12 de Julio: San Juan Gualberto, fundador (¿? – 1073)

Nació cerca de Florencia (Italia) entre el 985 y 995. Su familia era adinerada y poderosa, y su único hermano murió asesinado. Un viernes santo, iba rodeado de militares amigos suyos, cuando encontró en un callejón al asesino de su hermano. Este, sin tener a donde huir, se arrodilló y, con sus brazos en cruz, imploró a Juan que perdonara su vida. Viéndole así, Gualberto recordó a Cristo crucificado perdonando a sus enemigos; entonces, bajó de su caballo y, abrazándolo, dijo: “Por amor a Cristo te perdono”. En su camino, al llegar a la iglesia más próxima, se postró ante la imagen de Cristo crucificado, y le pareció que Él inclinaba la cabeza y le decía: Gracias Juan”. Desde aquel día su vida cambió; pidió ser admitido en la Orden benedictina y con alegría abandonó todas sus riquezas para ingresar en el monasterio. Tiempo después, inspirado por Dios, abandonó aquel lugar, fundando una Orden regida también por la regla de san Benito, llamada Orden de Vallombrosa en la provincial de Firenze. Hasta su muerte, luchó contra todo aquello que atentara contra las buenas costumbres (combatió especialmente las herejías, el concubinato y la simonía), dando ejemplo de sencillez, firmeza y amor a Dios. Falleció en el año 1073 y fue canonizado en 1193, por el papa Celestino III. En 2010, los Vallombrosianos contaban con 7 monasterios.

11 de Julio: San Benito, abad (480 – 547)

Nació en Nursia (Italia), hacia el año 480. Fue a estudiar a Roma, donde permaneció poco tiempo, al cabo del cual se retiró a la soledad de los montes, apartándose así de la perversión de conducta que reinaba en el entorno romano. Practicó la vida eremítica en la cueva de Subiaco, donde se le reunieron algunos discípulos, fundando así la Orden Benedictina, que más tarde se estableció en Montecasino. Para ésta escribió la famosa “regla de San Benito”, cuya difusión le valió el título de “Patriarca del monaquismo occidental”. Fue un gran faro de luz en medio de los tiempos borrascosos de su época, atestiguando con insignes obras y con su santidad de vida, la perenne juventud de la Iglesia; renovó con sus enseñanzas y ejemplo las costumbres, y defendió con más seguras y santas leyes los claustros.  Su Orden ayudó a civilizar y cristianizar pueblos bárbaros, enseñándoles la virtud, el trabajo y el ejercicio de las artes y las letras, uniéndolos en caridad fraterna con su lema “ora et labora”. San Benito murió en el año 547 y era hermano de santa Escolástica.

10 de Julio: Santos Agustín Zhao Rong, presbítero y compañeros, mártires

Eran oriundos de distintos lugares de China y en épocas diversas fueron testigos del Evangelio. Desde antiguo, el pueblo chino tenía un sentimiento religioso hacia el Ser Supremo. El Evangelio se anunció allí en el siglo V; e iniciando el S.VII, se erigió la primera Iglesia. A partir del siglo XVI, fueron enviados a la región varios misioneros y muchos nativos del lugar, pidieron el Bautismo, viviendo el cristianismo con gran fervor. El emperador, pese a promulgar en 1692 el primer decreto de libertad religiosa, se irritó un día por un debate respecto a los «ritos chinos»; e, influenciado por Japón, preparó la persecución que se extendió desde principios del s. XVII hasta mediados del s. XIX, asesinando a misioneros y a fieles laicos, y destruyendo iglesias. Posteriormente, se desató una nueva fase de persecución, en la cual el sacerdote diocesano chino Agustín Zhao, fue arrestado y martirizado en 1815.  Murió en la celda. Estos mártires fueron canonizados en el año 2000 por el Papa San Juan Pablo II.

9 de Julio: Santa Verónica Giuliani, virgen y mística (1660 – 1727)

Nació en Mercatello (Marcas, Italia) el año 1660. Era la menor de siete hermanas y su madre, que les dio una esmerada educación cristiana, falleció prematuramente. A los 16 años, pese a la continua oposición de su padre, entró en el monasterio de clarisas capuchinas de Città di Castello (Umbría), en el que ejerció varios cargos, entre ellos: maestra de novicias y abadesa. En el noviciado, tuvo pruebas espirituales muy intensas y grandes tentaciones de volver al mundo, pero se sometió obedientemente a la voluntad de sus directores espirituales. En 1678, el día de su profesión, tuvo un gran deseo de padecer en unión con Cristo para la conversión de los pecadores, cosa que se cumplió con creces, pues se destacó por su vida de oración y alta contemplación, acompañada de fenómenos místicos extraordinarios, relacionados especialmente con la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

A partir de 1693, su confesor le ordena registrar por escrito sus experiencias místicas, por lo que escribe su Diario, que consta de 42 volúmenes. El siguiente año, recibió la impresión de la Corona de Espinas en su cabeza, siendo las heridas visibles y el dolor permanente. El 5 de abril de 1697, Viernes Santo, recibió los estigmas de Cristo en sus manos, pies y costado. Después de muchos sufrimientos y consuelos, llagó a exclamar: “En un instante se me dio luz clara sobre todas las gracias particulares que Dios ha concedido a mi alma. Han sido tantas, tantas, que no me es posible decir el número”. Murió en su convento el 9 de julio de 1727. Es una de las grandes místicas de la Iglesia y su cuerpo está incorrupto en Cittá di Castello.

8 de Julio: San Procopio, mártir (S. III – S. IV)

Nació en Scitopolis en el s. III, pero luego se mudó a Jerusalén. Su amor sincero al Señor Jesús y su deseo de imitarlo, lo llevaron a vivir en la soledad, ajeno a las comodidades y lujos que seducen a muchos. Su cuerpo era sumamente delgado a causa de los ayunos y penitencias, con que se preparaba en lo cotidiano para dar razón de su fe y esperanza en Cristo. A la profesión de la fe cristiana, le fue sumado el nombramiento como lector en la Iglesia, lo cual hacía con voz alta y pausada para que el pueblo entendiera lo escrito en el Libro Sagrado; también recibió el carisma de liberación y trataba a los posesos con la autoridad de quien se halla seguro de actuar en nombre del Señor. En la persecución de Diocleciano fue trasladado a Cesarea, donde, movido por su amor a Dios, negó ante el gobernador Flaviano la existencia de los dioses paganos, oponiéndose a ofrecer incienso a dichos ídolos y al emperador, en virtud de ello, fue decapitado el 8 de julio del año 303.

7 de Julio: San Fermín, Obispo y Mártir (272 – 303)

Según la tradición, nació en Pamplona (España), alrededor del año 272. Era hijo del senador pagano llamado Firmo y su noble esposa Eugenia. La predicación de san Honesto conmovió a sus padres, quienes, sin embargo, no se convirtieron hasta oír a san Saturnino de Tolosa, quien posteriormente bautizó a san Fermín y a sus padres. Bajo la tutela de san Honesto, el joven aprendió la religión y el arte de la evangelización. A los 18 años fue enviado a Tolosa, donde sería ordenado sacerdote. Predicó en Navarra, fructificando incluso en vocaciones sacerdotales. Marchó a la Galia (actual Francia), donde, después de organizar la Iglesia local y de convertir a muchos paganos, fue consagrado obispo a los 24 años. La oposición oficial a la doctrina cristiana le granjeó la cárcel, y allí, tras negarse a dejar de evangelizar, fue decapitado el 25 de septiembre del año 303. En 1186, el obispo Pedro de París, llevó de Amiens a Pamplona una reliquia de la cabeza del santo.

6 de Julio: Santa María Goretti, virgen y mártir (1890 – 1902)

Nació en Corinaldo (Italia) en 1890, hija de humildes campesinos. Al día siguiente de su nacimiento fue bautizada y consagrada a la Virgen María. Perdió a su padre a los diez años, por lo cual su madre hubo de trabajar, dejándole el cuidado de la casa y de sus hermanos.  Era muy piadosa y asidua en la oración, realizaba sus obligaciones con alegría y asistía todos los domingos a la Eucaristía. En su primera comunión, hizo el firme propósito de morir antes que cometer un pecado. Un año más tarde, un trabajador cercano: Alejandro Serenelli, se enamoró de ella, y el 5 de julio de 1902, hallándola sola en su casa, intentó violentarla, pero María se resistió; entonces el joven, atacándola con un punzón, le ocasionó catorce heridas graves. María no murió inmediatamente, fue trasladada al hospital, alcanzó a recibir la comunión y la unción de los enfermos e hizo público su perdón a su agresor antes de morir. Serenelli no se había arrepentido, hasta que, tiempo después, soñó que la santa niña le decía que aún podía ir al cielo, así se convirtió. Fue canonizada el 24 de junio de 1950.

 

5 de Julio: San Antonio María Zaccaría, Presbítero (1502 – 1539)

Nació en Cremona, Italia, en 1502. Quedó huérfano de padre con 2 años y su madre se dedicó a su educación. Desde niño mostraba gran amor por los pobres, repartiendo sus bienes entre los más necesitados. Estudió medicina en Padua, graduándose a los 22 años y disponiendo totalmente su profesión en favor de los más necesitados. Cuatro años más tarde es ordenado sacerdote, ejerciendo ya no sólo como médico del cuerpo sino también del alma. Fundó la comunidad de las “Hermanas Angelicales de San Pablo” junto a la hermana Luisa Torelli. También fundó la “Sociedad de Clérigos de San Pablo” llamados Barnabitas, que se dedicaban a predicar el Evangelio y la pureza de costumbres, propagar el amor a Jesús Eucaristía especialmente en las llamadas “Cuarenta Horas”. Tenía gran devoción a la pasión y muerte de Cristo y a meditar en las cartas de San Pablo que le emocionaban e inspiraban sus prédicas. A sus 37 años, cuando iba en una misión de paz, se sintió mal y fue a casa de su madre. Allí murió en sus brazos el 5 de julio de 1539.

4 de Julio: Santa Isabel de Portugal, Reina (1271 – 1336)

Nació en 1271, hija del rey Pedro III de Aragón (España), fue llamada Isabel en honor a su tía santa Isabel de Hungría. De pequeña aprendió la frase: Tanta mayor libertad de espíritu tendrás, cuanto menos deseo de cosas inútiles o dañosas tengas”, y llevaba una vida de oración y mortificación. A los 12 años fue dada en matrimonio rey Dionisio de Portugal, del que tuvo dos hijos. Era éste un hombre violento e infiel, pero ella lo trataba con bondad, rezando y sacrificándose por su salvación. El rey la admiraba y permitía su vida de oración y piedad. Santa Isabel construyó albergues, hospitales, escuelas gratuitas y casas para mujeres y niños. Además, fue forjadora de paz en medio de los conflictos entre su hijo y su yerno, implorando al Señor por su reconciliación. Con sus súplicas obtuvo también la conversión de su esposo, y, al enviudar, no dudó en repartir su hacienda prontamente, recibiendo luego el hábito de terciaria franciscana y dedicándose a la adoración Eucarística. Murió invocando a la Virgen Santísima, el 4 de julio de 1336.

3 de Julio: Santo Tomás, Apóstol (S.I)

Tomás es conocido entre los demás apóstoles por su incredulidad, que se desvaneció en presencia de Cristo resucitado; fue él quien proclamó la fe pascual de la Iglesia con estas palabras: “¡Señor mío y Dios mío!”. Este santo, cuyo nombre deriva de una raíz hebrea, “ta’am”, que significa “mellizo”, es elegido directamente por Jesús y mencionado en los Evangelios y en el libro de los Hechos de los apóstoles. San Juan, sobre todo, nos ofrece en su Evangelio algunos rasgos significativos de su personalidad. Cuando los apóstoles salieron por el mundo a predicar la Buena Nueva, santo Tomás dio elocuente y convencido testimonio de Jesucristo nuestro Dios y Señor. Según una antigua tradición, evangelizó primero Siria y Persia, y luego se dirigió hasta la India, llegando por último a Indochina, donde recibió la palma del martirio. Desde el siglo VI se celebra el día 3 de julio el traslado de su cuerpo a Edesa.