5 de Enero: Santa Sinclética, Virgen (s. IV).

Nació en Alejandría de Egipto. A pesar de su gran fortuna y belleza, Sinclética consagró su corazón a Cristo, Esposo celestial, ofreciéndole conservarse en virginidad perpetua. Sometió sus pasiones carnales con ayunos y otros rigores. Sus padres la nombraron heredera de toda su fortuna, pues sus dos hermanos habían muerto y su única hermana era ciega; mas, una vez fallecidos sus progenitores, la joven se retiró con su hermana a un sepulcro en su propiedad, manifestando así su absoluto desapego del mundo, señalando: “Un tesoro sólo está seguro cuando está escondido; descubrirlo equivale a exponerlo a la codicia del primero que venga y a perderlo; igualmente, la virtud sólo está segura cuando permanece secreta, y quien la exhibe la verá disiparse como el humo”. Su principal ocupación fue la oración. Numerosas mujeres acudían a ella en busca de consejo. Al final de su vida, luego de tres años de grandes sufrimientos, soportados con heroica paciencia, murió; tenía cerca de ochenta años.