11 de Febrero: San Pedro de Jesús Maldonado Lucero, presbítero y mártir (1892 – 1937)

Nació en la Colonia Sacramento (ciudad de Chihuahua – México) el 8 de junio de 1892. Cuando tenía 17 años, respondió al llamado de Dios para ser sacerdote e ingresó al seminario en Chihuahua, donde se agravó su frágil salud. Su propósito desde esa época fue: «He pensado tener mi corazón siempre en el cielo, en el sagrario» lo cual se vio claramente en toda su vida y su fructífera actividad sacerdotal. Debido al conflicto político de 1914, hubo problemas en el seminario y suspendieron las clases, por eso, él abandonó los estudios un corto tiempo y se dedicó a tocar violín para ganarse la vida.

Cuando el país se estabilizó un poco, reabrieron el seminario y él volvió para continuar su seguimiento a Jesús Sacramentado. En 1918 fue enviado a El Paso, Texas, para recibir el sacramento del orden sacerdotal debido a que el mismo obispo de Chihuahua estaba enfermo. Esto sucedió el 25 de enero de 1918 en la Catedral de San Patricio. El Padre Maldonado celebró su primera Misa en la Parroquia Sagrada Familia en Chihuahua, el 11 de febrero, Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Desde ese momento, éste santo Sacerdote enamorado de Jesús Sacramentado se dedicó con entusiasmo a la catequesis de niños, incrementó notablemente la adoración nocturna y las asociaciones marianas.

El 1 de enero de 1924, el Padre Maldonado fue nombrado párroco de la Parroquia Santa Isabel, donde sirvió hasta su muerte. Suscitó con su ejemplo de piedad y pobreza el entusiasmo por la fe, por la adoración al Santísimo Sacramento (ante Quien pasaba muchas horas) y, por el amor y devoción a la Santísima Virgen María. Solía recorrer grandes distancias, de día y de noche, pendiente de sus ovejas, llevándoles al Señor en la Palabra y la Santa Comunión. Tenía una especial predilección al Niño Jesús (le decía “Niño Papá”), a San José y a Santa Teresita (a quien le pedía que le mandara penitentes a su confesionario).

Su ideal fue preservar la inocencia y pureza de niños y jóvenes, ofreciendo su vida por ellos.

En los años 30 se aumentó la persecución y el trabajo de los sacerdotes se hizo muy difícil y peligroso. En 1934 el P. Maldonado fue apresado, maltratado y amenazado por la policía; luego fue desterrado a El Paso (Texas – USA), pero pronto volvería a su grey para ejercer su ministerio en poblados y rancherías. El 10 de febrero de 1937, miércoles de ceniza, celebró la Eucaristía, impartió la ceniza y se dedicó a confesar. De pronto se presentó un grupo de hombres armados para apresarlo. El Padre Pedro tomó un relicario con hostias consagradas y siguió a sus perseguidores. Al llegar a la presidencia municipal, políticos y policías le insultaron y le golpearon. Le dispararon en la frente y eso le fracturó el cráneo y le hizo saltar el ojo izquierdo. El sacerdote bañado en sangre, cayó casi inconsciente; el relicario se abrió y se cayeron las hostias. Uno de los verdugos las recogió y con cinismo se las dio al sacerdote diciéndole: «Cómete esto». Por manos de su verdugo se cumplió su anhelo de recibir a Jesús Sacramentado antes de morir. Aunque luego fue llevado al hospital civil de Chihuahua, descansó en brazos de Su Amado la madrugada del día 11 de febrero.

Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992, siendo canonizado el 21 de mayo del 2000 por el Papa Juan Pablo II. Así, fue contado entre Los Caballeros de Colón, que fueron sacerdotes martirizados durante la persecución de la Iglesia en México en las décadas de 1920 y 1930.

Su sacrificio no fue en vano, pues el 26 de abril del mismo año, el gobernador de Chihuahua firmó una petición autorizando la reanudación de cultos públicos en el estado. En el primer aniversario de su muerte, el culto público había sido restablecido en todo Chihuahua y el gobierno había desistido de toda persecución.