7 de diciembre: San Ambrosio (340 – 397)

Nació en Alemania el año 340. Su padre murió cuando era pequeño, y su madre lo llevó a Roma para educarle. Ambrosio se dedicó a la abogacía y a sus 30 años era ya gobernador del norte de Italia. Amado por su pueblo, ejercía el poder más como un obispo que como un funcionario público. Al morir el arzobispo de Milán, el pueblo se dividió en dos bandos para elegir al sucesor. Ambrosio intervino para evitar la querella, y el resultado fue sorprendente: Ambrosio fue consagrado arzobispo, a pesar de no ser sacerdote aún. Desde este momento, el santo comienza a formarse para ser un excelente obispo. Como pastor, influyó en la conversión de muchos, entre ellos san Agustín, que más que asombrarse por sus bellos sermones, se sintió profundamente tocado por el testimonio de este santo obispo y de su iglesia milanesa, que oraba y cantaba, compacta como un solo cuerpo. Ambrosio se oponía a las injusticias de los gobernadores, hasta el punto de encerrarse con sus fieles en una iglesia, para evitar que el templo cayera en manos de herejes. Compuso himnos religiosos y pacificó muchas enemistades. El gobierno pedía sus servicios para lograr la paz en el país y zanjar conflictos. San Ambrosio murió en el año 397, en el amanecer del Sábado Santo.