26 de Febrero: San Alejandro de Alejandría, obispo (250- 326)

San Alejandro nació en Alejandría, el año 250, y fue consagrado obispo de su ciudad natal desde el 313 hasta su muerte. Fue el decimonoveno patriarca de Alejandría. Fue reconocido por su oposición a la herejía arriana, y también por su doctrina apostólica. Ordenó presbítero al joven diácono Atanasio, que sería su sucesor. Fue muy acreditado en la enseñanza de la fe cristiana, por lo que se le incluye en el santoral tanto en la Iglesia Católica, como en la Ortodoxa y en la Copta, ponderando su celo apostólico. Su Carta Episcopal sobre la herejía arriana forma parte aún de la literatura eclesiástica. Para obispos, prefería nombrar a monjes eremitas pues los consideraba un buen modelo para sus ovejas. También insistía en la caridad con los pobres. Fue uno de los principales responsables del Primer Concilio de Nicea, donde el arrianismo fue formalmente condenado. Falleció en Alejandría el año 326, dos años después de regresar del Concilio, y de nombrar a san Atanasio para sucederle en la sede patriarcal.

25 de Febrero: Beato Sebastián de Aparicio, franciscano (1502 – 1600)

Nació en el año 1502 en Galicia, España. Le agradaba la vida de campo porque consideraba que en esa soledad, paz y silencio era más fácil hablar con Dios y meditar. Fue pastor de las ovejas de sus padres y aprovechó ese espacio de tranquilidad para dedicarse por largos ratos a la oración. Viajó a Puebla (México), donde los pobres indígenas sufrían mucha pobreza, y él los ayudaba en todo lo posible. Trabajaba con carros tirados por caballos y ayudó en el progreso de los pueblos, estableciendo entre ellos un fluido comercio. A sus 60 años, después de ser curado de una grave enfermedad, le recomendaron que orase fervorosamente a Dios para que le iluminara y que contrajese matrimonio. Sebastián lo hizo, viviendo en virginidad con su esposa, la cual murió al año de celebrada la boda. Siete años después, volvió a casarse, pero su esposa falleció en un accidente antes del primer aniversario. Finalmente, deseoso de servir siempre al Señor, y acogiendo el consejo de su confesor, ingresó como hermano lego en los Franciscanos, profesando solemnemente a sus 73 años de edad, antes de ello había vendido sus cuantiosas propiedades, y legado el dinero a las religiosas clarisas. Se destacaba por su gran disponibilidad y prontitud en el servicio, a pesar de su avanzada edad. Tenía una especial devoción a la Santísima Virgen, en cuyo honor permanecía de continuo rezando el santo Rosario. El demonio acostumbraba asaltarlo por las noches con visiones horribles para hacerlo salir de la comunidad religiosa, pero el santo le ahuyentaba con la oración. Sentía gran aprecio por la naturaleza, y los animales manifestaban agrado ante su persona. Murió en el año 1600 y fue beatificado en 1787. Su cuerpo se halla incorrupto en Puebla.

 

24 de Febrero: Beata Josefa Naval Girbés, Fundadora (1820-1893)

Nació en Valencia (España). A los 13 años quedó huérfana de madre, por lo que fue criada por su padre y sus hermanos. Ante tan ardua labor se puso bajo la protección de la Virgen del Rosario. Su familia cambió de domicilio, y allí empezó acudir a la parroquia de San Jaime, donde su director espiritual, el padre Gaspar Silvestre, orientó su vida hacia la oración y la participación en los sacramentos. A sus 18 años de edad hizo voto de virginidad. Sintió en su corazón una inspiración celestial que le decía: “Tienes que llevar a Dios a los demás”. En 1850 abrió un taller de bordado con el fin de formar humana y espiritualmente a las jóvenes de Algemesí, su región natal; catequizó a las niñas y dio formación a las mujeres, casadas y solteras y trabajó con celo por las familias, en total docilidad y obediencia a sus párrocos. Fundó la asociación de Santa Rosalía de Palermo. Se santificó buscando en todo agradar a Dios; destacándose por la abnegación y sacrificio en el servicio a los pobres y enfermos, inculcando el mismo celo en sus alumnas. Al parecer perteneció a la Tercera Orden de Santo Domingo. Murió en Algemesí el 24 de febrero de 1893. El 25 de septiembre de 1988 fue beatificada en Roma por san Juan Pablo II.

23 de Febrero: San Policarpo, obispo y mártir (70-155)

Fue discípulo del apóstol San Juan, y a su vez, maestro de san Ireneo. Nombrado obispo de la ciudad de Esmirna, en Turquía, le caracterizaba una gran sabiduría, espíritu de fe y oración. Al desatarse la persecución en el Imperio Romano, el santo prelado fue llevado al tribunal para ser juzgado. El gobernador le dijo: “Declare que el César es el señor”, a lo que Policarpo respondió: “Yo sólo reconozco como mi Señor a Jesucristo, el Hijo de Dios”. Ante esta respuesta, el gobernador se irritó y le conminaba insistentemente a que renegara, pero Policarpo, lleno de humildad y de amor al Señor, no se desvió del camino trazado por Cristo Jesús.

El mandatario decretó la pena de muerte: Había de ser quemado en una hoguera. Le ataron las manos y él, mirando al cielo como un cordero que se entrega, encomendó su espíritu al Señor. Su martirio fue aproximadamente el 23 de febrero del año 155.

22 de Febrero: la Cátedra de San Pedro

Hoy celebramos la festividad de la Cátedra de San Pedro, ocasión solemne que se remonta al siglo IV y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro. San Juan Pablo II recordaba en este día que la festividad subraya el singular ministerio que el Señor confió al cabeza de los apóstoles: confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el ‘ministerium petrinum’, servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano, en el que Cristo mismo es Piedra Angular de la comunidad eclesial. Es un día de especial oración por el Papa, intercediendo ante Dios por sus necesidades e intenciones, suplicándole permanezca sobre él la unción del Espíritu Santo, para guiar a la Iglesia permaneciendo fiel a la Tradición apostólica.

21 de Febrero: San Pedro Damián, presbítero y Doctor de la Iglesia (1007 – 1072)

Nació en Rávena, Italia. Debido a la prematura muerte de sus padres, el santo fue criado por su hermano, y luego por un sacerdote. Al cumplir 25 años, siendo profesor universitario, sintió la llamada de Dios a abandonar el mundo, e ingresó en la Orden Benedictina. Fue gran propagador de la vida religiosa allí y en otras regiones de Italia. Se dedicó a la oración, lectura espiritual y estudios sagrados, viviendo austeramente. Fundó cinco comunidades de ermitaños, destacándose en su servicio fiel a la Iglesia, como obispo y cardenal de Ostia (1057). Reprendía con fuerza a quienes gustaba de pasear mucho, pues decía que el que mucho pasea, muy difícilmente llega a la santidad. Amaba profundamente la oración y la meditación en soledad, además de la caridad para con los pobres, que le era característica. En aquella dura época, ayudó a los Papas en la reforma de la Iglesia con sus escritos y legaciones. Murió santamente un día como hoy en 1072, y fue declarado Doctor de la Iglesia.

 

20 de Febrero: Santos Francisco (1908-1919) y Jacinta Marto (1910-1920), pastorcitos de Fátima

Nacidos en Aljustrel, cerca de Fátima (Portugal). Estos dos pequeños recibieron la gracia de contemplar a nuestra Santísima Madre y recibir de Ella la revelación de su Corazón Inmaculado, la cual habría de ser difundida por su prima Lucía, vidente también el 13 de mayo en Cova de Iría. El año anterior, el ángel de la Paz se les apareció mientras cuidaban ovejas, preparándolos para el maravilloso encuentro con la Madre de Dios, y enseñándoles a ofrecer pequeños sacrificios por los pecadores, y a reparar las ofensas causadas a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Tres secretos confió nuestra Señora a estos niños, que guardaron con valentía, a pesar de los sufrimientos que tuvieron que pasar. Animados por la Virgen, repetían siempre la oración que el ángel les había enseñado: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados que ofenden al Inmaculado Corazón de María”. Sus vidas, dieron un giro total, renunciando a sí mismos y a los caprichos propios de su edad. Vivieron fieles al mensaje de conversión y santidad recibido de María Santísima. Siendo aún niños murieron a causa de una gripe epidémica. Primero Francisco, a quien nuestra Señora había dicho que debía rezar muchos rosarios para ir al cielo, y, meses después, su hermana Jacinta.  San Juan Pablo II los beatificó en el año 2000, siendo los primeros niños no mártires en ser beatificados. S.S. Francisco los canonizó el año pasado, en el centenario de las apariciones, el 13 de mayo.

19 de Febrero: San Conrado Confalonieri de Piacenza, terciario franciscano (1290-1351)

Nació en Piacenza (Italia) hacia el año 1290, de familia noble. Gustaba de las diversiones mundanas y tenía gran afición por la caza. Durante una cacería, hallándose persiguiendo algunas piezas, éstas se ocultaron entre los matorrales; Conrado, mandó que sus servidores prendieran fuego a dichas pajas. Pero sucedió que las llamas se extendieron hacia las casas y campos aledaños con gran estrago. Vuelto silenciosamente a la ciudad, Conrado no fue visto por nadie, y en su lugar se culpó a un pobre, al que condenaron a muerte por el hecho. Reflexionando, Confalonieri se declaró culpable y, al resarcir con sus bienes las pérdidas ocasionadas, él y su esposa quedaron en grande pobreza. Sin embargo, considerándolo providencial, decidieron consagrar sus vidas al Señor, ingresando ella en la Orden de las Clarisas, y encaminándose él a la vida eremítica. Se hizo terciario franciscano, y se estableció en Noto, donde se dedicó a la atención de los enfermos del hospital. Cundió la fama de su santidad, lo cual le movió a retirarse a un eremitorio cercano, donde se dedicó a la oración e intercesión. Allí murió el 19 de febrero de 1351.

18 de Febrero: Santa María Bernarda Soubirous, religiosa (1844 – 1879)

Nació en Lourdes (Francia), de familia muy pobre.  A sus catorce años de edad no sabía leer ni escribir, pero sí había aprendido a rezar el rosario, el cual recitaba diariamente. Desde el 11 de febrero de 1859 hasta el 16 de julio del mismo año, la Sma. Virgen se le aparece 18 veces a Bernardita. Por medio de ella, nuestra Señora hizo surgir una prodigiosa fuente donde acuden desde ese tiempo peregrinos de todo el mundo. La Virgen, durante la segunda aparición, le dijo: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero sí en el otro”. Y así fue toda su vida, llena de sufrimiento y humillaciones.

Ingresó en el Instituto de las Hermanas de la Caridad en Nevers; allí fue enfermera y sacristana, hasta que la tuberculosis la obligó a permanecer en la cama por nueve años. Su breve existencia transcurrió en la humilde aceptación del sufrimiento físico como respuesta a la invitación de la Inmaculada de ofrecer la penitencia para reparar almas que viven prisioneras del mal. Murió el 16 de abril de 1879, el Papa Pío XI la canonizó el 8 de diciembre de 1933.

17 de Febrero: San Pedro Yu Chong-Nyul, mártir (¿-1866)

Nace en 1837 en Corea. El cristianismo en Pyongyang (cerca de Taphyen, su lugar de nacimiento) era especialmente activo, a pesar de ser perseguido por el estado. Así pues, el gobernador de la zona mandó apresar a varios ciudadanos que profesaban la fe cristiana; sin embargo, inmediatamente después de prender algunos, se presentaron ante él un centenar de cristianos que querían ser encarcelados junto con los otros cristianos, puesto que adoraban al mismo Dios. Tal era su fuerza y amor por Dios, que el gobernador los liberó a todos. No obstante, la persecución tomó nuevo brío; entre tanto, este padre de familia, de nombre Pedro Yu Chong-Nyul era bautizado siendo ya adulto, y, fortalecido con la gracia del Espíritu Santo, se ejercitaba en la lucha contra su carácter áspero. Así pues, hallándose cierto día en casa de su catequista, fue apresado al ser encontrado leyendo textos sagrados a los fieles; irritados sobremanera por su condición de cristiano, los verdugos le azotaron hasta asesinarle. Su cuerpo fue arrojado al río, pero su esposa recogió el cadáver y le dio sepultura. Estos hechos ocurrieron en 1866. Así testificó con su sangre el amor que con sus labios profesaba a Cristo. Fue canonizado por san Juan Pablo II, el 6 de mayo de 1984, junto con otros 102 mártires coreanos.