9 de Febrero: Beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824)

Nació el 8 de septiembre de 1774, cerca de Coesfeld (Alemania) y fue bautizada aquel mismo día. Desde niña, debido a la gran pobreza de su hogar, tenía que ayudar en la casa y en las labores del campo junto a sus nueve hermanos. Gustaba de visitar las iglesias antiguas de su ciudad, asistir a la Santa Misa y rezar el Vía crucis; además, la devoción mariana ocupaba un lugar privilegiado en su corazón y el atractivo que sentía por la oración y la vida religiosa llamaban la atención de sus padres y conocidos. Después de varios intentos, finalmente en 1802 ingresa al convento de Agnetenberg (Dülmen – Alemania), profesando sus votos al año siguiente. Una vez allí, se hallaba siempre pronta para hacerse cargo de las labores más duras y humillantes, cumpliendo la regla con gran entusiasmo y sin quejarse, aun cuando algunas monjas le miraban con recelo. Los nueve primeros años padeció grandes quebrantos de salud, hasta que en 1811 aquel convento fue cerrado por la secularización y Ana Catalina, junto con las demás religiosas, tuvieron que abandonarlo. Recibida como ama de casa por un sacerdote, cayó enferma poco tiempo después, terminando por quedar definitivamente postrada en cama, viniendo su hermana menor a cuidarle. En dicho periodo recibió los estigmas de Nuestro Señor y sufrió como víctima por la salvación de las almas. Se ofrecía para reparar ante Dios las ofensas de todos los hombres, aceptando los sufrimientos que otras personas debían soportar por sus enfermedades o pecados. Recibió dones extraordinarios, visiones y revelaciones místicas acerca la vida de Cristo nuestro Señor y de su Santísima Madre María, compiladas por Clemente Brentano, que las publicó más tarde. Debilitada cada vez más, murió el 9 de febrero de 1824.