8 de Octubre: Santas Pelagia (+468) y Tais (+348), penitentes

El culto a estas dos santas se remonta a los primeros siglos de la cristiandad, y se les conoce como poderosas intercesoras por los pecadores empedernidos, para que, como ellas, sean iluminados por la luz de la gracia y alcancen verdadera contrición de corazón:

Antioquía era el escenario de los bailes y actuaciones de Pelagia, que veía el bien donde se hallaba el mal hasta que, movida por la curiosidad entró en un templo cristiano y, escuchando predicar al obispo Nono, sintió estremecerse su corazón, se convirtió y recibió el santo Bautismo. Desde entonces, cambió sus joyas y adornos por la penitencia. Se trasladó al Monte de los Olivos en Jerusalén donde vivió en fervoroso ascetismo hasta su muerte.

Tais recibió formación cristiana, pero se dejó llevar por el atractivo de las riquezas y el placer. Vivía entre el lujo y la prostitución en Alejandría. San Pafnucio, que la recordaba de años atrás, oraba y hacía penitencia por su conversión, lo cual dio grandes frutos. Cuando se encontró con el santo prelado, Tais, con lágrimas en los ojos imploró el perdón de sus pecados y recurrió a la misericordia de Dios. Murió penitente alrededor del 348.

7 de Octubre: Nuestra Señora, la Virgen del Rosario

En 1208, la Santísima Virgen María se apareció a santo Domingo de Guzmán, enseñándole el rezo Santo Rosario, con el deseo expreso de propagarlo y utilizarlo como arma poderosa contra los enemigos de la Fe. En el siglo XVI, el islam amenazaba con invadir todos los territorios cristianos de Europa. El 7 de octubre de 1571 antes de la Batalla de Lepanto, en la que los seguidores de Cristo se enfrentarían a los turcos, la flota cristiana rezó el Santo Rosario con gran devoción y el resultado fue la victoria absoluta. En el aniversario de esta batalla, el Papa san Pío V instauró una fiesta en honor a Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las letanías marianas el título de “Auxilio de los cristianos”. Gregorio XIII, su sucesor, cambió el nombre de la festividad por el de Nuestra Señora del Rosario, en razón de otro triunfo conseguido en 1716 con la intercesión de María Santísima. Posteriormente, Clemente XI ordenó que esta fiesta se celebrase en toda la Iglesia. Desde la aparición a santo Domingo, la Virgen siempre ha pedido en sus apariciones -especialmente en Lourdes (1858) y Fátima (1917)- el rezo del Santo Rosario (meditando la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo de la mano de nuestra Santísima Madre), numerosos santos y Papas han difundido esta devoción.

 

6 de Octubre: San Bruno, presbítero y fundador (1030-1101)

Nació en Colonia (Alemania), en el año 1030. Desde joven demostró tener grandes cualidades intelectuales y de dirección espiritual. Fue ordenado sacerdote y designado profesor de teología durante 18 años. Después, deseoso de dedicarse totalmente a la vida de oración y penitencia, ingresó en un monasterio. Sin embargo, su anhelo de silencio total y renuncia al mundo se acrecentaban cada vez más, por lo que decidió irse a un sitio más apartado llamado Cartuja, junto con otros seis compañeros. San Bruno redactó una nueva regla para los monjes, caracterizada por su gran austeridad, que incluía un perpetuo silencio, no comer carne nunca y sólo recibir visitas una vez al año. Fue director espiritual de san Hugo. El Papa Urbano II, que antes había sido su discípulo, quiso tenerlo como consejero, de modo que el santo hubo de trasladarse a Roma acompañado por otros monjes, fundando allí un convento con la misma regla. De esta manera se inició la conocida Orden de los Cartujos. San Bruno murió el 6 de octubre del 1101.

5 de Octubre: Santa Faustina Kowalska, virgen (1905 – 1938)

Nació en Glogowiec (Polonia) en 1905 y le bautizaron con el nombre de Elena. Fue educada en la fe y desde los siete años conoció su vocación a la vida religiosa. Recibió la Primera Comunión a la edad de nueve años. Sus padres le prohibieron ingresar en el convento y, ante la negativa, Elena se entregó a las vanidades del mundo. Así, durante una fiesta, tuvo la visión de Jesús cubierto de heridas, lo cual movió su corazón a responder a su llamada. Se trasladó a Varsovia, donde ingresó en la Congregación de las “Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia”. En 1926, vistió el hábito religioso como novicia y recibió el nombre de sor María Faustina. Cumplía sus deberes con fervor, viviendo con gran piedad, recogimiento y alegría, y sirviendo con amor desinteresado al prójimo. Padeció grandes sufrimientos y debilidades, pero siempre permaneció fiel al Señor, recibiendo de Él importantes revelaciones acerca de su Divina Misericordia, por ello se le conoce como su apóstol. Falleció en olor de santidad el 5 de octubre de 1938, con 33 años.

4 de Octubre: San Francisco de Asís, fundador (1182 – 1226)

Hijo de rico comerciante de Asís (Italia), nació en 1182. En su juventud, las fiestas y banquetes eran su mayor preocupación. Se alistó en el ejército en tiempos de las cruzadas, pero una extraña enfermedad le apartó de la milicia. Estando convaleciente, cerca del campo de batalla, escuchó en sueños una voz que le decía: “¿Por qué sigues al siervo y no al Señor?” Reconociendo que era un aviso del cielo, Francisco regresó a su casa. Y como narra S.S Emérito Benedicto XVI «comenzó en él un lento proceso de conversión espiritual que lo llevó a abandonar gradualmente el estilo de vida mundano que había practicado hasta entonces. Se remontan a este período los célebres episodios del encuentro con el leproso, al cual Francisco, bajando de su caballo, dio el beso de la paz, y del mensaje del Crucifijo en la iglesita de San Damián. Cristo en la cruz tomó vida en tres ocasiones y le dijo: “Ve, Francisco, y repara mi Iglesia en ruinas”. Este simple acontecimiento de escuchar la Palabra del Señor en la iglesia de san Damián esconde un simbolismo profundo. En su sentido inmediato san Francisco es llamado a reparar esta iglesita, pero el estado ruinoso de este edificio es símbolo de la situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquel tiempo, con una fe superficial que no conforma y no transforma la vida, con un clero poco celoso, con el enfriamiento del amor; una destrucción interior de la Iglesia que conlleva también una descomposición de la unidad, con el nacimiento de movimientos heréticos». Después de despojarse de todo y, vistiéndose con un rudo saco ceñido con una cuerda, Francisco comenzó a predicar con su vida el Amor de Cristo. El Señor recompensó su entrega, concediéndole hermanos que querían vivir el Evangelio con radicalidad; junto a ellos viajó a Roma para pedir aprobación del Santo Padre. Pronto la Orden de frailes menores se extendió por Italia, Francia y España. El Santo redactó la llamada “Regla definitiva” entre ayunos y oraciones, y fue aprobada en 1223. Recibió los estigmas del Señor y en sus últimos años quedó ciego y rodeado de sufrimientos, pero siguió siendo un apóstol incansable y enamorado de Cristo. Murió el 4 de octubre de 1226.

3 de Octubre: San Francisco de Borja, presbítero (1510-1572)

Nació en 1510 en Gandía (España), en el seno de una familia de la realeza. Joven aún, entró al servicio de la corte y contrajo matrimonio, que fue modelo de armonía y fidelidad, dando como fruto ocho hijos. Nombrado virrey de Cataluña heredó, al morir su padre, el ducado de Gandía. Cuando falleció la reina de España, Francisco fue encargado de llevar su cadáver para sepultarlo. Al abrir el ataúd para cerciorarse de que era la reina, el santo quedó tan impresionado que tomó la resolución de “no servir nunca más a un señor que pudiese morir”. Este hecho marcó el inicio de su conversión, empezó a visitar pobres y a vincularse con religiosos y sacerdotes. Después de la muerte de su esposa y concluida la educación de sus hijos, ingresó en la Compañía de Jesús y fue ordenado sacerdote en 1551. Tres años más tarde, san Ignacio le nombró superior provincial en España, donde el número de casas de la congregación creció admirablemente; su formación se basaba en la oración y los sacramentos, la oposición a la mentalidad del mundo y la perfecta obediencia. Al morir san Ignacio, lo remplazó el Padre Laínez, y a éste, san Francisco, como superior general de la Compañía, hasta que partió hacia la eternidad el 30 de septiembre de 1572.

 

 

2 de Octubre: Los Santos Ángeles Custodios

El Ángel de la Guarda nos ha sido dado por Dios como custodio y mensajero divino para ayudarnos en la peregrinación de retorno a la casa de nuestro Padre Celestial. Los Ángeles nos enseñan e instruyen para ser auténticos servidores de Dios (Cf. Sal. 103,20), y la Sagrada Escritura contiene abundantes ejemplos de su auxilio en favor de los hombres. Santa Gema veía a su Ángel y le reconocía como su guía y compañero inseparable, de él aprendió que: “el camino más corto y verdadero (para llegar a Jesús) es el de la obediencia”. Hacia el año 800 se celebraba en Inglaterra una fiesta a los Ángeles custodios, pero fue en 1608 que el Sumo Pontífice extendió a toda la Iglesia universal esta fiesta, instituyéndola para el día 2 de octubre.

El Salmo 90 nos enseña que el Señor: “A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos”, y dice san Bernardo Abad: “Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y debamos. Pero no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a Aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados… nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios… no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún engañarnos. Son fieles, prudentes, poderosos: ¿por qué espantarnos?”

1 de Octubre: Santa Teresita del Niño Jesús, virgen (1873-1897)

Nació en Alençon (Francia) el 2 de enero de 1873. Sus padres Louis Martin y Zélie Guérin -también canonizados-, la educaron en la virtud y amor al sacrificio. Cuando tenía cuatro años, murió su madre y la familia se trasladó a Lisieux. En 1884 Teresa recibió su Primera Comunión y puso a Jesús Eucaristía en el centro de su vida. Dos años más tarde, en la noche de Navidad, le fue concedida la gracia que ella denominó su “completa conversión”, en la que su debilidad fue transformada en valentía y fortaleza. A los 15 años peregrina a Roma con el deseo de solicitar al Santo Padre permiso para ingresar en el Carmelo de Lisieux. Meses después, el 9 de abril de 1888, ingresa en la vida religiosa, la cual transcurre llena de duras pruebas y sufrimientos que Teresita acoge sin dejar de manifestar la alegría en su rostro y de ofrecer todo por la salvación de las almas. En la fiesta de la Natividad de la Virgen de 1890 profesa solemnemente sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Enamorada de la Sagrada Escritura, de la que no cesa de alimentarse, la santa descubre el camino de infancia espiritual en total abandono y confianza en Dios. En 1896 enferma de tuberculosis, y muere, tras una agonía de dos días, el 30 de septiembre de 1897. Es patrona de las misiones y protectora especial de los sacerdotes.

 

30 de septiembre: San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia (342 – 420)

Nació en el año 342 en Stridon (Dalmacia). Se trasladó a Roma para estudiar latín, lengua que llegó a dominar perfectamente junto con el griego. Educado por un famoso gramático pagano, se hizo adicto a vanidades y lujos hasta que, en un sueño, vio al Señor que le reclamaba el tiempo perdido leyendo autores paganos en lugar de leer las Sagradas Escrituras. Tocado por Dios, marchó hacia el desierto a hacer penitencia por sus pecados. Cuando volvió a la ciudad, el Papa san Dámaso lo nombró su secretario y le encomendó traducir la Biblia del hebreo y el griego al latín. Tenía casi 40 años de edad cuando fue ordenado sacerdote. Con el tiempo, los cargos de confianza que le encomendaban y su manera de corregir, llevaron a muchos e envidiarle y guardarle rencor, por lo que decidió partir a Tierra Santa. Allí se estableció en Belén, donde hizo construir un convento masculino y tres femeninos, y se dedicó al estudio de las Sagradas Escrituras. San Jerónimo es uno de los santos más amantes y estudiosos de la Biblia. Murió el 30 de septiembre del año 420.

 

29 de septiembre: Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

Celebramos la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, cuyos nombres encontramos en la Sagrada Escritura. Miguel significa “¿quién como Dios?”, y es el príncipe de la milicia celestial. Aparece en el capítulo 12 del libro del profeta Daniel y en el capítulo 12 del Apocalipsis, así como en la carta de san Judas. La Iglesia pide el auxilio de san Miguel para la protección contra el demonio y los demás espíritus del mal. San Gabriel cuyo nombre quiere decir “fortaleza de Dios”, anunció a Zacarías el nacimiento de Juan Bautista (Lc 1, 11-20) y a la Santísima Virgen la Encarnación del Hijo de Dios en su seno virginal (Lc 1, 26). Rafael, que significa “medicina de Dios”, aparece en el libro de Tobías, donde se narra que toma forma humana y acompaña a Tobías en su viaje, ayudándole en sus dificultades. Esta festividad se ha celebrado a finales de septiembre desde el siglo VI, y su origen es la dedicación de la basílica de San Miguel en Roma.