8 de Febrero: San Jerónimo Emiliani (1486- 1537)

Nació en Venecia. A principios del siglo XVI combatió en el ejército, y a la caída de la ciudad, fue hecho prisionero y encarcelado. Hasta entonces había llevado una vida mundana, pero en la soledad del presidio se dedicó a meditar aquellas palabras de Jesús: ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo?  Volvió a Dios y, con ayuda de la oración, santificó los sufrimientos que pasaba allí. Además, viendo que humanamente no tenía esperanza de escapar, lo pidió con fe a la Santísima Virgen María, y he aquí que de la manera más inesperada le fueron quitadas las cadenas y huyó sin ser detenido, refugiándose en una iglesia de Treviso; se consagró a María y prometió entregarse de lleno al servicio de Dios y del prójimo. Al volver a Venecia, se asoció a la Compañía del Divino Amor y fue ordenado sacerdote, dedicándose a la asistencia de enfermos. Fundó orfanatos y la Orden de Clérigos Regulares (conocidos como Padres Somascos) para atender y educar a los niños y jóvenes huérfanos, desamparados tras la muerte de sus padres en la epidemia de cólera. Murió en febrero de 1537, habiéndose entregado sin reserva a la misión y habiendo sido contagiado por la peste que asolaba aquellos territorios. Beatificado en 1747, fue canonizado veinte años más tarde. El Papa Pío XI lo proclamó Patrono Universal de los huérfanos y de la juventud abandonada.