27 de Noviembre: Virgen de la Medalla Milagrosa

Santa Catalina Labouré, religiosa vicentina, recibió en 1830 cuatro apariciones de nuestra Madre Santísima, en su convento de París. Vestida de blanco con un manto azul, la Virgen le comunicó la misión, la cual le fue indicada de modo específico en la aparición del 27 de noviembre de dicho año, cuando la Madre del Salvador le encargó acuñar una medalla: Su santa imagen pisando la serpiente que está sobre el mundo; de manos de María salían rayos de luz simbolizando las gracias que derrama sobre la humanidad, y alrededor de Ella la inscripción: “Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos” ; en el reverso, envuelto en un óvalo de doce estrellas de  la letra M sobre la que se dibuja una cruz y debajo los Sagrados Corazones de Jesús y María. Resalta de modo especial en esta advocación el deseo de nuestra Señora de ser invocada por sus hijos, para llevarles auxilio y concederles la conversión de corazón; de allí que la mencionada medalla haya tenido tan gran trascendencia en lo sucesivo, pues llevándola con fe y deseo de volver a Dios, muchos obtuvieron innumerables gracias y milagros, lo cual llevó a que, de llamarla “de la Inmaculada Concepción”, la conociéramos popularmente como “Medalla Milagrosa”.

26 de Noviembre: San Leonardo de Porto Mauricio (1676-1751)

Nació en Porto Mauricio, Italia, en el seno de una familia de marinos. Siendo niño aún, fue enviado a estudiar a Roma, donde adquirió sólida formación espiritual. A la edad de 21 años sintió el llamado a la vida religiosa e ingresó a los franciscanos, tiempo después fue ordenado sacerdote. Vivía la pureza de la regla en un férreo aislamiento del mundo y sus seducciones. Escribió sus Propósitos, programa en el que detalla su lucha por la perfección. Consideraba como coraza espiritual la santa Eucaristía, el Oficio Divino y la oración mental, a la que llamaba “mi pan cotidiano”. Amante del Vía Crucis y de la Santísima Virgen María, decía que cada obra que se hiciera debía llevar la etiqueta de la pura intención. Repetía continuamente la jaculatoria “Jesús mío, misericordia”. Su vocación era enriquecida entre la acción y la contemplación; contemplativo de corazón, dedicó 44 años a recorrer lugares con los pies descalzos predicando al crucificado. Los sermones de San Leonardo eran tan populares que se llevaban a cabo en las plazas, pues los oyentes no cabían en los templos, además abundaban las conversiones admirables que el Señor hacía por su intercesión. Se anticipó a la lluvia de rosas de santa Teresita y decía: “Cuando muera, revolucionaré el paraíso y obligaré a los ángeles, a los apóstoles, a todos los santos, a que hagan una santa violencia a la Santísima Trinidad para que mande hombres apostólicos y llueva un diluvio de gracias eficacísimas que conviertan la tierra en Cielo”. Leonardo murió en el año 1751, a la edad de 75 años tras haber llevado a cabo muchísimas misiones en Italia. Fue canonizado el 29 de junio de 1867.

25 de Noviembre: Santa Catalina de Alejandría (287-305)

Era una joven muy bien educada del siglo IV, en quien resaltaba su agudeza, ingenio, sabiduría y fortaleza y a quien apasionaba el deseo de la verdad. Había recorrido varias escuelas de filosofía, pero al parecer, después del encuentro con un ermitaño creyó en nuestro Señor Jesucristo y se hizo bautizar, tenía 18 años. Predicó el Evangelio de Cristo en Alejandría, Egipto, y se presentó ante el emperador Maximino para reprocharle su idolatría, la cual con edicto había impuesto al imperio. Puesta a prueba frente a 50 filósofos, proclamó tan llena del Espíritu Santo la verdadera fe, que éstos terminaron por convertirse al cristianismo y fueron condenados a muerte junto con Catalina, que, puesta en la cárcel movió con su testimonio a la emperatriz y al jefe de las fuerzas armadas a abrazar el cristianismo. Según la tradición, antes de ser decapitada, la colocaron entre dos ruedas con ganchos con intención de destrozarla, pero por un prodigio divino, aquel cruel instrumento de tortura fue despedazado por un rayo. Es protectora de las esposas, las vírgenes, los niños y los que trabajan con ruedas y cuchillos.

24 de Noviembre: San Andrés Dung-Lac y compañeros Mártires (1785- 1839)

El catolicismo comenzó en Vietnam en el siglo XVI. La Iglesia vietnamita señala que han existido un total de 53 edictos que, durante más de dos siglos, fueron decretados contra los cristianos en una de las persecuciones más crueles de la historia religiosa, estimándose en unos 130.000 la cifra de sus víctimas. De éstas, 117 fueron canonizadas, siendo San Andrés Dung-Lac el primero. Procedente de una familia muy humilde, san Andrés fue vendido a la edad de ocho años por sus padres y después de varias travesías conoció a un misionero cristiano, que se encargó de educarlo y formarlo en la fe hasta que Andrés fue ordenado sacerdote. El santo presbiterio fue perseguido por su fe y arrestado en tres ocasiones. Sus perseguidores le incitaron a la apostasía, pero él se negó, por eso le decapitaron. Se desconoce el paradero de su cadáver, pues todos los mártires de la fe en el territorio han sido enterrados de manera anónima, pero su recuerdo permanece. Fue canonizado por san Juan Pablo II en 1988, en tanto que las causas de sus compatriotas habían sido elevadas a los altares por la Santa Sede en cuatro beatificaciones diferentes, por los Pontífices León XIII, san Pío X, y Pío XII.

23 de Noviembre: San Clemente I, papa (¿?-101)

Es el tercer sucesor de san Pedro, después de Lino y Cleto, a quienes siguió en el gobierno de la santa Iglesia Católica desde el año 88 hasta el año 97. Escribió una carta a los Corintios que, después de las cartas de san Pedro, es el documento papal más antiguo de la Iglesia. En ella quedaron recogidos bellos consejos, donde san Clemente recomienda paz y la concordia entre los fieles. Fue desterrado por el emperador romano Trajano a Crimea, confinado a realizar trabajos forzados con otros dos mil cristianos. Los obreros que como él picaban piedra, sufrían de deshidratación, ya que la fuente de agua más cercana se encontraba a 10 kilómetros. Clemente oró con mucho fervor y, en el mismo lugar en el que lo hizo, brotó una fuente de agua cristalina. Antiguas actas testifican que convirtió en su destierro a muchísimos paganos, que pidieron bautizarse. En cierta ocasión le exigieron que adorara a Júpiter y, ante su negativa, fue arrojado al mar con un hierro pesado al cuello. San Cirilo y san Metodio llevaron, en el año 860, los restos del santo mártir a Roma.

22 de Noviembre: Santa Cecilia, virgen y mártir (¿?-230)

Cecilia pertenecía a una de las principales familias nobles de Roma. Vestía una túnica de tela áspera y había consagrado a Dios la perla de su virginidad, a pesar de que sus padres la dieron en compromiso a un joven de nombre Valeriano. La doncella, ante la ardua persuasión de sus padres accedió a casarse, no sin antes advertir a su prometido que un ángel custodiaba su castidad e invitarle a hacerse cristiano y vivir juntos un matrimonio célibe, como condición para poder ver el celestial protector de su virginidad. Valeriano accedió a la propuesta y junto a su hermano Tiburcio fueron bautizados; en adelante se dedicaron a sepultar los cadáveres de los cristianos. Fueron arrestados y llevados ante el prefecto Almaquio, quien les incitó a adorar a los ídolos; al ver que se mantenían firmes en la adoración al único Dios verdadero, les decapitaron. Seguidamente fue detenida Cecilia, y Almaquio le exigió que adorase a los dioses y renunciara a la religión cristiana, pero ella le respondió que prefería la muerte antes que renegar de Cristo. Llevada a un horno para sofocarla, quedaron espantados al ver que en lugar de morir, cantaba gozosa, por lo que Almaquio ordenó su decapitación. Antes de morir, Cecilia pidió al papa Urbano que su casa fuera convertida en templo, y así se cumplió después del martirio, que acaeció el 22 de noviembre del 230.

19 de Noviembre: Santa Inés de Asís (1197- 1253)

Inés nace en una noble familia en Asís, Italia, alrededor de 1197. Santa Clara, su hermana, que lo había dejado todo para entregarse plenamente a Cristo, oraba insistentemente a Dios por su hermana Catalina, a la que había dejado en casa. Y ocurrió que, dieciséis días después de la fuga de Clara de la casa paterna, Catalina decidió ingresar al monasterio donde su hermana mayor se había refugiado para seguir el mismo camino que ella. Sin embargo, su desaparición de la casa paterna provocó una nueva reacción violenta por parte de sus familiares, que no estaban dispuestos a consentir una segunda marcha; así que, entrando por la fuerza en el convento, la golpearon embravecidos para obligarla a retornar, sin embargo, prodigiosamente la santa se hizo tan pesada que no pudieron moverla de su lugar, por lo cual retrocedieron. San Francisco cortó con sus propias manos los cabellos de la joven, imponiéndole el nombre de Inés. Ésta progresó rápidamente en el camino de la santidad; despertaba entre sus compañeras un sentimiento de admiración por su espíritu de mortificación y penitencia, siendo dulcísima y piadosa con todos. Murió el mismo año que su hermana Clara. Ambos cuerpos reposan en Asís, en el convento de santa Clara y, en 1753, fue canonizada por el papa Benedicto XIV.

18 de Noviembre: Dedicación de las Basílicas de san Pedro y san Pablo

La Basílica de san Pedro fue construida sobre la tumba del príncipe de los apóstoles, y se erigió por orden del emperador Constantino en el año 323, permaneciendo sin cambios durante dos siglos. Hoy en día ocupa 15.000 metros cuadrados y no hay otro templo en el mundo que le iguale en extensión. Trabajaron en ella famosos artistas como Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Bernini. Junto a este magnífico templo, recordamos también la consagración de la Basílica de san Pablo, situada a 11 kilómetros de la de san Pedro, en un lugar llamado “Tres fontanas”. La tradición cuenta que allí decapitaron a san Pablo y que, al cortarle la cabeza, ésta cayó al suelo dando tres golpes, saliendo tras cada uno una fuente de agua. La antigua Basílica de san Pablo fue destruida por un incendio, tras lo cual, con ayuda de las limosnas enviadas por católicos de todos los países, se construyó la nueva, más grande y hermosa, sobre el modelo de la antigua, y consagrada por el beato Papa Pío IX en 1854. En los trabajos de reconstrucción se encontró un sepulcro sumamente antiguo con la inscripción “A San Pablo, Apóstol y Mártir”.

17 de Noviembre: Santa Isabel de Hungría (1207-1231)

Nació en Hungría en 1207. A los 15 años fue dada en matrimonio al príncipe Luis VI de Turingia, del que tuvo tres hijos. Les unía un gran amor y se sentían impulsados a socorrer a los pobres en su indigencia. Su esposo respondía a los que le criticaban: “Cuanto más demos nosotros a los pobres, más nos dará Dios a nosotros”. Luis murió cuando sus tres hijos eran pequeños, lo cual Isabel aceptó como Voluntad de Dios. El sucesor de su marido la desterró del castillo y tuvo que huir con sus hijos, confiando en Dios y en su Providencia. Más tarde le devolvieron los bienes que le pertenecían como viuda, y con ellos construyó un gran hospital para pobres, ayudando también a muchas familias necesitadas. A sus 20 años hizo voto de pobreza, y consagró su vida al servicio de los más pobres y desamparados. Cambió sus vestidos de princesa por el hábito de terciaria franciscana, de tela burda y ordinaria, y dedicó los últimos cuatro años de su vida a atender a los pobres enfermos del hospital que había fundado. Murió poco después de cumplir 24 años, el 17 de noviembre de 1231. Los milagros obtenidos por su intercesión después de su muerte, movieron al Sumo Pontífice a declararla santa sólo cuatro años después de fallecida.

 

16 de Noviembre: Santa Margarita de Escocia (1045-1093)

Margarita era hija del rey san Eduardo de Inglaterra, y a los 24 años se casó con Malcom III, rey de Escocia. De espíritu fiel a Dios, su caridad le impulsaba hacia los pobres. En su palacio se atendía diariamente a centenares de mendigos y todo lo regalaba a los necesitados, lo cual le mereció un gran aprecio por parte del pueblo que la contemplaba siempre compasiva para con los más miserables. Tuvo seis hijos y dos hijas. Su esposo Malcom III era cruel y rudo, pero la amabilidad de Margarita lo fue volviendo amable y caritativo. De los hijos de Margarita, dos llegaron a ser santos y tres fueron reyes. Financió la construcción de conventos y templos, y creó una asociación de señoras para dedicarse con ellas a tejer y bordar ornamentos para las iglesias. En su casa y entre la gente del pueblo hacía leer las vidas de santos. Se esmeraba en que hubiese sacerdotes fervorosos para las parroquias. Insistía mucho a la gente en el deber de santificar el domingo. Ayunaba en Cuaresma y en Adviento; además, gustaba mucho de leer los Evangelios y pasaba varias horas de la noche en oración. Murió el 16 de noviembre del año 1093. Inmediatamente, el pueblo empezó a honrarla como santa, y es recordada sobre todo por su admirable generosidad para con los pobres y afligidos.