19 de Enero: Beato Marcelo Spínola y Maestre, Presbítero y Fundador (1835-1906)

Nació el 14 de enero de 1835 en Cádiz, España. En 1856, obtiene la licenciatura en derecho y ejerce en Huelva el servicio gratuito como “abogado de los pobres”; se dedicó a defender las causas de los que carecían de recursos económicos, sin exigir dinero; se hizo grato y respetado en dicha región, muy especialmente por las clases desfavorecidas. Acompañaba todos los días a su madre a la Misa en la parroquia de la Purísima Concepción, con especiales visitas al Sagrario. Ordenado sacerdote a la edad de 29 años, en Sevilla, celebra su primera Misa en la iglesia de san Felipe Neri. El Papa León XIII lo nombró obispo auxiliar de dicha diócesis. La vida del beato estuvo marcada por la gratuidad en servicio a los demás. Fundó en Coria (Cáceres) la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón junto con la Madre Celia Méndez. Falleció en enero de 1906, en Sevilla.

18 de Enero: Beata María Teresa Fasce, Abadesa (1881-1948)

Nació en Torriglia (Italia). Pronto experimentó en su corazón el deseo de ser religiosa; pero antes de obtener el consentimiento para entrar, debió orar mucho y sufrir. La noche de Navidad ofreció al Señor su juventud, vistiendo el hábito agustino y, al año siguiente, en la misma solemnidad, selló su inmolación con los votos religiosos. En una carta a su hermana comentó: “Ahora no me resta sino comenzar una vida verdaderamente religiosa, en la que no tenga que recibir un día algún reproche de los ángeles o de los hombres”. Fue nombrada abadesa del monasterio de la Orden de san Agustín, y una vez allí supo unir ascesis y contemplación junto a obras de caridad. En torno al monasterio, surgieron proyectos, como el Seminario Agustiniano, el hospital santa Rita, y la casa de ejercicios. El amor y los sufrimientos forjaron su vida. La fragilidad del cuerpo fue un lento, duro y larguísimo calvario, pero el Espíritu Santo la sostuvo. Al final decía: “Me voy de este mundo con fe, esperanza y amor. Espero veros pronto allá arriba, donde reina Dios; viviremos para siempre bendiciendo las pruebas tenidas en el destierro”. Murió a la edad de 67 años.

17 de Enero: San Antonio, Abad y Ermitaño (250-356)

Nació hacia el año 250, en Egipto. Hijo de campesinos adinerados, que murieron cuando él era muy joven. Pasados unos meses, entró en un templo y escuchó la palabra del Evangelio: “Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres”. Obedeciendo la Palabra escuchada, repartió sus bienes a los pobres, reservando sólo una pequeña parte para su hermana. Otro día al entrar en el templo oyó: “No os preocupéis por el mañana”. Saliendo, repartió a los pobres lo poco que se había reservado y, dejando a su hermana al cuidado de unas vírgenes, se retiró al desierto, aprendiendo las prácticas eremíticas; se instaló cerca de un cementerio, lo cual fue un signo de liberación, pues se creía que los cementerios estaban poblados por demonios. Antonio rompió con esa superstición y proclamaba la resurrección. También viajó a Alejandría para refutar a los arrianos. Su ascetismo atrajo a muchos que comenzaron a imitarlo, los organizó en grupos ubicados en distintos lugares y él queriendo vivir como ermitaño, se retiró a un monte para alcanzar mayor soledad y oración. Murió a la edad de 106 años. Aproximadamente en el año 561, sus reliquias fueron llevadas a Alejandría hasta alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla.

16 de Enero: San José Vaz, presbítero (1651-1711)

Nació el 21 de abril de 1651 en Goa, India. De niño solía visitar el Santísimo Sacramento, y rezaba el santo Rosario; en su ciudad natal era llamado “el santito”. En la escuela aprendió portugués y latín. Su padre lo envió a Goa para estudiar en la Universidad Jesuita y luego a la Academia de Santo Tomás, donde estudió filosofía y teología, fue ordenado diácono en 1675 y sacerdote un año después. En Sancoale abrió una escuela de latín para futuros seminaristas. Era muy devoto de la Virgen y se consagró como “Esclavo de María”. Deseaba ir a Sri Lanka y aprendió cingalés y tamil; se le unieron sacerdotes del Oratorio de Goa, y la Iglesia creció en la isla. Trabajó incansablemente en el cuidado de enfermos y enterrando a los muertos. Comía sólo arroz asado, considerado comida de pobres, el cual también distribuía entre los más necesitados; su cama era el suelo. Al llegar la hora de pasar al Padre, dijo: “Difícilmente podrás hacer en el momento de la muerte lo que no has hecho durante tu vida”. Conocido como el “apóstol de Sri Lanka” murió a la edad de 60 años, el 16 de enero de 1711.

15 de Enero: Beato Nicolás Gross, periodista y mártir. (1898 – 1945)

Nació en Berlín, en 1898. Trabajó en la mina y en el periodismo, que utilizó contra el régimen de Hitler. Incansable periodista cristiano, batalló contra el nazismo en Alemania. Ingresó en un sindicato cristiano y después en el partido cristiano Zentrum; colaboró en el diario del Movimiento Católico de Trabajadores, llegando al cargo de director. Decía: “Nosotros trabajadores católicos rechazamos con fuerza y claridad el Nacional-socialismo, no sólo por motivos políticos o económicos, sino especialmente por nuestra fe y cultura”. Al llegar Hitler al poder, el diario era un obstáculo para el gobierno y fue clausurado en 1938. Nicolás continuó anunciando a Cristo, publicando ediciones clandestinas, con el claro compromiso que sentía como católico, asumiendo la defensa de la verdad, la justicia, la paz y la solidaridad, entregando su vida. Por esto fue encarcelado y ejecutado en la horca en 1945; además quemaron su cuerpo y esparcieron sus cenizas por el campo. Dio gran testimonio como padre y esposo; dos días antes de su ejecución le envió una carta a su familia, donde dejaba manifiesta su serenidad ante la muerte y su fe inquebrantable en Cristo.

14 de Enero: San Félix de Nola, presbítero (s. III)

Nació en Nola, su padre era militar. Félix sentía una gran inclinación hacia el servicio y la atención de los pobres, cuando aún era joven fue ordenado sacerdote. Al desatarse la persecución por el emperador Decio, sufrió muchas dificultades, las cuales pudo resistir gracias al espíritu de caridad que inflamaba su corazón.

Durante la persecución, Máximo, Obispo de Nola, tuvo que huir y refugiarse en los Montes Apeninos. Félix se quedó en la ciudad para cubrirlo en los deberes pastorales, y la atención y el cuidado de los fieles. Durante este tiempo, a pesar de las continuas amenazas, no cejó en sus esfuerzos por sostener con su vida y ejemplo a los fieles, mostrándose como un verdadero Pastor, que sacrificaba su vida para dar vida a aquellos que se hallaban en medio de grandes tormentos.

Un día que Félix fue tomado prisionero, su ángel lo liberó de la cárcel y al salir fue en busca de su Obispo, con quien regresó a Nola. Pasados los años, tras la muerte de Máximo, aclamaban a Félix como obispo, pero él rehusó tal dignidad. Murió cerca del año 260 en Nola.

13 de Enero: San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia (315-367)

Nació en Poitiers, Francia, hacia el 315. De familia acomodada, recibió una sólida formación literaria. No creció en un ambiente cristiano. Fue bautizado cerca de los 30 años y elegido obispo de su ciudad natal aproximadamente 8 años después. El siglo en que vivió estaba convulsionado por contiendas dogmáticas, sobre todo por la herejía arriana, que niega la divinidad de Cristo. El santo se destacó por la defensa y restablecimiento de la unidad de la Iglesia, sobre la base de la recta fe formulada en el Concilio de Nicea, por lo que fue desterrado y perseguido. De sus obras escritas sobresalen De Trinitate (“Sobre la Trinidad”), escrito dogmático de suma importancia, y el Comentario al Evangelio de san Mateo, que es el más antiguo en latín que nos ha llegado. Además, se le atribuye el haber introducido los cánticos en las Iglesias de Occidente y el himno “Gloria in excelsis”. Falleció en el año 367. En 1851, el beato Pío IX lo proclamó doctor de la Iglesia.

12 de Enero: Santa Margarita Bourgeoys, virgen (1620 – 1700)

Sexta hija de los doce que tuvo el matrimonio entre Abraham Bourgeoys y Guillermina; nació en Francia, el 17 de abril de 1620. Quiso ingresar como carmelita o clarisa, pero no fue aceptada. En 1652 el gobernador de la pequeña colonia francesa en Canadá la invitó como maestra; allí Margarita enseñaba catecismo, curaba enfermos y heridos, y ayudaba a los pobres. Vinieron años agitados y difíciles por la guerra con los iroqueses. Al terminar la contienda, Margarita acogió en su escuela a los hijos de los indígenas y en 1676, junto a algunas jóvenes, consiguió la aprobación del rey Luis XIV para la fundación de la Congregación de Nuestra Señora de Montréal. Finalmente, el año 1698, las veinticuatro hermanas que la componían pudieron emitir su profesión religiosa. A sus 72 años renunció al cargo de superiora y su salud declinó. En 1699 ofreció su vida para salvar la de una religiosa gravemente enferma, la cual sanó, y la madre murió el 12 de enero de 1700.

11 de Enero: Beato Guillermo Carter, mártir (1548 – 1584)

Nació en 1548, en Inglaterra. Desde sus quince años trabajó como ayudante de imprenta y luego fue secretario del último archidiácono católico de Canterbury, que fue apresado. A la muerte de éste, Guillermo se casó y asentó una imprenta en Tower Hill, que imprimía libros católicos. Estuvo encarcelado preventivamente, pero en 1580, realizó una nueva edición de mil copias del “Tratado del Cisma”, obra por la cual fue detenido nuevamente. En 1582 es trasladado a la Torre de Londres, donde fue torturado y juzgado; se le acusó de la impresión del libro, ya que expresaba su confianza en el triunfo final de la fe católica. Fue condenado a la horca en Tyburn, lo que incluía el descuartizamiento y el reparto de restos por toda la ciudad como advertencia. El martirio se produjo el 11 de enero de 1584. Fue beatificado por san Juan Pablo II en 1987.

10 de Enero: San Gregorio de Nisa, Obispo y Doctor de la Iglesia (335 –?)

Nació en el año 335. De su formación cristiana se encargaron dos santos; su hermano san Basilio y su hermana santa Macrina. En sus estudios, profundizó particularmente la filosofía y la retórica, dedicándose al principio a la enseñanza, pero después, al igual que su hermano y su hermana, se consagró totalmente a la vida ascética. Más tarde fue elegido obispo de Nisa, y con su gran celo pastoral, conquistó el aprecio de su grey. Le distinguió su lucha en defensa de la auténtica fe, tratando de resolver los enfrentamientos entre las Iglesias, participando en la reorganización eclesiástica y, siendo para todos “columna de la ortodoxia”, lo que le llevó a ser pieza clave y de vital importancia en el concilio de Constantinopla (381), que definió la divinidad del Espíritu Santo. Se conservan homilías y obras teológicas de gran valor para la formación en las verdades de fe, lo cual le valió el título de Doctor de la Iglesia. La fecha de su muerte es desconocida.