14 de Junio: San Juan Francisco Regis, presbítero (1597 – 1640)

Nació en Francia en 1597. A los diecisiete años ingresó en el noviciado jesuita de Toulouse, donde su fervor y sencillez edificaban grandemente a sus compañeros. A los 33 años fue ordenado sacerdote, dio clases en colegios y se dedicó a predicar en zonas pobres dominadas por protestantes. Su bondad y simplicidad a la hora de explicar, logró atraer hasta a los más analfabetos. Un testigo dijo: Lo que a mí me admira es que un hombre de tan pobre presencia y con sotana raída diga lo que todos dicen, sin adornos, y a veces tan duro en su hablar, con tan gran inspiración divina, que uno no es capaz de escucharle y seguir con sus pecados”. Trabajó en socorro de prostitutas, pobres y enfermos. En 1640 enfermó de pleuresía, pero aun así continuó con sus actividades. Antes de morir dijo a un hermano: Oh, hermano, veo a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me abren el paraíso”, y exclamó: Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Falleció el 31 de diciembre de 1640. San Juan María Vianney y san Marcelino Champagnat fueron grandes devotos suyos, y atribuyeron a su intercesión el haber podido superar cuanto dificultaba su ingreso al seminario.

 

13 de Junio: San Antonio de Padua, presbítero (1195 – 1231)

Nació en Lisboa (Portugal) en 1195, en el seno de una familia noble. Educado en la escuela de la catedral, entró en el Monasterio de san Vicente, de los Canónigos Regulares de san Agustín, pasando después a Coimbra, donde completó su formación humanística y teológica.  Poco después de su ordenación sacerdotal, ingresó en la Orden de Frailes Menores, con la intención de dedicarse a propagar la fe cristiana en África. Sin embargo, fue en Francia e Italia donde ejerció con gran provecho sus dotes de predicador y taumaturgo, logrando convertir a muchos herejes. Había recibido, además, el don de bilocación y se narra que, en la oración, el Niño Jesús reposaba en sus brazos. Fue el primero en ser autorizado por san Francisco de Asís para enseñar teología a sus hermanos de comunidad. Escribió varios sermones llenos de doctrina y erudición. El 13 de junio de 1231, recibió los últimos sacramentos, entonó un canto a la Virgen, a quien amaba con gran ternura y, antes de partir a la Casa del Padre, dijo sonriente: Veo venir a Nuestro Señor”. Fue canonizado un año después de su fallecimiento.

12 de Junio: San Juan de Sahagún, Eremita y Predicador (1430 – 1479)

Nació en Sahagún, España, 1430 y fue educado por los Benedictinos. Cierto día cayó enfermo y era necesario practicarle una cirugía; el santo, acudiendo a Dios en la oración, le prometió que, de ser curado, se haría religioso. Una vez recibida la gracia de la sanación, ingresó en el convento agustino de Salamanca. Ordenado sacerdote, fue un predicador muy elocuente, suscitando numerosas conversiones. Exhortaba a los ricos a corregirse de los abusos que cometían escudados en su condición social sobre los menos favorecidos. Pedía limosna y ayudaba a los necesitados; a las jóvenes en peligro les buscaba familias que las cuidasen. Realizó en vida muchos milagros entre los que se recuerda que, un día, un niño cayó a un pozo y el santo hizo subir el nivel del agua y lanzó su cíngulo para que el chico se agarrase, consiguiendo así salvarlo. También se dice que, con sus oraciones, Salamanca se libró de la peste del tifo negro. Murió a los 49 años, en 1479, envenenado por la ex-amante de un hombre convertido por su predicación.

11 de Junio: San Bernabé, Apóstol (S.I.)

A pesar de que San Bernabé no fue uno de los doce elegidos por Jesucristo, es considerado Apóstol por los primeros padres de la Iglesia, aún por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su activa tarea apostólica. Fue de los primeros convertidos en Jerusalén. Bernabé era un judío de la tribu de Levi que había nacido en Chipre; su nombre original era José, pero los Apóstoles lo cambiaron a Bernabé que significa ‘hombre esforzado’. Se le menciona en las Sagradas Escrituras, en el cuarto capítulo de los Hechos de los Apóstoles. El Santo fue elegido para llevar el Evangelio a Antioquía, e instruir y guiar a los neófitos; para esta misión viajó con San Pablo. Los dos predicadores obtuvieron gran éxito; Antioquía se convirtió en el gran centro de evangelización y fue ahí donde, por primera vez, se dio el nombre de Cristianos a los fieles seguidores de Cristo. Además intervino en el Concilio de Jerusalén.

Vuelto a su patria, predicó el Evangelio y allí murió (alrededor del año 60 ó 61). Se dice que fue apedreado. Otra tradición nos lo presenta como predicador en Alejandría y en Roma y además como primer obispo de Milán.

10 de Junio: Beato Juan Dominici, Cardenal y Teólogo (1376 – 1419)

Nació el año 1376 en Italia, en una familia humilde. A los dieciocho años ingresó en la Orden de Predicadores, pese a cierta oposición por su falta de educación y su tendencia a tartamudear, lo cual contrastaba con su extraordinaria capacidad de memoria. En poco tiempo se convirtió en uno de los mejores teólogos de su época y en un predicador elocuente. Apoyó decididamente la reforma emprendida por el beato Raimundo de Capua y abrió muchos conventos. Su apostolado se interrumpió en 1399 por una orden judicial, ya que fue expulsado a Florencia, donde aprovechó para entregarse con gran celo a la predicación. Con frecuencia se alimentaba únicamente de pan y agua, durmiendo muy poco y sobre un saco. Vestía de manera pobre, pero con limpieza. También se preocupó por los problemas de fe y costumbres suscitados por el humanismo imperante de la época. Compuso diversas obras, entre ellas “Lúcula Noctis” (Lucecilla de la noche). El papa Gregorio XII lo nombró su consejero y después, en 1408, Arzobispo de Ragusa y Cardenal. Murió en Hungría el 10 de junio de 1419.

9 de Junio: San Efrén, Diácono y Doctor de la Iglesia (306 – 373)

Nació en Nísibe (Siria) hacia el año 306, perteneciente a una familia cristiana. A los dieciocho años fue ordenado diácono y ejerció dicho ministerio en su patria y en Edesa, de cuya escuela teológica es iniciador. Alcanzó gran fama como maestro, orador, poeta, comentarista y defensor de la fe. Es el único de los Padres sirios a quien se honra como Doctor de la Iglesia Universal.  En Siria, tanto católicos como otros cristianos le llaman “Arpa del Espíritu Santo”, y todos han enriquecido la liturgia con sus homilías y sus himnos. A pesar de no haber sido un hombre muy formado académicamente, estaba profundamente impregnado de las Sagradas Escrituras y tenía gran conocimiento de los misterios de la fe. Es considerado poeta de la Virgen, a quien le dedicó 20 himnos; escribía: “María más resplandeciente que el sol, conciliadora de cielo y tierra, paz, alegría y salud del mundo”. Murió el 9 de junio del 373 y es patrono de los directores espirituales.

8 de Junio: San Medardo, Obispo (457 – 545)

Nació en Salency (Francia) en el 457. Desde pequeño, sus padres decían que estaba llamado por la Divina Providencia para algo muy grande, ya que eran muchos los prodigios que se realizaban sobre él. Pasaba muchas horas en la iglesia y entregado a obras de caridad. Estudió teología, y a la par con su conocimiento, crecía su santidad de vida; por lo cual, sus superiores le consideraron preparado para la ordenación sacerdotal. Medardo sabía siempre sacar bien del mal, y buscaba en todo beneficiar a las almas con sumo tacto y caridad, tal es el caso de los ladrones que solía encontrar delinquiendo, a quienes con gran fruto les exhortaba a corregirse de su mala vida, en vez de llevarles a prisión. En el año 530, el santo fue elegido Obispo, y se enfrentó a los restos del paganismo. Trabajó arduamente en la evangelización, usando como arma la bondad y la comprensión. Se entregó de lleno al cuidado paternal de su clero y sus fieles, con total disponibilidad: hasta dar la vida por ellos, si fuese necesario. Murió con gran fama de taumaturgo, el 8 de junio del año 545.

7 de Junio: San Antonio María Gianelli, Obispo y Fundador (1789 – 1846)

Nació en Italia en 1789. Desde joven se inclinó por el servicio de catequista, la atención a las familias labriegas y las obras de caridad. En 1812, después de haber recibido la ordenación sacerdotal, fue profesor de retórica en el Seminario de aquella ciudad, y trabajó intensamente durante diez años en la formación de futuros sacerdotes, que quería que fuesen doctores, pero sobre todo, santos. En dicha diócesis, en el Santuario de la Virgen del Huerto, su devoción a María llegó a su más alto grado. El amor a Cristo era para él un fuego abrasador y ese ardor lo transmitía a todos. En 1829 fundó la Congregación “Hijas de María Santísima del Huerto”, con la misión de cuidar y educar a las niñas huérfanas. Tiempo después, en 1838 fue nombrado Obispo de la diócesis de Bobbio, caracterizándole un gran celo por la salvación de las almas y edificando con su ejemplo al clero que le rodeaba. Muere el 7 de junio de 1846 en Piacenza. Fue canonizado en 1951 por el papa Pío XI.

6 de Junio: San Norberto, obispo (1080-1134)

Nació en Alemania en el año 1080. Su conversión comenzó cuando, siendo miembro de la corte y uno de los más aficionados a los bailes y fiestas, cierto día que iba de camino, un rayo cayó junto a su caballo, derribándole al suelo inconsciente; al volver en sí, cual otro San Pablo, exclamó: “¿Señor, que quieres que yo haga?”, escuchando en su interior la respuesta: “Apártate del mal y haz el bien”. Decidió, entonces, retirarse a un monasterio para hacer penitencia y repartió sus riquezas entre los pobres. Ordenado sacerdote en el año 1115, se propuso cumplir fielmente el Evangelio y difundirlo por todo el mundo. El Pontífice Gelasio II le concedió licencia para esto, y él se entregó al apostolado y la predicación, principalmente en Francia y Alemania. Fundó un monasterio en el monte llamado “Premonstrato” (que da el nombre a la Orden: “Premonstratense”), juntándose a él varios compañeros. El año 1126 fue nombrado Arzobispo de Magdeburgo y se dedicó a la reforma de la vida cristiana, logrando que la fe se propagase a las regiones vecinas, que eran paganas. Murió el año 1134.

5 de Junio: San Bonifacio, obispo y mártir (673 – 754)

Nació en Wessex (Inglaterra), hacia el año 673. Fue educado en el monasterio benedictino de Exeter. Tenía treinta años cuando le ordenaron sacerdote y, en el año 716 viajó a Roma a pedirle al Papa que le señalase su misión. Encauzado hacia Alemania y recibida la bendición del Pontífice, partió el año 719 y permaneció allí tres años, logrando acercar a Dios a gran número de bárbaros. A su regreso a Roma, el Papa lo consagró obispo, cambiándole el nombre por el de Bonifacio y enviándole de vuelta a su misión evangelizadora, a la que se unió gran cantidad de colaboradores que trabajarían con él por la conversión de Alemania. En el año 737 fue nombrado Arzobispo. Fundó varios monasterios y celebró sínodos, en ese país y en Francia, logrando también su comunión con Roma. Al llegar a sus 80 años, regresó a Frisia con varios compañeros; allí miles de habitantes fueron bautizados y el día de Pentecostés serían confirmados, pero el santo, junto a varios feligreses, fueron martirizados por unos paganos el día 5 de junio del 754. Su cuerpo fue sepultado en la abadía de Fulda, que él había fundado.