15 de Abril: San Damián de Molokai, presbítero (1840-1889)

José De Veuster nació en Tremenloo (Bélgica) el 3 de enero de 1840, en el seno de una familia muy cristiana, con ocho hijos: dos monjas y dos sacerdotes de los “Sagrados Corazones de Jesús y María”. El fue uno de ellos; en su adolescencia trabajó en el campo ayudando a su padre y a los 19 años ingresó a la Vida Religiosa, tomando el nombre de Damián. Después de estudiar en París y en Lovaina, el Señor lo envió a misionar en 1864 a Honolulu en las islas de Hawai. Allí enseñó a la gente además de la fe, cómo criar carneros y cerdos, y cómo cultivar la tierra. Aunque la división cultural generaba obstáculos y la soledad a veces era insoportable, éste santo completó los estudios y recibió la ordenación sacerdotal allí en 1864. Estuvo trabajando en la isla principal hasta que, en 1873, el Obispo pidió voluntarios para la leprosería o lazareto de la isla de Molokai, a la que el gobierno enviaba los enfermos. Por inspiración divina, él se ofrece para atenderlos y aquella fue su misión definitiva.

Su actividad misionera, que le proporcionó tanta alegría, alcanzó su culmen en la caridad, permaneciendo allí para siempre con los que estaban abandonados por todos, menos por Dios, sin importarle exponerse a la enfermedad. Siendo Sacerdote, médico y padre de sus leprosos, construye una iglesia, cuida a los huérfanos, reaviva la dignidad de los enfermos y los anima al trabajo. Por esta entrega incondicional, su vida fue heroica (aunque era muy difícil encontrar un Sacerdote para confesarse, nunca abandonó a sus leprosos) y los enfermos acabaron organizándose, cultivando la tierra, creando instituciones y viviendo la fe con gran fervor. En 1884, San Damián resultó contagiado de lepra, y a partir de entonces comenzó a ser conocido en el mundo por el valioso ejemplo de su radical entrega y servicio. Así, el siervo de la Palabra se convirtió en un siervo sufriente, un leproso con los leprosos durante los últimos cuatro años de su vida, por lo que llegó a decir: “Estoy tranquilo y resignado, y aún más feliz en este mundo mío”.

Murió después de pasar un mes en cama, en la localidad de Kalawao, isla de Molokai en Oceanía, el 15 de abril de 1889. Lo enterraron bajo un árbol y en 1936 su cuerpo fue trasladado a Bélgica. Le dieron el apelativo de apóstol de los leprosos, ya que ellos mismos llevaron adelante la causa de su canonización, la cual se concretó el 11 de octubre de 2009 (en Roma), por S.S. Benedicto XVI (San Juan Pablo II lo había beatificado en Bruselas en 1995).  El Santo de Molokai nos enseña a nosotros, atrapados en la comodidad y la indiferencia, a servir a los excluidos a pesar de los obstáculos y del miedo.