7 de Octubre: Nuestra Señora, la Virgen del Rosario

En 1208, la Santísima Virgen María se apareció a santo Domingo de Guzmán, enseñándole el rezo Santo Rosario, con el deseo expreso de propagarlo y utilizarlo como arma poderosa contra los enemigos de la Fe. En el siglo XVI, el islam amenazaba con invadir todos los territorios cristianos de Europa. El 7 de octubre de 1571 antes de la Batalla de Lepanto, en la que los seguidores de Cristo se enfrentarían a los turcos, la flota cristiana rezó el Santo Rosario con gran devoción y el resultado fue la victoria absoluta. En el aniversario de esta batalla, el Papa san Pío V instauró una fiesta en honor a Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las letanías marianas el título de “Auxilio de los cristianos”. Gregorio XIII, su sucesor, cambió el nombre de la festividad por el de Nuestra Señora del Rosario, en razón de otro triunfo conseguido en 1716 con la intercesión de María Santísima. Posteriormente, Clemente XI ordenó que esta fiesta se celebrase en toda la Iglesia. Desde la aparición a santo Domingo, la Virgen siempre ha pedido en sus apariciones -especialmente en Lourdes (1858) y Fátima (1917)- el rezo del Santo Rosario (meditando la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo de la mano de nuestra Santísima Madre), numerosos santos y Papas han difundido esta devoción.