25 de Abril: San Marcos, Evangelista y Mártir (¿? – 68)

Hebreo de nacimiento, de la tribu de Leví y uno de los setenta y dos discípulos enviados por el Señor a predicar y expulsar demonios. Mencionado en la Biblia como “Juan, llamado Marcos”. Acompañó a Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero. Vuelto a Tierra Santa, San Pedro le acoge como intérprete y hace referencia a él como “mi hijo Marcos”. Escribió el Evangelio que lleva su nombre, en el cual se reflejan las enseñanzas del príncipe de los Apóstoles (San Pedro). La tradición lo sitúa evangelizando Egipto y Etiopía, donde florecieron prósperas comunidades (los coptos actuales). La tradición asegura que la misión de san Marcos en Alejandría fue sobremanera fecunda, lo cual fue mal visto por los enemigos de la fe, que, hacia el año 68, le arrastraron por las calles, atado con cuerdas al cuello. Después le llevaron a la cárcel; al día siguiente volvieron a aplicarle el mismo castigo, hasta que murió. Así fue como el santo evangelista entregó su vida libre y voluntariamente, a semejanza de su Señor.

24 de Abril: San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir (1578 – 1622)

Nació en Sigmaringa, Alemania. Su nombre de pila era Marcos Rey. Estudió derecho y una vez doctorado, viajó por Europa durante 6 años, y se horrorizó al ver la lucha violenta a causa de la fe y también al ver la corrupción existente. Vuelto a casa, abrió un bufete donde atendía especialmente a los necesitados, hasta que, escandalizado por cuantos intentaban sobornarle para que fallase a su favor, abandonó todo e ingresó a la Orden de los hermanos Menores Capuchinos, tomando el nombre de Fidel. Luego de su ordenación sacerdotal, la Santa Sede le envió a evangelizar una región de la actual Suiza, donde la reforma protestante había hecho estragos. Muchos volvieron al redil, lo cual le valió el odio de los herejes que decidieron darle muerte. Enterado Fidel, no se amilanó, sino que siguió predicando. Un día fue invitado con solapadas intenciones por sus adversarios, a predicar en Seewis; llegado al púlpito, encontró una nota que decía: “Hoy predicarás y no más”. Por la fuerza del Espíritu Santo predicó su última Homilía y al final de la Eucaristía fue asesinado cruelmente, el 24 de abril de 1622.

23 de Abril: San Adalberto, obispo y mártir (956 – 997)

Natural de Bohemia (República Checa). Estudió doce años en Magdeburgo, bajo la tutela del arzobispo san Adalberto, tomando su mismo nombre al recibir la Confirmación. El año 983, fue nombrado obispo de Praga, iniciando con ahínco la lucha por retornar al rebaño a la recta conducta cristiana. En vista de la persistencia de sus fieles en la relajación moral, solicitó al Papa la dispensa de su episcopado, ingresando entonces como monje en Montecasino durante 4 años. El arzobispo de Maguncia le pidió volver al obispado de Praga, y así lo hizo, acompañado de algunos monjes benedictinos. Fundó en Brevnov la primera abadía benedictina de Bohemia. Pero posteriormente hubo de regresar a Roma, haciendo una escala en Hungría. El Príncipe húngaro Géza abrió las fronteras a misioneros cristianos y pidió a san Adalberto ser bautizado él y su hijo Vajk, que adoptó el nombre de Esteban (San Esteban I de Hungría). Adalberto fue su tutor, enseñándole latín y los misterios de la fe. Adalberto siempre se destacó por su humildad, espíritu de servicio y fidelidad. Finalmente, estando en Prusia, fue martirizado por los enemigos de la fe, el 23 de abril del año 997.

22 de Abril: Santa María Egipciaca, ermitaña (¿? – 421)

Nació en Egipto. Desde sus 12 años, llevada por las pasiones, escapó de su casa y se dedicó a la prostitución. Su conversión se dio cuando, hallándose en Jerusalén, por tres veces se sintió impedida por una mano invisible a entrar en la iglesia el día de la Santa Cruz. En su turbación, vio una imagen de la Virgen María que se encontraba allí e inspirada por Dios, imploró: “Madre, si me es permitido entrar al templo santo, yo te prometo que dejaré esta vida de pecado y me dedicaré a una vida de oración y penitencia”. Intentó entrar de nuevo y esta vez le fue permitido. Se fue al desierto y vivió allí 47 años rezando y haciendo penitencia para expiar sus pecados. Durante 17 años vivió atormentada por la tentación de volver otra vez a su vida de lujuria, pero un gran amor a la Virgen le obtenía fortaleza para resistir tales asechanzas. Encontrada allí por san Zózimo abad, le contó su historia, pidiéndole que le llevase la santa Comunión. Murió el viernes santo del año 421.

 

21 de Abril: San Anselmo, Obispo (1033 – 1109)

Nació en Aosta, Italia. Desde niño resaltó en él una gran piedad. Un sueño en el que el Señor le ofrecía “un pan blanquísimo” para comer, marcó su vida. A sus quince años pidió ingresar como benedictino, pero su padre se opuso tenazmente. Tras la muerte de la madre y la conducta disipada del padre, descuidó los estudios y, arrastrado por las pasiones terrenas, se hizo sordo a la llamada de Dios. Pero luego, gracias a Dios, se fue de su casa hacia Francia, donde tres años más tarde ingresó en la Orden de San Benito para consagrarse por completo al servicio de Dios, siendo ordenado sacerdote a sus 27 años. Tuvo una intensa vida espiritual, fue excelente educador de jóvenes, teólogo, sabio para gobernar e intransigente defensor de la libertad de la Iglesia. En 1093, fue nombrado arzobispo de Canterbury en Inglaterra. Fue perseguido y desterrado dos veces por el rey Guillermo el Rojo, que quería aprovecharse de los bienes de la Iglesia. Muerto el rey, san Anselmo regresó a su diócesis, procurando siempre el bien de las almas, especialmente la formación moral del clero. En sus predicaciones y escritos destaca el amor a la Santísima Virgen María. Murió el 21 de abril de 1109.

20 de Abril: Beato Francisco Page, presbítero y mártir (¿? – 1602)

Natural de Amberes (Bélgica), de familia acomodada. Su padre era protestante y su madre católica. Estudió derecho, empezó a trabajar y se enamoró de una joven católica, hija de su jefe, que no quiso ponerle atención por no ser católico. Comenzó entonces a acercarse al Señor, buscando orientación con un padre jesuita que le ayudó a discernir su vocación, la cual no era al matrimonio sino al sacerdocio. Eran tiempos muy difíciles en Inglaterra para los católicos, entonces huyó a Francia, donde fue ordenado sacerdote en el año 1600, retornando a Inglaterra meses después. Ejerció su ministerio en la clandestinidad, en Londres y sus alrededores, escabulléndose de las autoridades milagrosamente. Finalmente, fue delatado por una mujer que había apostatado del catolicismo. Arrestado y sometido a juicio, fue sentenciado a muerte en la horca. Estando en prisión, antes de morir, profesó sus votos en la Compañía de Jesús. Era el 20 de abril de 1602.

19 de Abril: San Elfego, obispo y mártir (954-1012)

Nació en Inglaterra. De joven ingresó en el monasterio de Deerhurst, que abandonó tiempo después para permanecer en soledad cerca de Bath. Llegó a ser abad de un monasterio, aplicando una formación muy estricta, pues detestaba la mediocridad. Fue consagrado obispo de Winchester, donde sirvió durante 22 años. Mostró gran interés por los pobres y logró que no hubiese un solo mendigo en la ciudad durante su episcopado. Trasladado a Canterbury, fue nombrado arzobispo. En 1011, algunos vikingos daneses, unidos con el conde Edrico, marcharon contra Kent y sitiaron Canterbury, que cayó por una traición. Muchos hombres y mujeres fueron degollados. San Elfego reclamó la muerte de tantos inocentes, ofreciéndose él mismo a cambio. Fue maltratado y encarcelado y, meses más tarde, liberado. Se dedicó a curar a las víctimas, pero los enemigos exigieron una suma de dinero por su vida y, al no conseguirlo, fue condenado a muerte, ejecutándose cruelmente el sábado después de Pascua de 1012: fue golpeado con huesos de oveja y finalmente decapitado.

18 de Abril: Beata Sabina Petrilli, fundadora (1852 – 1923)

Nació en Siena (Italia) en 1852. Ingresó en la Congregación de Hijas de María desde los 15 años. Motivada por el beato Papa Pío IX y tomando el ejemplo de vida de Santa Catalina de Siena, funda la Congregación de las Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena. En 1873, en la fiesta de la Asunción de la Virgen, profesa los votos de castidad, pobreza y obediencia junto con cinco compañeras. Recibió el permiso del Arzobispo de iniciar la obra en beneficio de los pobres, enfocándose en los huérfanos, y ampliando posteriormente el apostolado al alivio de la miseria y del sufrimiento. El carisma de aquella Congregación era vivir plenamente el sacerdocio de Cristo en la adoración y dependencia total a la Voluntad del Padre hasta la inmolación. Fue por ello que el Santo Sacrificio ocupaba el centro de sus vidas, entregándose al servicio de la evangelización a los más pobres. Durante sus últimos años padeció una grave enfermedad degenerativa. Murió el 18 de abril de 1923, cumpliendo los votos que había hecho: “no negar voluntariamente nada al Señor, obediencia perfecta, no quejarse de los padecimientos externos e internos y entrega total a la Voluntad de Dios”.

 

17 de Abril: Santa Catalina Tekakwitha, virgen (1656 – 1680)

Nació en Ossessernon (hoy Auriesville, Nueva York). Hija de jefe iroqués y de india algonquina. Su nombre indígena era Tekakwitha (“la que tropieza”). Su madre se había convertido al cristianismo cuando fue raptada por iroqueses y forzada a casarse con un jefe indio. Con 4 años, Catalina perdió a sus padres por una viruela, quedando ella misma con secuelas en su rostro. Nueve años más tarde conoció la fe cristiana y a los 20 fue bautizada con el nombre de Kateri (Catalina). Pronto sufrió, por su fe, abusos y rechazo por parte de su familia y su tribu. Huyó unos 320 km por el bosque hasta llegar a un pueblo cristiano en Montreal. En tiempo de Navidad hizo su primera comunión y, movida por el Espíritu Santo, profesó voto de castidad, dedicando su vida a la oración, el sacrificio y el cuidado de los enfermos y ancianos. Era muy piadosa, de incansable vida penitente en favor de su pueblo, y gran amor a la Eucaristía. Falleció el 17 de abril de 1680, a la edad de 24 años, en Caughnawaga (Canadá). Sus últimas palabras fueron: “¡Jesús, te amo! Es venerada, especialmente en Canadá, con el apelativo “El lirio de los mohawks”.

16 de Abril: San Benito José Labre, terciario franciscano (1748 -1783)

Nació en Francia, siendo el primogénito de quince hermanos. Muy joven, marchó a vivir con su tío sacerdote, que le educó piadosamente. Deseoso de servir al Señor, a sus 19 años intentó ingresar en la Cartuja y en la Trapa, sin resultado satisfactorio. De nuevo trató de entrar en la Trapa, donde recibió el hábito religioso en 1769, aunque hubo de retirarse por cuestiones de salud. Dirigiéndose a Paray-le-Monial, cerca de Lyon, fue acogido por Pierre Vianney, el abuelo de san Juan María Vianney. Partiendo de allí, Benito José se convirtió en peregrino mendicante, itinerante de santuario en santuario, entregando lo recaudado a pobres y prisioneros.

Vestía túnica y escapulario sin lujo alguno; lo que nunca le faltaba era el Evangelio, la Imitación de Cristo y un breviario. Posteriormente se hizo miembro de la Tercera Orden Franciscana. A alguien le describió su corazón como De fuego para Dios, de carne para el prójimo, de bronce para conmigo mismo”. Sus peregrinaciones se encaminaban a muchos lugares, entre ellos Roma, Compostela, pero especialmente, a Loreto. Frecuentaba las iglesias donde practicaban las 40 horas de contemplación a Jesús Eucaristía. Cesando su etapa de vagabundo, decide permanecer en Roma, donde se dedica a la oración. Murió a sus 35 años. La noticia se extendió por toda Roma al grito de los niños: Ha muerto el santo”.