20 de Junio: San Silverio, Papa y Mártir (¿? – 540)

Poca información poseemos de su vida hasta su ingreso en el estado clerical. Era subdiácono en Roma cuando el Papa Agapito murió en Constantinopla. La emperatriz Teodora, que favoreció la herejía monofisita, intentó inducir la elección de Papa al diácono romano Vigilio. Pero Teodato, rey ostrogodo, se anticipó y Silverio fue elegido Sumo Pontífice. Teodora intentó derrocarlo y nombrar Papa a su candidato. Eran tiempos tormentosos en Roma debido a la lucha entre ostrogodos y bizantinos. Los planes de Teodora triunfaron cuando, por medio de una carta falsificada, el Santo Padre fue acusado de ayudar a los Godos a entrar a Roma. Vigilio fue consagrado Obispo de Roma, y Silverio arrestado y exiliado en Pátara, donde el obispo local, convencido de la inocencia de san Silverio, reunió varias pruebas y escribió al emperador Justiniano en su defensa. El santo regresó a Italia, pero fue llevado prisionero a Palmarola, donde murió a causa de las privaciones y del cruel trato que recibió, sin que menguara de modo alguno el gran celo pastoral como Vicario de Cristo en la Iglesia. Era cerca del año 540.

19 de Junio: San Romualdo, Fundador (950 – 1027)

Nació en Rávena, Italia, en el año 950. Sin formación alguna en la fe, fue arrastrado a la vida mundana. Fue testigo de cómo su padre mató en un duelo, a otro hombre. Impactado ante el hecho, decidió irse a un monasterio benedictino a la montaña, donde permaneció tres años en oración y penitencia. El superior no lo admitía de monje por miedo a que alguien vengara la muerte que Romualdo había presenciado. Finalmente lo aceptó por la mediación del Arzobispo. Su vida ejemplar molestó a otros monjes y el santo se vio obligado a retirarse. Sólo le siguió un monje rudo y áspero llamado Marino. La convivencia le ayudó a progresar rápidamente en su vida de penitencia, y juntos lograron muchas conversiones. Tuvo abundantes tentaciones, que le llevaban a exclamar: “Jesús, ten compasión de mí”, ante lo cual el demonio huía, y él recobraba la paz. Después de muchos sufrimientos y rechazos por parte de otros monjes, fundó en 1012 una nueva comunidad llamada “Camáldula”. Solía repetir esta frase: “Amado Jesús, mi dulce miel, deseo inefable, dulzura de los santos, encanto de los ángeles”. La muerte lo sorprendió mientras visitaba la región de Val-di-Castro, hacia el año 1027.

18 de Junio: Santa Juliana de Falconieri, Fundadora (1270 – 1341)

Sobrina de San Alejo Falconieri, de la Orden de los Servitas de María. Fue dirigida espiritualmente por San Felipe Benicio. Nació en Florencia en 1270, proveniente de una noble y rica familia. De niña pasaba largos ratos rezando en el templo, donde fue descubriendo su verdadera vocación, y a los 15 años decidió ingresar a la orden Terciaria de los Siervos de María. Santa Juliana permaneció en la casa de su madre, pero observando una conducta tan religiosa y tan santa como la de una fervorosa religiosa. A otras jovencitas, que también sentían un llamado especial a la vida religiosa, les agradó este modo de practicar la vida consagrada y siguieron su ejemplo, llevando todas como distintivo un manto sobre la cabeza. Como el número de muchachas creció muy rápido, se formó la asociación de “Siervas de la Virgen María”, de la cual, Santa Juliana fue la superiora durante 35 años. La santa se caracterizó por su bondad, caridad, amabilidad y por buscar el bien de todas las almas; pasaba largas horas en oración y sus ayunos casi diarios los ofrecía como penitencia para la conversión de los pecadores. Su devoción hacia la Virgen María y su amor a la Eucaristía eran muy grandes.  Falleció en 1341, a la edad de 71 años, de una severa infección estomacal. En su sepulcro se obraron numerosos milagros.

17 de Junio: San Avito, Abad (¿? – 530)

Nació en la zona de Orleans (Capital de Loiret – Francia), en una familia pobre y muy cristiana. De niño conoció a los monjes (probablemente pre- benedictinos) de la abadía de Micy y, llevado por la curiosidad, pidió al abad que le admitiera en el monasterio como monje o criado. Vivió los primeros años con obediencia, servicio y sencillez. Se le encomendó el oficio de ecónomo, encargándose de los alimentos, del almacén y demás, lo que provocó murmuraciones y críticas por parte de sus compañeros. Una noche, esperó a que el abad durmiera, colocó las llaves debajo de su almohada como signo de su renuncia, y se retiró al bosque para orar y hacer penitencia. Ahí se estuvo alimentando de raíces, hierbas y frutas. En el año 520, el obispo de Orleans lo llamó de su retiro y lo nombró Abad del mismo Monasterio. De nuevo se retiró a la soledad, donde Dios realizó, por su medio, varios milagros entre los que se cuenta el hacer hablar a un mudo, lo cual le creó gran fama y muchos querían acercarse al santo abad, que les enseñaba a orar y les daba catequesis; de esta manera se fundó el convento que después llevaría su nombre. Falleció el 17 de junio del año 530.

 

16 de Junio: San Quirico y Santa Julita, Mártires (S.III – S.IV)

Julita nació en Asia Menor en el Siglo III, de familia noble, se casó con un caballero de su misma posición social y enviudó a los 22 años. Tenía un hijo llamado Quirico, al que le inculcaba la fe cristiana. Cuando el niño tenía tres años, Diocleciano promulgó un decreto para exterminar a los cristianos. Julita dejó su provincia para proteger a su hijo, llegando a Isauria, donde la situación era aún más dramática. Se retiró a Tarso de Cilicia, pero fue perseguida hasta allí. Fue arrestada junto con su hijo y llevada ante el gobernador, quien le preguntó si de verdad profesaba la fe en Cristo, a lo cual ella respondió: “Sí, y también mi hijo”. Encolerizado el mandatario, mandó que le sustrajeran a Quirico y la torturasen a ella, para así generar el miedo en los demás. El pequeño, testigo de la cruel escena, comenzó a llorar y el gobernador trató de calmarlo, pero el niño miraba a su madre y gritaba soy cristiano. Aún más airado, el juez lo arrojó al suelo, ocasionándole la muerte. Julita siguió exclamando a grandes voces: soy cristiana, y fue martirizada el 16 de junio del año 303.

 

15 de Junio: Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, Fundadora (1809 -1865)

Nació en Madrid en 1809, durante la guerra de la independencia. En su juventud combinó la asistencia a los Oficios Sagrados y la práctica de obras de caridad con diferentes actos de las élites sociales españolas, como era costumbre en su familia. Un día, al visitar un hospital y contemplar los horrores a los que muchas mujeres caídas en la prostitución habían sido sometidas, se experimentó llamada por Dios a socorrerlas, lo dejó todo y se fue a vivir con ellas, con el deseo de transformarlas en personas santas y honradas. El amor a Cristo en la Eucaristía fue el alma de su obra. Fue dirigida espiritualmente por san Antonio María Claret. Fundó el instituto de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad. Murió en Valencia en 1865, entregada hasta el final en la atención a los enfermos de tifo negro. Fue canonizada en 1934.

14 de Junio: San Juan Francisco Regis, presbítero (1597 – 1640)

Nació en Francia en 1597. A los diecisiete años ingresó en el noviciado jesuita de Toulouse, donde su fervor y sencillez edificaban grandemente a sus compañeros. A los 33 años fue ordenado sacerdote, dio clases en colegios y se dedicó a predicar en zonas pobres dominadas por protestantes. Su bondad y simplicidad a la hora de explicar, logró atraer hasta a los más analfabetos. Un testigo dijo: Lo que a mí me admira es que un hombre de tan pobre presencia y con sotana raída diga lo que todos dicen, sin adornos, y a veces tan duro en su hablar, con tan gran inspiración divina, que uno no es capaz de escucharle y seguir con sus pecados”. Trabajó en socorro de prostitutas, pobres y enfermos. En 1640 enfermó de pleuresía, pero aun así continuó con sus actividades. Antes de morir dijo a un hermano: Oh, hermano, veo a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me abren el paraíso”, y exclamó: Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Falleció el 31 de diciembre de 1640. San Juan María Vianney y san Marcelino Champagnat fueron grandes devotos suyos, y atribuyeron a su intercesión el haber podido superar cuanto dificultaba su ingreso al seminario.

 

13 de Junio: San Antonio de Padua, presbítero (1195 – 1231)

Nació en Lisboa (Portugal) en 1195, en el seno de una familia noble. Educado en la escuela de la catedral, entró en el Monasterio de san Vicente, de los Canónigos Regulares de san Agustín, pasando después a Coimbra, donde completó su formación humanística y teológica.  Poco después de su ordenación sacerdotal, ingresó en la Orden de Frailes Menores, con la intención de dedicarse a propagar la fe cristiana en África. Sin embargo, fue en Francia e Italia donde ejerció con gran provecho sus dotes de predicador y taumaturgo, logrando convertir a muchos herejes. Había recibido, además, el don de bilocación y se narra que, en la oración, el Niño Jesús reposaba en sus brazos. Fue el primero en ser autorizado por san Francisco de Asís para enseñar teología a sus hermanos de comunidad. Escribió varios sermones llenos de doctrina y erudición. El 13 de junio de 1231, recibió los últimos sacramentos, entonó un canto a la Virgen, a quien amaba con gran ternura y, antes de partir a la Casa del Padre, dijo sonriente: Veo venir a Nuestro Señor”. Fue canonizado un año después de su fallecimiento.

12 de Junio: San Juan de Sahagún, Eremita y Predicador (1430 – 1479)

Nació en Sahagún, España, 1430 y fue educado por los Benedictinos. Cierto día cayó enfermo y era necesario practicarle una cirugía; el santo, acudiendo a Dios en la oración, le prometió que, de ser curado, se haría religioso. Una vez recibida la gracia de la sanación, ingresó en el convento agustino de Salamanca. Ordenado sacerdote, fue un predicador muy elocuente, suscitando numerosas conversiones. Exhortaba a los ricos a corregirse de los abusos que cometían escudados en su condición social sobre los menos favorecidos. Pedía limosna y ayudaba a los necesitados; a las jóvenes en peligro les buscaba familias que las cuidasen. Realizó en vida muchos milagros entre los que se recuerda que, un día, un niño cayó a un pozo y el santo hizo subir el nivel del agua y lanzó su cíngulo para que el chico se agarrase, consiguiendo así salvarlo. También se dice que, con sus oraciones, Salamanca se libró de la peste del tifo negro. Murió a los 49 años, en 1479, envenenado por la ex-amante de un hombre convertido por su predicación.

11 de Junio: San Bernabé, Apóstol (S.I.)

A pesar de que San Bernabé no fue uno de los doce elegidos por Jesucristo, es considerado Apóstol por los primeros padres de la Iglesia, aún por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su activa tarea apostólica. Fue de los primeros convertidos en Jerusalén. Bernabé era un judío de la tribu de Levi que había nacido en Chipre; su nombre original era José, pero los Apóstoles lo cambiaron a Bernabé que significa ‘hombre esforzado’. Se le menciona en las Sagradas Escrituras, en el cuarto capítulo de los Hechos de los Apóstoles. El Santo fue elegido para llevar el Evangelio a Antioquía, e instruir y guiar a los neófitos; para esta misión viajó con San Pablo. Los dos predicadores obtuvieron gran éxito; Antioquía se convirtió en el gran centro de evangelización y fue ahí donde, por primera vez, se dio el nombre de Cristianos a los fieles seguidores de Cristo. Además intervino en el Concilio de Jerusalén.

Vuelto a su patria, predicó el Evangelio y allí murió (alrededor del año 60 ó 61). Se dice que fue apedreado. Otra tradición nos lo presenta como predicador en Alejandría y en Roma y además como primer obispo de Milán.