19 de Marzo: San José, esposo de la Virgen María (¿- S.I.)

Hoy celebramos la Solemnidad de San José, según el martirologio romano. Su nombre significa “al que Dios ayuda”. Como se lee en el Evangelio de San Mateo, San José era hijo de Jacob y podemos deducir que nació en Belén, pues era descendiente de la familia de David. Era un carpintero que, según confirma Santo Tomás, estaba comprometido con la Virgen María cuando el Arcángel San Gabriel le anunció que sería la Madre de Dios. El Señor le confió el cuidado de Jesús, como padre putativo, y de María pues “José era un hombre justo”, es decir, santo. Aunque no se encuentra en la Sagrada Escritura ninguna palabra de él -por lo cual se le llama “el Santo del silencio”-, el Evangelio menciona los sueños que tuvo, en los cuales recibió ayuda del cielo para los momentos difíciles: cuando pensó repudiar a la Virgen porque no sabía que el hijo que iba a tener era por Obra y Gracia del Espíritu Santo, luego cuando Herodes buscaba al Niño Jesús para matarlo, luego cuando el ángel le dijo que ya había muerto Herodes y así podían volver a Nazaret.

Según una antigua tradición, en esta fecha sucedió la muerte de San José, acompañado de Jesús y María, por lo que se le considera el “patrono de la buena muerte”. El papa Pío IX, en 1870, lo declaró “Patrono de la Iglesia universal” y San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “Redemptoris Custos”, lo pone como “El primado de la vida interior” (cap. V). Además, su santidad Benedicto XVI relacionó la figura de San José con la Vida Consagrada (marzo de 2009).

18 de Marzo: San Cirilo de Jerusalén, Obispo y Doctor de la Iglesia (315 – 386)

Desde muy joven se retiró a un monasterio donde pasó su juventud consagrado a la ciencia y al conocimiento de la S. Escritura. Cuando tenía 30 años, San Máximo de Jerusalén le ordenó presbítero. En el año 348, habiendo sido consagrado obispo de Jerusalén, se dedicó con todo su ser a una intensa actividad apostólica. Por odio de los arrianos (herejes que niegan la divinidad de Cristo nuestro Señor), tuvo que salir tres veces desterrado de la ciudad santa y, fiel a la fe verdadera, se vio obligado a recorrer las ciudades del Asia Menor, sufriendo por amor a Cristo. Al fin sus penas dieron fruto abundante, y pocos años antes de su muerte, pudo asistir al Concilio Ecuménico de Constantinopla, que definía como verídicas sus enseñanzas, por las catequesis sencillas, pero de gran profundidad a favor de la fe cristiana. Finalizó sus días predicando en su diócesis, entregando gratis lo que gratis de Dios había recibido. Murió el año 386. En 1884 fue declarado Doctor de la Iglesia.

17 de Marzo: San Patricio, obispo (s.IV – s.V)

Nació en Escocia hacia el año 387. Muy joven, fue secuestrado y vendido como esclavo en Irlanda. Allí pasó un tiempo de trabajo forzado, en el que Dios se reveló a su corazón, llenándolo de gracia y bendición. Inspirado por el Señor, escapó y volvió a su hogar. Sin embargo, Dios mismo le pidió regresar a Irlanda para enseñar la fe a los pobladores de aquel país, que en su mayoría eran paganos e idólatras. Acogiendo la Divina Voluntad, Patricio entró en un convento donde se preparó para el sacerdocio. Tiempo después de su ordenación presbiteral, fue consagrado Obispo y enviado por el Santo Padre con la unción del Espíritu Santo a la tierra donde fue esclavo. Favorecido con abundantes dones sobrenaturales, se enfrentó a las asechanzas de los hechiceros del lugar y convirtió al cristianismo a toda la población. Murió, al parecer, a mediados del siglo V. Es patrono de Irlanda.

16 de Marzo: Beatos Juan Amias y Roberto Dalby, mártires (+)1589

Eran de Yorkshire (Inglaterra). Roberto había sido ministro anglicano, pero se había convertido al catolicismo; Juan Amias, por su parte, era viudo y había sido monje trapense. Tras estudiar en Reims (Francia), ambos fueron ordenados sacerdotes y retornaron a Inglaterra. Narra un manuscrito del Dr. Champney: «El 16 de marzo, Juan Amias y Roberto Dalby, sacerdotes, fueron ejecutados en York, acusados de alta traición, por el crimen de ser sacerdotes ordenados por la autoridad de Roma y ejercer su ministerio para beneficio de las almas. Testigo ocular del combate de estos hombres […], regresé a casa convencido de la fe católica, en la que he permanecido por gracia de Dios, pues veía en ellos tanta mansedumbre y constancia, que veía eran ovejas llevadas al matadero». Ambos fueron beatificados por el Papa Pío XI en 1929.

15 de Marzo: Beato Juan Adalberto Balicki, presbítero (1896 – 1948)

Nació en 1896 en Polonia, en una familia muy religiosa. En 1888 ingresó en el seminario diocesano de Przemysl, y fue ordenado sacerdote en 1892. Después de un año en la parroquia de Polna, fue enviado a Roma a continuar sus estudios de teología, y vuelto a su diócesis, fue nombrado profesor en esta área y sus lecciones constituían verdaderas meditaciones sobre los misterios divinos. Fue elegido rector del seminario, preocupándose especialmente por la formación espiritual de los sacerdotes. En 1934, por problemas de salud, tuvo que dejar el cargo de rector y profesor, dedicando su tiempo a la confesión y a la dirección espiritual. Sus penitentes testificaban que poseía el don de leer sus conciencias. Durante la Segunda Guerra Mundial, atendió a numerosos prófugos y perseguidos, entre ellos un buen número de judíos. Enfermo de tuberculosis, murió el 15 de marzo de 1948 en Przemysl.

 

 

14 de Marzo: Beata Eva del Monte Cornelio, religiosa (1205 – 1265)

Nació alrededor de 1205. Hallábase dudosa en acoger la llamada de Dios a consagrarse por entero a Él; pero, ayudada por su amiga santa Juliana de Cornillon, ingresó en el monasterio de San Martín en Lieja (actualmente Bélgica). Una vez allí, recibía la visita de su amiga, que pronto formaría parte de aquel cenobio, y junto a la cual trabajarían para conseguir la institución de una fiesta litúrgica en honor a la Santísima Eucaristía, acudiendo primero al obispo de Lieja, y solicitándolo más tarde al Papa Urbano IV. Eva secundaba en todo el deseo de santa Juliana, cuya vida mística tuvo ocasión de acompañar. Así, cuando el 8 de septiembre de 1264, el Papa envió una bula en la que anunciaba la creación de la fiesta del Corpus Christi para la Iglesia Universal, vieron ambas cumplida su misión. Un año más tarde moría Eva en olor de santidad.

13 de Marzo: San Leandro, obispo (535 – 600)

Nació el año 535 en Sevilla. Fue obispo, hermano de san Isidoro (que le sucedió en el arzobispado) y de Florentina. Con su predicación y diligencia convirtió, apoyado por el rey Recaredo, a los visigodos, de la herejía arriana. Para ello, convocó el III Concilio de Toledo en el año 589, donde Recaredo, renunció a los errores heréticos e hizo profesión de fe católica, logrando con ello la unidad del reino visigodo, y la paz. A partir de entonces, y hasta su muerte (en el año 600), el sabio y santo arzobispo se dedicó a la oración, a atender sus obligaciones pastorales, al estudio de la Sagrada Escritura y a la penitencia por los pecados de su vida. Escribió una carta a su hermana Florentina, que sirvió de pauta para la vida monástica femenina, hasta el punto de ser llamada «Regla de la Vida Monástica». Es considerado uno de los Padres de la iglesia y fundador de la escuela teológica de Sevilla, se preocupó por la enseñanza oral y escrita del catolicismo y la formación de los religiosos. Murió el 13 de marzo del año 600.

 

12 de Marzo: San José Zhang Dapeng, mártir (1754 – 1815)

Nació en 1754 en China. De joven, su inquietud espiritual lo llevó del budismo al taoísmo, en busca de la rectitud y la pureza. Pasado el tiempo, casado y con 40 años, toma contacto con misioneros cristianos, que le anuncian el Evangelio. En su camino de conversión decide separarse de su segunda esposa, recibiendo en 1800, el sacramento del Bautismo, y dos años más tarde la Comunión. Llegó a ser un catequista de primer nivel. En la persecución de 1812, se retiró de la capital y se encontró a Mons. Dufresse (obispo y mártir), que le instó a volver para alentar y confortar a los fieles. Volvió a la capital, donde no sólo se entregó por entero al cuidado de los hermanos en medio de la persecución, sino que aun logró nuevas conversiones. Finalmente fue estrangulado, atado a un soporte simulando una cruz, el día 12 de marzo de 1815.

11 de Marzo: San Sofronio de Jerusalén, patriarca de Jerusalén (560 – 638)

Nació hacia el año 560 en Damasco. Recibió el hábito de monje el año 580 en Egipto y luego fue elegido patriarca de Jerusalén. Al tomar posesión de la sede, convocó a todos los obispos del patriarcado para condenar la herejía monotelita (que afirma que en Cristo nuestro Señor se dan dos naturalezas –es verdadero Dios y verdadero Hombre-; pero negaba que en Él subsistiesen la voluntad Divina y la voluntad humana, lo cual no es cierto, pues ésta última no desaparece sino que está en perfecta concurrencia con la Divina).

Compuso una carta sinodal en la que, con su piedad, saber y ortodoxia, exponía y defendía firmemente la doctrina católica. Con verdadero celo apostólico enfrentó la invasión de los sarracenos a Siria y Palestina; ayudando y consolando a su grey. Escribió varias biografías y homilías, así como algunos himnos y odas anacreónticas de gran mérito. Murió probablemente en Alejandría en el año 638.

10 de Marzo: Beato Elías del Socorro Nieves, presbítero y mártir (1882 – 1928)

Nació en Yuriria (Guanajuato, México) en 1882. En 1904 ingresó en el seminario agustino de Yuriria, y fue ordenado sacerdote en 1916.  Cinco años más tarde fue nombrado Vicario parroquial de La Cañada de Caracheo, un lugar donde compartió con sus fieles pobreza, fe y trabajo. A finales de 1926, el gobierno inició una feroz persecución a la Iglesia que obligó al padre Nieves (como le llamaban cariñosamente) a refugiarse en una cueva de un cerro próximo y prestar desde allí asistencia religiosa a sus parroquianos. Permaneció oculto durante algo más de un año, hasta que declaró su condición de sacerdote en un interrogatorio. Fue encarcelado junto a dos rancheros que le acompañaban. Dio su vida confesando la soberanía de Cristo, el 10 de marzo de 1928, cuando contaba cuarenta y cinco años de edad. Antes de morir perdonó a sus verdugos y les bendijo. Luego de gritar: “¡Viva Cristo Rey!”, fue asesinado.