Homilía sábado 30 de marzo

31 de marzo

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Josué 5, 9a. 10-12

 

En aquellos días, dijo el Señor a Josué: «Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto». Los hijos de Israel acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.

Al día siguiente a la Pascua, comieron ya de los productos de la tierra: ese día, panes ácimos y espigas tostadas. Y desde ese día en que comenzaron a comer de los productos de la tierra, cesó el maná. Los hijos de Israel ya no tuvieron maná, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

Palabra de Dios / Te alabamos Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7

 

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

 

Bendigo al Señor en todo momento,

 su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren.  R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,

ensalcemos juntos su nombre.

Yo consulté al Señor, y me respondió,

me libró de todas mis ansias.  R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,

vuestro rostro no se avergonzará.

El afligido invocó al Señor,

Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.  R/.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 17-21

 

Hermanos: Si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.

Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.

Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Palabra de Dios / Te alabamos Señor.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

 

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.

El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor / Gloria a Ti Señor Jesús.

31 de Marzo: Santa Balbina, mártir (S.II)

Era hija de Quirino, tribuno de las cárceles romanas. Dotada de una belleza extraordinaria, le había sobrevenido una grave enfermedad que cubrió todo su cuerpo de llagas, empañando al mismo tiempo la hermosura de su rostro, sin que ninguna de las medicinas de aquel tiempo surgiese efecto favorable alguno. Su padre, desesperado, acudió el Papa Alejandro, pidiéndole que rogara al Dios de los cristianos que sanase a su hija. Accediendo el Pontífice, mandó traer a Balbina a la cárcel donde se encontraba preso, e imponiéndole las manos y las reliquias que colgaban sobre su pecho, le curó. Padre e hija se convirtieron ante tal signo, pidiendo a continuación el bautismo. La joven Balbina hizo voto de virginidad, desprendiéndose de sus bienes para evitar ser cortejada por cualquier pretendiente. Eran aquellos tiempos de gran persecución. Quirino fue detenido y ejecutado, y mientras su hija le daba cristiana sepultura, fue sorprendida y apresada; después del interrogatorio en el que la santa proclamó con valentía su fe en Cristo, fue decapitada. Se sabe que su martirio fue el día 31 de marzo, entre el año 120 y 130.

Dios te espera…

30 de marzo

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Oseas 6, 1-6

 

Vamos, volvamos al Señor. Porque él nos ha desgarrado, y él nos curará; él nos ha golpeado, y él nos vendará. En dos días nos volverá a la vida y al tercero nos hará resurgir; viviremos en su presencia y comprenderemos. Procuremos conocer al Señor.

Su manifestación es segura como la aurora. Vendrá como la lluvia, como la lluvia de primavera que empapa la tierra. ¿Qué haré de ti, Efraim, qué haré de ti, Judá? Vuestro amor es como nube mañanera, como el rocío que al alba desaparece. Sobre una roca tallé mis mandamientos; los castigué por medio de los profetas con las palabras de mi boca. Mi juicio se manifestará como la luz. Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Palabra de Dios / Te alabamos Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab

 

R/. Quiero misericordia, y no sacrificio.

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:

Si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

El sacrificio agradable a Dios

es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos. R/.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 9-14

 

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor/Gloria a Ti Señor Jesús.

30 de Marzo: San Juan Clímaco, Abad (¿575-649?)

Nació en Palestina y a los 16 años se fue como monje al Monte Sinaí. Después de cuatro años de preparación fue admitido como religioso. Por espacio de cuarenta años se dedicó a la meditación de la Palabra de Dios, a la oración, y a trabajos manuales. Dotado de una sabiduría extraordinaria y un conocimiento profundo de la S. Escritura, aparecía sumamente modesto en su porte, poniendo al servicio sus dones en la dirección espiritual. Vivía ayunando de continuo y rogando a Dios perdón por sus propios pecados y por los de los demás. El superior del convento le pidió que escribiese las pautas que él daba a la gente para obtener la santidad, y es este el famoso libro llamado “Clímaco” que quiere decir, escalera para subir al cielo. Cuando ya tenía más de 70 años, los monjes lo eligieron Abad o superior y al cumplir los 80 años murió santamente en su monasterio del Monte Sinaí.

29 de Marzo: San Eustasio de Luxeüil, Abad (560 – 629)

Nació en la segunda mitad del siglo VI en Francia. Deseando hallar el lugar adecuado para la oración y la penitencia, entra en el Monasterio de Luxeüil Burgundia (Francia), llevando allí una vida semejante a la de los monjes del desierto de Oriente.

El fundador, san Columbano, reprendía constantemente en sus sermones al rey de Borgoña y a su familia, cuya conducta era anticristiana; por este motivo fue exiliado, el convento disuelto y los monjes dispersados.

Al cabo de los años, Eustasio volvió al Monasterio de Luxeüil, donde sirvió en el cargo de superior, fortaleciendo la oración y penitencia. Tuvo casi seiscientos monjes que lo admiraban por su virtud y su fidelidad a Dios en medio de las más arduas pruebas y tribulaciones.

Murió tras una grave enfermedad que le hizo sufrir intensamente durante más de un mes, suplicio que Eustasio acogió con alegría hasta su entrada en la gloria el 29 de marzo del año 629.

29 de marzo

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Oseas 14, 2-10

 

Esto dice el Señor: «Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta. Tomad vuestras promesas con vosotros, y volved al Señor.

Decidle: “Tú quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con nuestra confesión: Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya ‘nuestro Dios’ a la obra de nuestras manos. En ti el huérfano encuentra compasión”.

“Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos. Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano. Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo, y su perfume como el del Líbano. Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como el del vino del Líbano. Efraim, ¿qué tengo que ver con los ídolos? Yo soy quien le responde y lo vigila. Yo soy como un abeto siempre verde, de mí procede todo fruto”. ¿Quién será sabio, para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas?

Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos».

Palabra de Dios / Te alabamos Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 80, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17

 

R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo; escucha mi voz.

 

Oigo un lenguaje desconocido:

 «Retiré sus hombros de la carga,

y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré. R/.

Te respondí oculto entre los truenos,

te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío,

doy testimonio contra ti;

¡ojalá me escuchases, Israel! R/.

No tendrás un dios extraño,

no adorarás un dios extranjero;

yo soy el Señor, Dios tuyo,

que te saqué de la tierra de Egipto. R/.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo

y caminase Israel por mi camino!

Los alimentaría con flor de harina,

los saciaría con miel silvestre». R/.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 28b – 34

 

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor / Gloria a Ti Señor Jesús.

28 de Marzo: Beato Enrique Susso, presbítero (1295-1366)

Nació en 1295 en Constanza y a los 15 años fue admitido como religioso dominico. En sus primeros años no fue muy fervoroso, pero un día oyó interiormente este mandato: “Renuncie a todo lo que no lo ayude a conseguir la santidad”. Desde ese momento, se propuso llevar una vida espiritual verdaderamente seria. Amaba mucho a la Virgen María, y recibió de Ella este consejo para alcanzar la santidad: “Negarse a sí mismo; no apegarse a las criaturas; recibir todo lo que sucede como venido de la mano de Dios, y ser infinitamente paciente y amable con todos, aún con los que son ásperos e injustos en su modo de tratarlo a uno”. Después de una incansable labor misionera infundiendo en sus oyentes una profunda devoción mariana, y haber sido superior de un convento dominico, superando por Amor a Dios y con entereza las más difíciles pruebas interiores y exteriores, falleció en 1366.

28 de marzo

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Jeremías 7, 23-28

 

Esto dice el Señor: «Esta fue la orden que di a mi pueblo: “Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien”.

Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara. Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.

Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás: “Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».

Palabra de Dios / Te alabamos Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 94, 1-2. 6-7ab. 7c-9

 

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque Él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,

aunque habían visto mis obras». R/.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 14-23

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Palabra del Señor / Gloria a Ti Señor Jesús.