Papa Benedicto XIII . San Pedro exhortaba a su grey a hacer de la Sagrada Eucaristía su alimento cotidiano. Era también manifiesta la gran caridad de este santo obispo, a nadie le era ajena su gran solicitud, incluso el emperador Valentiniano y su madre le tenían gran aprecio, y el Papa san León Magno hallaba en él un pastor de suma confianza. Después de una vida entregada en santo ministerio, falleció alrededor del año 450.

 

29 de julio: Santa Marta, virgen (s. I)

Vivía en Betania con sus hermanos: Lázaro y María. El Señor solía ir a su casa por el amor que les tenía, y ellos eran conscientes de la dicha que era servir al Maestro. Cuando Jesús va a resucitar a Lázaro, es ella quien sale a su encuentro. Días previos a su Pasión, el Salvador cenó en su casa, siendo atendido esmeradamente por Marta (Cf. Lc 10, 38-42).  La tradición cuenta que luego de la muerte de Jesús, la santa partió con sus hermanos a Marsella (Francia), donde ayudó a capturar un animal que estaba haciendo mucho daño al pueblo; por ese hecho y por su predicación, muchos se convirtieron y recibieron el Bautismo. Por ser diligente, ingeniosa, cuidadosa y ordenada, es la patrona de las amas de casa.

28 de julio: Santa Alfonsa de la Inmaculada Concepción, religiosa (1910-1946)

Bautizada con el nombre de Annakutty, nació en 1910 en Kudamalur (India). Tres meses tenía cuando murió su madre, por lo que pasó sus primeros años con sus abuelos. En 1920, es trasladada a Muttuchira, a casa de su tía Anna Murickal, mujer severa y exigente, que estaba determinada a procurarle un ventajoso matrimonio. La virtud de la santa se manifestó al aceptar esto como senda de humildad y paciencia por amor a Cristo, hasta que, en 1928, logra ingresar al instituto de las Franciscanas Clarisas, tomando el nombre de Alfonsa de la Inmaculada Concepción. Vistió el hábito en 1931 e hizo su profesión perpetua en 1936. Este período estuvo caracterizado por graves enfermedades y sufrimientos morales, por lo que durante largo tiempo no pudo ejercer ninguna tarea. Padecía de tuberculosis y desde 1939 sufría intensos dolores, soportándolos con grande paciencia y serenidad de espíritu hasta el día de su muerte, el 28 de julio de 1946. Su lema era: “Consumirse como una vela para iluminar a los demás”.