8 de Julio: San Procopio, mártir (S. III – S. IV)

Nació en Scitopolis en el s. III, pero luego se mudó a Jerusalén. Su amor sincero al Señor Jesús y su deseo de imitarlo, lo llevaron a vivir en la soledad, ajeno a las comodidades y lujos que seducen a muchos. Su cuerpo era sumamente delgado a causa de los ayunos y penitencias, con que se preparaba en lo cotidiano para dar razón de su fe y esperanza en Cristo. A la profesión de la fe cristiana, le fue sumado el nombramiento como lector en la Iglesia, lo cual hacía con voz alta y pausada para que el pueblo entendiera lo escrito en el Libro Sagrado; también recibió el carisma de liberación y trataba a los posesos con la autoridad de quien se halla seguro de actuar en nombre del Señor. En la persecución de Diocleciano fue trasladado a Cesarea, donde, movido por su amor a Dios, negó ante el gobernador Flaviano la existencia de los dioses paganos, oponiéndose a ofrecer incienso a dichos ídolos y al emperador, en virtud de ello, fue decapitado el 8 de julio del año 303.